SaLvaguardas De La OraLidad
Cartago entre Palabras, Investigación y Memoria
Documento Base de Investigación
Investigadores
Principales:
Daniel Rosas Martínez
Alexander Moriones Agudelo
Proyecto
financiado por:
Secretaría de Cultura del Departamento del Valle del Cauca
Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes del Valle del Cauca
Cartago, Valle del Cauca, Colombia
2025
RESUMEN
El
presente documento constituye el marco teórico y metodológico de la
investigación "Salvaguardas de la Oralidad – Cartago entre Palabras,
Investigación y Memoria", orientada a comprender el rol de los narradores
orales como portadores de memoria cultural en el municipio de Cartago, Valle
del Cauca. Esta investigación cualitativa etnográfica con enfoque participativo
territorial busca caracterizar las prácticas narrativas, analizar la relación
entre territorio, memoria e identidad, y comprender los procesos de transmisión
intergeneracional del patrimonio oral. El estudio se fundamenta teóricamente en
los conceptos de tradición oral, patrimonio cultural inmaterial y memoria
colectiva, desarrollados por autores como Jan Vansina, Maurice Halbwachs y los
marcos conceptuales de la UNESCO. Metodológicamente, se sustenta en el trabajo
etnográfico de campo mediante entrevistas semiestructuradas en profundidad,
observación participante y bitácoras, con narradores orales mayoritariamente
adultos mayores de zonas rurales y urbanas de Cartago.
Palabras clave: tradición oral, patrimonio
cultural inmaterial, narradores orales, memoria colectiva, etnografía, Cartago.
TABLA DE CONTENIDO
1.
INTRODUCCIÓN
2.
JUSTIFICACIÓN
2.1. La
urgencia de la documentación
2.2. El
valor del patrimonio cultural inmaterial
2.3.
Alineación con políticas públicas culturales
3.
OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN
3.1.
Objetivo general
3.2.
Objetivos específicos
4. MARCO
TEÓRICO
4.1.
Tradición oral como fuente histórica y cultural
4.2.
Patrimonio cultural inmaterial
4.3.
Memoria colectiva y marcos sociales del recuerdo
4.4.
Narradores orales como portadores de memoria
5.
METODOLOGÍA DE INVESTIGACIÓN
5.1.
Paradigma y enfoque investigativo
5.2.
Enfoque territorial participativo
5.3.
Técnicas de recolección de información
5.4.
Selección de participantes
5.5.
Análisis de información
5.6.
Consideraciones éticas
REFERENCIAS
La
tradición oral representa uno de los pilares fundamentales del patrimonio
cultural inmaterial de las comunidades humanas. Como establece la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO,
2003), las tradiciones y expresiones orales sirven para transmitir
conocimientos, valores culturales y sociales, así como una memoria colectiva
que resulta esencial para mantener vivas las culturas.
En el
contexto colombiano, y particularmente en el municipio de Cartago, subregión
norte del Valle del Cauca, los narradores orales constituyen un eslabón
fundamental en la cadena de transmisión del patrimonio inmaterial local. Estos
portadores de memoria, mayoritariamente adultos mayores, custodian relatos,
leyendas, mitos y saberes que configuran la identidad cultural del territorio.
Sin embargo, estas voces enfrentan amenazas derivadas de la globalización
cultural, la urbanización acelerada, el avance de los medios digitales
hegemónicos y el debilitamiento de los vínculos intergeneracionales.
La
presente investigación surge de la observación directa de la pérdida progresiva
de estas voces tradicionales y la ausencia de archivos orales vivos en el
territorio cartagüeño. Se identifica un vacío de conocimiento específico sobre
las particularidades narrativas de los portadores de tradición oral del
municipio, sus procesos de transmisión, su conexión con el territorio y el
significado social y cultural de sus narrativas.
A través
de una metodología etnográfica cualitativa con enfoque participativo
territorial, esta investigación busca comprender el rol de los narradores
orales como salvaguardas de la memoria cultural, caracterizar sus prácticas
narrativas y analizar los procesos mediante los cuales se construye, transmite
y recrea el patrimonio oral en zonas rurales y urbanas de Cartago.
Este
documento base presenta la fundamentación teórica y metodológica que orienta el
proceso investigativo, estableciendo los conceptos centrales, el estado del
conocimiento sobre el tema y las estrategias de recolección y análisis de
información que guiarán el trabajo de campo.
2.1. La
Urgencia de la Documentación
La
cultura oral e inmaterial, como depositaria de la memoria colectiva de los
pueblos, enfrenta diversas amenazas derivadas de los efectos de la
globalización económica, la imposición y estandarización de patrones
culturales, la urbanización, la aculturación industrial y la transformación
acelerada de los modos tradicionales de vida (Marcos Arévalo, 2004). Esta
situación genera la necesidad urgente de documentar, registrar y archivar estas
expresiones antes de su potencial extinción.
En Cartago,
los narradores orales han perdido espacios de legitimidad para sus relatos y
memorias locales, los cuales no han sido sistematizados ni reconocidos
públicamente. Sus narrativas se transmiten de manera espontánea en la intimidad
del fogón, las esquinas del barrio o los caminos veredales, pero sin mecanismos
de documentación técnica. La desaparición de estos portadores significaría la
pérdida irreparable de una parte fundamental del patrimonio cultural inmaterial
del territorio.
2.2. El
Valor del Patrimonio Cultural Inmaterial
La
Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO
(2003) define este patrimonio como los usos, representaciones, expresiones,
conocimientos y técnicas que las comunidades, grupos e individuos reconocen
como parte integrante de su herencia cultural. Las tradiciones orales
constituyen una de las manifestaciones más significativas de este patrimonio,
abarcando una inmensa variedad de formas habladas como proverbios, cuentos,
leyendas, mitos y relatos que son fundamentales para mantener vivas las
culturas.
La UNESCO
advierte que las tradiciones orales son particularmente frágiles debido a su
naturaleza verbal y a su dependencia de una cadena ininterrumpida de
transmisión entre generaciones. La muerte de un idioma o la desaparición de sus
portadores conduce inevitablemente a la pérdida definitiva de tradiciones y
expresiones orales.
2.3.
Alineación con Políticas Públicas Culturales
Este
proyecto de investigación se articula directamente con el Plan de Desarrollo
Departamental 2024-2027 "Liderazgo que transforma" en su componente
cultural, orientado a la investigación, visibilización y salvaguarda del
patrimonio inmaterial mediante procesos participativos que reconocen los
saberes locales como fuente de identidad y memoria.
Asimismo,
responde a los ejes estratégicos del Ministerio de las Culturas, las Artes y
los Saberes de Colombia en su apuesta por la memoria viva, la protección de los
saberes orales, la equidad territorial y la democratización de las prácticas
culturales. La investigación contribuye a fortalecer los sistemas culturales
vivos y las capacidades locales en procesos de creación e investigación
comunitaria.
3. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN
3.1.
Objetivo General
Comprender
el rol de los narradores orales como portadores de memoria cultural en el
municipio de Cartago, Valle del Cauca, analizando las características de sus
narrativas, su relación con el territorio y los procesos de transmisión del
patrimonio oral.
3.2.
Objetivos Específicos
1.
Caracterizar las prácticas narrativas de los portadores de tradición oral en
Cartago, identificando sus formas, contenidos, estilos y particularidades que
configuran la especificidad de la oralidad cartagüeña.
2.
Analizar la relación entre territorio, memoria colectiva e identidad local a
través de las narrativas orales en zonas rurales y urbanas del municipio de
Cartago.
3.
Comprender los procesos, mecanismos y espacios de transmisión intergeneracional
de la tradición oral, así como los factores que amenazan su continuidad en el
contexto contemporáneo.
4. MARCO TEÓRICO
4.1. Tradición Oral como Fuente Histórica y
Epistemología del Sur
La tradición oral constituye uno de los sistemas más
antiguos y complejos de producción, transmisión y conservación del conocimiento
humano. Jan Vansina (1985), pionero en el estudio sistemático de las fuentes
orales, definió la tradición oral como "todos los testimonios orales
narrados concernientes al pasado que se transmiten de boca en boca" (p.
3). Su obra seminal Oral Tradition as History estableció las bases
metodológicas para tratar las fuentes orales con el mismo rigor que las fuentes
escritas, demostrando que la oralidad posee mecanismos propios de validación,
estructuras mnemotécnicas específicas y procedimientos de verificación
comunitaria que garantizan la transmisión relativamente estable de información
a través del tiempo.
Sin embargo, el reconocimiento de la tradición oral
como fuente legítima de conocimiento no ha estado exento de tensiones
epistemológicas. Durante siglos, la hegemonía del paradigma escritural
occidental relegó las formas orales a la categoría de "primitivas", "pre-modernas"
o "no científicas" (Ong, 1982). Esta jerarquización epistémica forma
parte de lo que Boaventura de Sousa Santos (2009, 2010) denomina
"epistemicidio": la supresión sistemática de formas de conocimiento
que no se ajustan al canon científico eurocéntrico. Desde la perspectiva de las
epistemologías del Sur, la oralidad representa no una etapa evolutiva superada
por la escritura, sino un modo alternativo y vigente de producción de
conocimiento que responde a lógicas culturales específicas y que posee su
propia sofisticación cognitiva.
Vansina (2007) enfatiza que las tradiciones orales
no son meros repositorios pasivos de información del pasado, sino sistemas
vivos y dinámicos que se actualizan constantemente en el presente. A diferencia
del documento escrito, que permanece fijo desde el momento de su inscripción,
el relato oral se recrea en cada performance, adaptándose a nuevos contextos
sin perder necesariamente su núcleo semántico fundamental. Esta característica
ha sido interpretada erróneamente como "inestabilidad" o "falta
de rigor", cuando en realidad constituye una de sus mayores fortalezas: la
capacidad de mantener la relevancia cultural del conocimiento transmitido.
El historiador colombiano Renán Silva (2012) ha
señalado que en el contexto latinoamericano, la tradición oral ha cumplido
funciones históricas específicas vinculadas a la resistencia cultural de
pueblos subordinados. Las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas
han utilizado la oralidad no solo para preservar su memoria, sino también para
construir contra-narrativas frente a las historias oficiales. En este sentido,
la tradición oral opera como lo que James C. Scott (1990) llama "discursos
ocultos" (hidden transcripts): formas de expresión que circulan
en espacios protegidos y que desafían, subvierten o reinterpretan las
narrativas hegemónicas.
Walter Ong (1982), en su influyente estudio sobre
oralidad y escritura, identifica características específicas del pensamiento
oral que lo distinguen del pensamiento letrado: la agregación en lugar de la
subordinación analítica, la redundancia como estrategia mnemotécnica, el
conservadurismo derivado de la necesidad de mantener estable lo transmitido, la
cercanía del mundo vital humano (en contraposición al distanciamiento abstracto
de la escritura), el carácter agonístico de muchas formas orales, la estructura
participativa (en lugar de objetivista) y la tendencia a la homeostasis (ajuste
del pasado a las necesidades del presente).
Estas características, lejos de constituir
limitaciones, representan adaptaciones cognitivas sofisticadas a las
condiciones de una cultura sin escritura. La redundancia, por ejemplo, no es
mera repetición inútil, sino un dispositivo mnemotécnico consciente que
facilita el recuerdo y permite la corrección colectiva de desviaciones. La
estructura participativa implica que el conocimiento oral es siempre un acto
social, una co-construcción entre narrador y audiencia que valida
comunitariamente lo transmitido.
En el contexto específico de Cartago, los narradores
orales actúan como lo que Vansina denomina "tradicionistas": personas
especializadas cuya función social reconocida es la preservación y transmisión
del patrimonio oral. Sin embargo, a diferencia del tradicionista de sociedades
no letradas estudiadas por Vansina, los narradores cartagüeños operan en un
contexto híbrido donde coexisten oralidad, escritura y nuevas tecnologías
digitales. Esta condición de hibridez plantea desafíos y oportunidades
específicas para la salvaguarda de la tradición oral, que no pueden comprenderse
adecuadamente sin un marco teórico que reconozca la complejidad de estas
transiciones.
María Isabel Espinoza Hincapié, poeta y
documentalista del río Cauca en Guayabito, representa otra dimensión del
narrador oral contemporáneo: aquella que articula testimonio, denuncia y
sanación a través de la palabra poética. Su práctica narrativa emerge de una
urgencia existencial y ética: documentar los cuerpos sin vida que el río Cauca
arrastraba durante décadas de violencia armada. María Isabel trabajaba en un
restaurante con vista al río y, durante años, cada vez que veía pasar un
cadáver interrumpía su jornada laboral, tomaba una servilleta y anotaba en 5
minutos la información básica del hallazgo: fecha, hora, características
observables del cuerpo.
"Yo veía venir el cadáver y yo decía: ahí
viene. Y yo cogía la servilleta de la mesa, y cogía porque yo mantenía en un
delantal un lapicero, me iba y ahí mismo anotaba la fecha y le hacía el
levantamiento ahí, porque era un remolino que lo detenía 5 minutos. En 5
minutos yo le hacía el registro." (María Isabel, 2025)
Este registro compulsivo en servilletas —que María
Isabel conserva como archivo personal— evidencia una forma de narración oral
que emerge de trauma colectivo y que opera como tecnología de resistencia
contra el olvido. Cuando las instituciones estatales normalizaban la presencia
de cadáveres y no documentaban sistemáticamente estas muertes, María Isabel
asumió individualmente esa función archivística mediante escritura urgente que
posteriormente se transformó en poesía oral recitada públicamente.
Su poema más conocido, "Los lamentos del
río", con el cual ganó un Lauro de Oro en la Real Academia de la Lengua,
sintetiza esta función del narrador oral como testigo, archivista y sanador de
heridas colectivas:
"Todas las aguas son sagradas, eso no lo voy a
discutir, pero de la fuente que les hablo el alma me fue a partir. La corriente
de mi inspiración es oscura y silenciosa, ahora tiene apariencia de una
constante carroza, carroza fúnebre que carga los muertos todos los días, esos
que dejan la violencia sin compasión ni medida (...) Por eso todos los ríos con
voz fuerte quieren expresar que ellos también fueron víctimas de esta cruda
realidad. Por eso yo traigo el río Cauca, lo traigo en esta botellita, y aunque
muchos no quieran creer, también es agua bendita." (María Isabel, 2025)
Esta práctica ilustra lo que Veena Das (2008) y
otros antropólogos del sufrimiento han analizado como "trabajo del duelo
colectivo": la necesidad social de elaborar simbólicamente traumas que de
otro modo permanecerían como heridas abiertas. María Isabel no solo preserva
memoria de víctimas anónimas sino que mediante su poesía les devuelve dignidad,
transforma el río de espacio de terror en espacio de memoria sacralizada ("agua
bendita"), y crea comunidad entre sobrevivientes mediante actos narrativos
públicos donde el dolor se comparte y elabora colectivamente.
Paul Zumthor (1983), en su teoría de la
"vocalidad", propone que lo oral no se reduce al contenido semántico
del mensaje, sino que involucra dimensiones corporales, gestuales, sonoras y
performativas que resultan inseparables del acto de transmisión. La voz humana,
según Zumthor, no es un simple vehículo del lenguaje, sino un medio expresivo
que carga consigo dimensiones afectivas, éticas y estéticas que se pierden en
la transcripción escrita. Esta perspectiva resulta fundamental para comprender
que la documentación de la tradición oral implica siempre una traducción que
transforma necesariamente lo documentado.
4.2. Patrimonio Cultural Inmaterial: De la
Convención UNESCO a los Debates Contemporáneos
El concepto de patrimonio cultural inmaterial, tal
como se configura en las políticas culturales internacionales contemporáneas,
tiene su fundamento normativo en la Convención para la Salvaguardia del
Patrimonio Cultural Inmaterial aprobada por la UNESCO en 2003. Esta Convención
define el patrimonio cultural inmaterial como:
los usos, representaciones, expresiones,
conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y
espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y
en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su
patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de
generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y
grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su
historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y
contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la
creatividad humana. (UNESCO, 2003, Artículo 2)
La Convención identifica cinco ámbitos en los que se
manifiesta el patrimonio inmaterial: (a) tradiciones y expresiones orales,
incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial; (b) artes
del espectáculo; (c) usos sociales, rituales y actos festivos; (d)
conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; y (e)
técnicas artesanales tradicionales. Las tradiciones orales ocupan,
significativamente, el primer lugar en esta enumeración, reconociendo su
carácter fundacional para las demás expresiones del patrimonio inmaterial.
Sin embargo, el concepto de patrimonio cultural
inmaterial y sus implicaciones políticas no están exentos de controversias
teóricas y prácticas. Varios autores han señalado tensiones fundamentales en la
forma en que se conceptualiza y gestiona este patrimonio. Llorenç Prats (2004,
2005) advierte sobre los riesgos de la "activación patrimonial": el
proceso mediante el cual ciertos elementos culturales son seleccionados,
descontextualizados y resignificados como patrimonio, frecuentemente
respondiendo a lógicas de mercado turístico o de construcción de identidades
nacionales antes que a las necesidades de las propias comunidades portadoras.
Marcos Arévalo (2004) señala que la
patrimonialización de expresiones culturales inmateriales puede conducir
paradójicamente a su "fosilización" o "museificación":
transformar prácticas vivas en espectáculos estáticos para consumo externo, vaciándolas
de su función social original. Este fenómeno ha sido documentado en numerosos
casos donde la declaración como patrimonio de la humanidad ha conducido a la
mercantilización turística y a la pérdida de autenticidad de las expresiones
culturales.
El antropólogo francés Jean-Louis Tornatore (2007)
ha criticado la noción misma de patrimonio inmaterial como una contradicción en
términos. El patrimonio, argumenta Tornatore, se define históricamente por su
materialidad y su capacidad de perdurar en el tiempo; aplicar esta categoría a
expresiones efímeras, performativas y en constante cambio implica una
transformación conceptual que no está suficientemente problematizada. La
patrimonialización de lo inmaterial requiere inevitablemente procesos de
fijación (documentación, registro, archivo) que contradicen la naturaleza
fluida y dinámica de las expresiones culturales vivas.
Chiara Bortolotto (2011) plantea que el discurso del
patrimonio inmaterial refleja una tensión fundamental entre dos paradigmas: el
paradigma antropológico, que enfatiza el carácter procesual, dinámico y
cambiante de las expresiones culturales, y el paradigma patrimonialista, que
privilegia la conservación, la autenticidad y la continuidad histórica. Esta
tensión se manifiesta concretamente en las prácticas de salvaguarda: ¿se trata
de documentar fielmente el estado actual de una tradición o de promover
activamente su continuidad? ¿Se busca preservar formas "auténticas" o
se reconoce el derecho de las comunidades a transformar sus propias expresiones
culturales?
Desde América Latina, autores como Néstor García
Canclini (1999, 2001) han contribuido a complejizar la comprensión del
patrimonio cultural mediante el concepto de "hibridación cultural".
García Canclini argumenta que en el contexto latinoamericano contemporáneo, las
expresiones culturales no pueden comprenderse en términos de pureza o
autenticidad, sino como procesos de mezcla, apropiación y reelaboración
constante entre lo tradicional y lo moderno, lo culto y lo popular, lo local y
lo global. Esta perspectiva es particularmente relevante para comprender las
tradiciones orales en contextos urbanos como Cartago, donde los narradores no
son portadores de tradiciones prístinas ajenas a la modernidad, sino agentes
que negocian constantemente entre referencias tradicionales y contemporáneas.
El antropólogo colombiano Arturo Escobar (2014,
2016) plantea la necesidad de descolonizar las categorías patrimoniales
hegemónicas y reconocer formas alternativas de relacionarse con el conocimiento
cultural. Desde la perspectiva del diseño ontológico y la ecología política,
Escobar argumenta que muchas prácticas culturales no occidentales no conciben
el conocimiento como un "patrimonio" que se posee o preserva, sino
como relaciones vivas que se practican y actualizan constantemente. La
oralidad, en este sentido, sería menos un acervo de contenidos a conservar y
más un modo de estar en el mundo y de relacionarse con el territorio, la
memoria y la comunidad.
En el contexto colombiano, el Sistema Nacional de
Patrimonio Cultural establece que el patrimonio cultural inmaterial está
constituido por manifestaciones, prácticas, usos, representaciones,
expresiones, conocimientos, técnicas y espacios culturales, que las comunidades
y grupos reconocen como parte de su identidad cultural (Ley 1185 de 2008). El
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes ha desarrollado
metodologías participativas para la identificación y salvaguarda de este
patrimonio, reconociendo el protagonismo de las comunidades portadoras en la
definición de lo que debe ser preservado y cómo debe hacerse.
Para esta investigación, resulta fundamental adoptar
una perspectiva crítica sobre el patrimonio inmaterial que reconozca tanto su
valor como concepto movilizador de políticas de salvaguarda, como sus limitaciones
y riesgos. Los narradores orales de Cartago no deben ser concebidos como
"custodios pasivos" de un patrimonio estático que debe ser rescatado
antes de su extinción, sino como agentes activos que recrean constantemente sus
tradiciones, las adaptan a nuevos contextos y negocian su lugar en una sociedad
en transformación.
Un caso particular que ilustra la complejidad de la
relación entre patrimonio material e inmaterial es el del Museo Rural de las
Bicicletas de Leonardo (Leo), ubicado en zona rural de Cartago. Leo ha
construido durante décadas una colección de más de 100 bicicletas antiguas,
algunas de finales del siglo XIX, que documenta la historia del transporte, la
movilidad y la vida cotidiana cartagüeña. Sin embargo, esta colección no opera
simplemente como acervo de objetos materiales sino como soporte de narrativas
orales: cada bicicleta porta historias sobre sus fabricantes (marcas europeas,
norteamericanas, colombianas), sus propietarios previos, contextos de uso y
transformaciones urbanas y rurales del municipio.
El museo funciona como espacio de narración donde
visitantes (locales, nacionales, extranjeros) no solo observan objetos sino
escuchan las historias que Leo ha construido alrededor de ellos. Esta práctica
evidencia lo que Arjun Appadurai (1986) denominó "la vida social de las
cosas": los objetos materiales no son inertes sino que circulan entre
personas y contextos, acumulan biografías y vehiculizan memorias. Leo opera
simultáneamente como coleccionista de patrimonio material y como narrador oral,
demostrando que ambas dimensiones del patrimonio cultural (material e
inmaterial) no solo coexisten sino que se requieren mutuamente para su plena
significación.
Esta articulación entre objeto y narrativa conecta
con trabajos sobre cultura material (Miller, 1987; Tilley et al., 2006) que han
mostrado cómo artefactos funcionan como "ayudas memoria" (memory
aids) que anclan y organizan recuerdos que de otro modo podrían dispersarse. La
bicicleta antigua no es solo testimonio material de una época, sino dispositivo
mnemotécnico que activa en Leo (y en visitantes que compartieron esa época)
cadenas de evocaciones sobre movilidades pasadas, paisajes transformados,
ritmos de vida desaparecidos.
4.3. Memoria Colectiva: De Halbwachs a los
Estudios Latinoamericanos de la Memoria
El concepto de memoria colectiva, acuñado por el
sociólogo francés Maurice Halbwachs en la primera mitad del siglo XX,
constituye una herramienta teórica fundamental para comprender cómo las
sociedades construyen, transmiten y recrean su pasado. Halbwachs (2004a, 2004b)
propuso una ruptura epistemológica con las concepciones individualistas y
psicologistas de la memoria, argumentando que el recuerdo es siempre un acto
social que se produce en el marco de "marcos sociales de la memoria"
(cadres sociaux de la mémoire).
Según Halbwachs (2004a), no recordamos solos, sino
que siempre lo hacemos desde nuestra pertenencia a grupos sociales específicos
que proporcionan los esquemas conceptuales, las categorías de pensamiento y los
puntos de referencia temporales y espaciales que hacen posible el recuerdo. La
familia, la clase social, la comunidad religiosa, la profesión o el territorio
son algunos de estos marcos que estructuran y dan sentido a nuestras memorias
individuales. Incluso los recuerdos aparentemente más personales e íntimos
están mediados por lenguajes, conceptos y marcos interpretativos socialmente
construidos.
Un aspecto fundamental de la teoría de Halbwachs es
su planteamiento sobre la relación entre memoria individual y memoria colectiva.
Halbwachs (2004b) sostiene que estas no son dos tipos separados de memoria,
sino dos perspectivas sobre un mismo fenómeno. La memoria individual es
siempre, en el fondo, memoria colectiva, en tanto el individuo recuerda
ocupando posiciones específicas dentro de grupos sociales. Inversamente, la
memoria colectiva no existe independientemente de las memorias individuales que
la constituyen, aunque trasciende a cada una de ellas y persiste más allá de la
vida de los individuos particulares.
Halbwachs (2004b) establece una distinción crucial
entre memoria colectiva e historia. Mientras la historia aspira a ser
universal, objetiva y unitaria, buscando establecer una única narrativa del
pasado que trascienda las perspectivas particulares, la memoria colectiva es
siempre múltiple, situada y parcial. Cada grupo social construye su propia
memoria colectiva, que puede coincidir, complementarse o contradecirse con las
memorias de otros grupos. La memoria colectiva, además, es siempre memoria
presente: reconstruye el pasado desde las preocupaciones, valores e intereses
del grupo en su situación actual.
Esta última característica resulta fundamental: la
memoria colectiva es selectiva, destacando aquellos elementos del pasado que
resultan significativos para la identidad presente del grupo y omitiendo o
reinterpretando aquellos que resultan problemáticos o irrelevantes. No se trata
de distorsión o falsificación, sino de una característica constitutiva de cómo
funcionan socialmente los recuerdos. Como señala Halbwachs (2004b), "la
memoria colectiva es esencialmente una reconstrucción del pasado que adapta la
imagen de los hechos antiguos a las creencias y necesidades espirituales del
presente" (p. 7).
La obra de Halbwachs, desarrollada en las décadas de
1920 a 1940, se convirtió en fundamento de un campo interdisciplinario de
estudios de la memoria que floreció particularmente en la segunda mitad del
siglo XX. En el contexto latinoamericano, estos estudios adquirieron
características específicas vinculadas a las experiencias históricas de
violencia política, dictaduras militares, conflictos armados y procesos de
transición democrática.
Elizabeth Jelin (2002), socióloga argentina, ha sido
una figura central en la adaptación y desarrollo de los estudios de memoria
para el contexto latinoamericano. Jelin retoma y amplía las ideas de Halbwachs,
enfatizando el carácter conflictivo y político de las memorias colectivas. En
sociedades marcadas por experiencias traumáticas y por profundas desigualdades
sociales, las memorias colectivas no son simplemente múltiples y diversas, sino
frecuentemente antagónicas. Diferentes grupos sociales construyen narrativas
incompatibles sobre el pasado, que reflejan y reproducen conflictos de poder
presentes.
Jelin (2002) introduce el concepto de
"emprendedores de memoria" para referirse a actores sociales que
impulsan activamente la construcción, difusión y legitimación de determinadas
narrativas sobre el pasado. Estos emprendedores pueden ser individuos,
organizaciones de la sociedad civil, instituciones estatales o medios de
comunicación que buscan instalar en la esfera pública su interpretación del
pasado. El concepto resulta particularmente útil para comprender las dinámicas
de pugna por la memoria en contextos de transición o conflicto.
Beatriz Sarlo (2005), crítica literaria argentina,
ha aportado reflexiones importantes sobre las tensiones entre memoria y
subjetividad. En Tiempo pasado. Cultura de la memoria y giro subjetivo,
Sarlo advierte sobre los riesgos del "giro subjetivo" en los estudios
de memoria: la tendencia a considerar el testimonio personal como fuente
privilegiada e incuestionable de verdad sobre el pasado. Sin desconocer el
valor de los testimonios y relatos personales, Sarlo argumenta que estos deben
ser contextualizados críticamente y confrontados con otras fuentes y
perspectivas. La memoria, sostiene, no es un registro objetivo del pasado, sino
una construcción narrativa que debe ser analizada atendiendo tanto a lo que
dice como a sus silencios, sus énfasis y sus estrategias retóricas.
En el contexto colombiano, los estudios de memoria
han estado profundamente marcados por la experiencia del conflicto armado
interno. El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) ha desarrollado
metodologías participativas para la reconstrucción de memoria histórica en
comunidades afectadas por la violencia, reconociendo la pluralidad de memorias
y la necesidad de dar voz a víctimas tradicionalmente silenciadas (CNMH, 2013).
Este trabajo ha puesto de manifiesto la importancia de las memorias locales y
comunitarias, frecuentemente transmitidas oralmente, como contrapeso a las
narrativas oficiales que tienden a invisibilizar o simplificar las experiencias
de las comunidades.
María Emma Wills (2015) y otros investigadores del
CNMH han mostrado cómo en Colombia conviven múltiples memorias del conflicto:
memorias de víctimas, de victimarios, de testigos, de resistentes; memorias
urbanas y rurales; memorias de diferentes regiones y comunidades étnicas. Cada
una de estas memorias construye narrativas distintas sobre causas,
responsabilidades, sufrimientos y esperanzas. La tarea de construir una memoria
histórica del conflicto no puede consistir en imponer una narrativa única, sino
en crear espacios de diálogo donde estas múltiples memorias puedan ser
escuchadas, confrontadas y articuladas.
Para esta investigación, el marco conceptual de la
memoria colectiva resulta fundamental por varias razones. Primero, permite
comprender que los relatos de los narradores orales de Cartago no son simples
anécdotas personales o entretenimiento folclórico, sino expresiones de memorias
colectivas que estructuran la identidad de comunidades específicas. Las
historias sobre la Cartago del pasado, sobre los espacios urbanos
desaparecidos, sobre las prácticas y formas de vida tradicionales, constituyen
marcos de referencia compartidos que permiten a las comunidades dar sentido a
su presente y proyectar su futuro.
Segundo, la perspectiva de Halbwachs sobre los
"marcos sociales de la memoria" permite comprender cómo el territorio,
la familia, la comunidad barrial y étnica, y los espacios de encuentro social
funcionan como soportes materiales y simbólicos que hacen posible la memoria.
La transformación o desaparición de estos espacios no solo implica cambios
físicos en el paisaje urbano, sino la erosión de los marcos que sustentan
determinadas memorias colectivas.
Tercero, el concepto de memoria colectiva permite
evitar perspectivas esencialistas o folclorizantes sobre la tradición oral. Los
narradores no son depositarios pasivos de una memoria inmutable que viene del
pasado, sino agentes activos que reconstruyen constantemente el pasado desde el
presente, seleccionando, reinterpretando y adaptando sus narrativas a nuevos
contextos y necesidades.
4.4. Narradores Orales como Portadores de
Memoria y Agentes Culturales
Los narradores orales ocupan una posición singular
en las sociedades contemporáneas. No son simplemente individuos que cuentan
historias, sino agentes culturales que cumplen múltiples funciones en la
producción, transmisión y actualización de la memoria colectiva. Para
comprender adecuadamente su rol, es necesario superar perspectivas románticas o
folclorizantes que los reducen a "voces del pasado" o
"guardianes de tradiciones ancestrales", y reconocer su carácter de
actores sociales activos que negocian constantemente su lugar y función en
contextos culturales cambiantes.
Walter Benjamin (1936/2008), en su influyente ensayo
"El narrador", identificó una crisis de la narratividad en la
modernidad europea. Según Benjamin, el narrador tradicional, figura central de
las sociedades preindustriales, poseía un tipo específico de autoridad derivada
de la experiencia: había vivido las situaciones que narraba o las había
recibido directamente de otros que las vivieron. Esta experiencia (Erfahrung)
no era mera vivencia personal (Erlebnis), sino conocimiento práctico
acumulado a lo largo de generaciones, transmisible a través del relato oral. La
figura del narrador tradicional, según Benjamin, entraba en crisis con la
modernidad, la urbanización acelerada y el predominio de la información
periodística sobre la narratividad.
Sin embargo, la tesis de Benjamin sobre la
desaparición del narrador debe ser matizada cuando se considera desde contextos
no europeos o desde grupos sociales subalternos. En América Latina, y
particularmente en Colombia, la tradición oral ha mantenido una vitalidad que
desafía los pronósticos benjaminianos. Los narradores orales no han
desaparecido, pero sí han debido reinventarse, adaptando sus formas, sus espacios
de actuación y sus públicos a condiciones culturales transformadas.
El antropólogo Richard Bauman (1977, 1986) propone
el concepto de "performance" para analizar la narrativa oral. Según
Bauman, el acto de narrar no es simplemente la transmisión de un contenido
semántico, sino un evento comunicativo complejo que involucra dimensiones
verbales, paraverbales y no verbales, que establece una relación específica
entre narrador y audiencia, y que construye un marco interpretativo particular
para lo narrado. El narrador asume responsabilidad ante la audiencia por una
exhibición de competencia comunicativa que puede ser evaluada. En este sentido,
la performance narrativa implica siempre un despliegue de virtuosismo técnico,
una negociación de autoridad cultural y una construcción de relaciones
sociales.
Desde la lingüística antropológica, Dell Hymes
(1974) desarrolló el modelo de la "etnografía del habla" que permite
analizar los eventos comunicativos atendiendo no solo a su contenido
lingüístico, sino a sus dimensiones contextuales, funcionales y culturales.
Este modelo resulta especialmente útil para comprender la narración oral como
práctica situada en contextos sociales específicos, que cumple funciones que
trascienden la mera transmisión de información.
Charles Briggs (1988), aplicando perspectivas de la
pragmática lingüística a la tradición oral, señala que los géneros narrativos
no son simplemente formas de organización del discurso, sino recursos
comunicativos que los narradores emplean estratégicamente para lograr efectos
específicos. Un mismo narrador puede emplear diferentes géneros (anécdota,
leyenda, mito, refrán, chiste) según las características de la situación
comunicativa, la composición de la audiencia y los propósitos que persigue.
Esta capacidad de modular el estilo y el género narrativo constituye una
dimensión fundamental de la competencia del narrador.
En el contexto latinoamericano, varios autores han
analizado el rol de los narradores orales en procesos de resistencia cultural y
construcción de identidades subalternas. Jesús Martín-Barbero (1987, 2002) ha
destacado el papel de la oralidad y la narratividad popular en la configuración
de las culturas urbanas latinoamericanas. Según Martín-Barbero, en América
Latina la modernidad no significó necesariamente la superación de la oralidad
por la escritura, sino la configuración de culturas híbridas donde coexisten y
se entrelazan múltiples formas de comunicación. Los narradores orales urbanos,
en este contexto, son agentes de mediación entre tradición y modernidad, entre
cultura letrada y cultura popular, entre memoria comunitaria y experiencia
contemporánea.
Rodolfo Kusch (1976, 2000), desde la filosofía
latinoamericana, ha reflexionado sobre el pensamiento indígena y popular en
América, destacando el rol central de la oralidad en la configuración de modos
de estar en el mundo radicalmente distintos del racionalismo occidental. La
palabra oral, según Kusch, no es simplemente un medio de representación de la
realidad, sino un modo de intervención en ella, de actualización de fuerzas y
relaciones que constituyen el tejido social y cósmico. Los narradores, en esta
perspectiva, no solo transmiten información sobre el mundo, sino que mediante
sus palabras participan activamente en su configuración.
Silvia Rivera Cusicanqui (2010, 2015), socióloga e
historiadora boliviana, ha desarrollado el concepto de "sociología de la
imagen" y ha reflexionado sobre las formas orales y visuales de
transmisión de conocimiento en las culturas indígenas andinas. Rivera Cusicanqui
argumenta que la hegemonía de la escritura alfabética como única forma válida
de conocimiento constituye una violencia epistémica que invisibiliza y
deslegitima otros modos de saber. Los narradores orales, desde esta
perspectiva, son portadores de epistemologías alternativas que deben ser
reconocidas y revalorizadas.
En el contexto específico colombiano, investigadores
como Hugo Niño (1998), Nicolás Buenaventura (1984) y otros han documentado la
riqueza de las tradiciones narrativas orales en diferentes regiones del país.
Estos trabajos han mostrado la diversidad de géneros narrativos, de estilos y
de funciones sociales de la narración oral en Colombia, desde los mitos
cosmogónicos de pueblos indígenas hasta las anécdotas urbanas contemporáneas, pasando
por las leyendas rurales, los relatos de violencia y desplazamiento, y las
narrativas de comunidades afrodescendientes.
Para esta investigación, resulta fundamental
comprender a los narradores orales de Cartago en su complejidad como agentes
culturales. Estos narradores cumplen múltiples funciones sociales que incluyen
pero trascienden la preservación de la memoria:
Función de archivo viviente: Los
narradores conservan en su memoria individual información sobre el pasado de la
comunidad que de otro modo podría perderse. Sin embargo, esta función debe
entenderse no como mera conservación pasiva, sino como actualización constante
de ese pasado desde el presente.
Función pedagógica: A través de sus
relatos, los narradores transmiten valores, normas, conocimientos prácticos y
marcos de interpretación de la realidad. Las historias funcionan como vehículos
de socialización y educación informal.
Función identitaria: Los relatos
contribuyen a construir y reforzar identidades colectivas, estableciendo
fronteras simbólicas entre el "nosotros" y los "otros", y
proporcionando narrativas que explican y legitiman la especificidad cultural
del grupo.
Función de entretenimiento: Los
narradores proporcionan placer estético, diversión y espacios de sociabilidad
comunitaria. Esta función no es secundaria o superficial, sino fundamental para
la cohesión social.
Función crítica: Muchas narrativas
orales incluyen elementos de crítica social, de subversión de poderes
establecidos, de cuestionamiento de normas. El humor, la ironía y la
exageración son recursos frecuentes que permiten expresar disidencias de manera
socialmente aceptable.
Función ritual y espiritual: En
algunos casos, los narradores cumplen funciones vinculadas a prácticas
religiosas o espirituales, como en el caso de las misas afrodescendientes donde
la oralidad juega un papel central.
Estas funciones no son mutuamente excluyentes, sino
que frecuentemente se entrelazan en un mismo relato o en la práctica general de
un narrador. Comprender esta multifuncionalidad resulta fundamental para evitar
reduccionismos que empobrecerían el análisis de la tradición oral en Cartago.
En el territorio cartagüeño, estos roles se
materializan de maneras específicas que evidencian la complejidad del ejercicio
narrativo contemporáneo. Luis Fernando Navarro, narrador de la zona rural de El
Privilegio, ejemplifica cómo el acto de narrar requiere una preparación
consciente que trasciende la mera reproducción de contenidos memorizados. Como
él mismo describe: "cuando salgo al frente con los turistas, me
transformo. Me transformo para poder transmitir esa pasión que es lo que me
motiva" (Navarro, comunicación personal, 2025). Esta
"transformación" que el narrador describe no es artificio teatral
superficial, sino proceso de sintonización con el territorio y la audiencia,
donde el narrador se convierte en medium entre la tierra, las historias
ancestrales y los visitantes contemporáneos.
El proceso preparatorio de Fernando incluye lo que
él denomina "invocación al territorio", reconociendo explícitamente
que "la fuerza viene de la tierra". Esta concepción animista del
territorio como agente activo en el proceso narrativo conecta con
epistemologías indígenas y campesinas donde la oralidad no es solo transmisión
humana de información, sino actualización de relaciones entre humanos,
naturaleza y ancestros. El narrador no es propietario individual del relato,
sino canal de fuerzas territoriales que hablan a través de él.
La preparación del narrador también puede involucrar
dimensiones más intelectuales y metódicas. Jaime Rivera, narrador de la Comuna
1 especializado en relatos de terror y misterio cartagüeño, describe su proceso
preparatorio como trabajo de investigación sistemática:
"Leer muy bien el tema, porque el punto de una
historia es contarla con la tranquilidad con la cual uno la lee. No venir a
inventar, porque la mente imagina y cuenta, y usted lo puede decir con 'pero'.
Pero si usted investiga, lee, empieza a buscar las historias como son
debidas... puede que en la parapsicología, que es el mundo del misterio, nunca
hay fechas exactas, siempre están los relatos, siempre está el misterio, pero
es un misterio escuchado de voz en voz, de boca a boca, de persona a persona,
de ciudad a ciudad." (Rivera, 2025)
Esta metodología que Jaime describe combina
investigación documental (lectura de libros sobre parapsicología, historia
local, demonología) con recolección de testimonios orales que circulan en la
comunidad. Su proceso no busca inventar sino documentar y articular
coherentemente relatos dispersos que existen en la memoria colectiva. La
"tranquilidad" con la que se narra proviene, según él, de este
conocimiento profundo del tema que permite al narrador no dudar, no titubear,
transmitir seguridad a la audiencia.
Sin embargo, esta preparación intelectual no elimina
la dimensión experiencial y afectiva del acto narrativo. Jaime describe cómo
durante la performance entra en estado particular:
"Me dejo llevar. Yo no solo me quedo ahí sino
que yo siento, siento cómo empiezo a sentirlo, a verlo, a narrarlo, a
imaginármelo en la mente, a todo lo que he leído, cómo va tomando imagen y yo
me dejo guiar, yo sigo. Creo que es algo que me gusta de este tema, que yo me
dejo fluir, es una catarsis." (Rivera, 2025)
Esta descripción de "dejarse fluir" y
experimentar "catarsis" durante la narración revela que, más allá de
la preparación técnica, el acto de narrar involucra dimensiones no
completamente controlables racionalmente. El narrador "ve" las
escenas que narra, las "siente", entra en relación empática con
personajes y situaciones relatadas. Esta capacidad de visualización interna y
proyección emocional constituye competencia narrativa fundamental que no se
adquiere solo mediante estudio sino mediante práctica sostenida y sensibilidad
particular.
La comparación entre los procesos preparatorios de
Fernando (invocación territorial, conexión mística con el lugar) y Jaime
(investigación, lectura, construcción intelectual) ilustra la diversidad de
aproximaciones metodológicas dentro del campo de la narración oral cartagüeña.
No existe un único modelo del "buen narrador", sino múltiples estilos
que responden a temperamentos personales, formaciones diferenciadas y
especializaciones temáticas distintas.
Espacio, Territorio y Memoria: La Dimensión
Geográfica de la Oralidad
La relación entre memoria colectiva y territorio
constituye una dimensión fundamental para comprender las tradiciones orales.
Las narrativas no flotan en el vacío abstracto, sino que están ancladas a
lugares específicos que funcionan como soportes materiales y simbólicos de la
memoria. Esta relación ha sido explorada desde diferentes perspectivas teóricas
que convergen en reconocer la espacialidad como dimensión constitutiva de la
memoria social.
Ya Maurice Halbwachs (2004b) había identificado el
espacio como uno de los principales marcos sociales de la memoria. Según
Halbwachs, los grupos sociales inscriben su memoria en el espacio, asociando
recuerdos específicos con lugares particulares. Los cambios en el espacio
urbano o rural no son meramente transformaciones físicas, sino que afectan
profundamente la capacidad de los grupos de mantener vivas sus memorias. La
demolición de un edificio, la desaparición de un barrio o la transformación de
un espacio público pueden significar la pérdida de los anclajes espaciales que
sostenían determinadas memorias colectivas.
El geógrafo Yi-Fu Tuan (1977, 2001) desarrolló el
concepto de "topofilia" para referirse a los lazos afectivos entre
personas y lugares. Tuan distingue entre "espacio" y
"lugar": mientras el espacio es abstracto, geométrico y carente de
significado cultural, el lugar es espacio dotado de significado, investido de valores,
memorias y experiencias. Los narradores orales de Cartago no hablan de
coordenadas geográficas abstractas, sino de lugares cargados de historia
personal y colectiva: la galería, el río La Vieja, las comunas específicas, las
cuevas del Padre Martínez. Cada uno de estos lugares es un "lugar
practicado", en términos de Michel de Certeau (1984): espacios que
adquieren significado a través de las prácticas sociales que en ellos se
desarrollan.
En Cartago, esta relación entre narrativa y
territorio adquiere expresiones específicas que combinan dimensiones
históricas, turísticas y místicas. Luis Fernando Navarro ha desarrollado una
práctica narrativa que fusiona turismo comunitario con recuperación de memoria
territorial. Su trabajo en El Privilegio se centra en la historia del Camino
del Privilegio, construido en 1855, que conecta con el presente a través de su
conceptualización de que "la fuerza viene del territorio". Esta frase
no es metáfora poética sino epistemología práctica que orienta su trabajo:
Fernando prepara sus recorridos narrativos mediante lo que denomina
"invocación" al territorio, solicitando permiso y estableciendo
conexión energética con el lugar antes de iniciar su performance narrativa.
Esta práctica evidencia continuidades con
cosmologías indígenas donde territorio no es escenario inerte de acción humana
sino agente con voluntad propia que puede favorecer o dificultar empresas
humanas. Fernando reporta experiencias donde el clima se modifica
favorablemente durante sus recorridos turísticos: "muchas veces nos ha
pasado que vemos que va a llover y llegamos al sitio donde vamos, podemos
escampar y sale el agua. El territorio nos quiere" (Navarro, 2025). Más
allá de discusiones sobre veracidad objetiva de estas percepciones, resulta
significativo que narrador interprete estos eventos como confirmación de
alianza correcta con fuerzas territoriales, reforzando legitimidad de su
práctica narrativa.
El archivo familiar que Fernando custodian
(documentos de 150 años sobre la construcción del camino) representa materialización
escrita que complementa pero no reemplaza transmisión oral. Cartas personales
del empresario Félix de la Bahía, constructor del camino, son leídas por
Fernando no solo como documentos históricos sino como testimonios de humanidad
compartida a través del tiempo: "la vida de él era similar a la nuestra,
con sus hijos calaveras, con problemas con su esposa... los mismos problemas de
hoy en día. La historia se repite, esa es cíclica" (Navarro, 2025). Esta
lectura trans-histórica del documento convierte archivo en herramienta
pedagógica que conecta pasado con presente, mostrando permanencias humanas que
trascienden transformaciones tecnológicas.
Junto a estos territorios rurales cargados de
historias familiares y productivas, Cartago posee también geografías urbanas
del misterio que funcionan como reservorios de narrativas sobrenaturales. Jaime
Rivera ha dedicado años a documentar estos espacios que él denomina
"cargados de energía", lugares donde se concentran relatos de
apariciones, fenómenos inexplicables y presencias espectrales.
El cementerio municipal emerge en su testimonio como
el espacio urbano más densamente significado desde perspectivas de lo
paranormal:
"El lugar más lleno de energía es el cementerio
de Cartago. Ese cementerio guarda mucha energía, guarda historia. Por más que
traten de organizarlo, siempre va a ver ese cementerio, le da una energía
tétrica. Hay cementerios muy lindos que usted va y se siente bien, pero esa
entrada del cementerio, esa entrada tan antigua con una cadena que da ese
misterio... Allá descansan las almas, pero la energía que se siente ahí, en
ninguna otra parte la va a encontrar." (Rivera, 2025)
La descripción de Jaime no es arbitraria. Identifica
elementos arquitectónicos específicos (la entrada antigua, la cadena) que
construyen atmósfera particular. Pero más allá de la estética, el cementerio
acumula "energía" por su historia: entre 2002 y 2010, durante el
conflicto armado, fue utilizado para fosas comunes de víctimas no
identificadas. Esta historia de violencia impregna el espacio, según Jaime, de
una densidad emocional y espiritual particular que visitantes sensibles pueden
percibir.
Otros espacios urbanos identificados por Jaime
incluyen las cuevas del Padre Martínez (ya mencionadas en análisis de
territorialidades rurales, pero también accesibles desde zonas urbanas
cercanas) y casas específicas marcadas por historias de violencia, muerte o
prácticas de brujería. Un caso emblemático es lo que Jaime denomina "la
casa del diablo" en el sector de La Ceiba:
"Ahí donde está La Ceiba, esa parte había un
brujo y la gente le tenía miedo pasar por esa casa. Era un hechicero de magia
negra pesada, y la gente iba que le hiciera trabajos, que le leyera las cartas,
el tabaco, el café, que quiero hacer un amarre... El señor muere, pero esa casa
queda con tanta energía que nadie podía habitar ahí. Se aburrían, pasaba algo,
simplemente se iban. La gente pasaba por esa casa y escuchaba pasos de una
cabra... La casa se derrumbó, se construyó una nueva y alguien me dijo: 'acá
solo los abuelos saben cuál es la casa, porque donde se enteraran nadie la
alquilaría, nadie la compraría.'" (Rivera, 2025)
Esta narrativa documenta varios fenómenos sociales
significativos. Primero, la persistencia de prácticas de brujería en zonas
urbanas populares cartagüeñas, práctica que aunque marginalizada en discursos
oficiales, mantiene clientela activa. Segundo, la creencia de que lugares
pueden quedar "impregnados" de energías de eventos pasados,
concepción que conecta con nociones de memoria espacial que no se reducen a lo
simbólico sino que postulan efectos materiales persistentes. Tercero, la
estrategia de ocultamiento que vecinos practican para evitar desvalorización
inmobiliaria del lugar: no negar la historia, pero tampoco divulgarla
públicamente.
Este tipo de geografías del misterio que Jaime
documenta constituyen capas de significación territorial que coexisten con,
pero frecuentemente se invisibilizan en, representaciones oficiales de la
ciudad. El Cartago turístico promociona su arquitectura colonial, su patrimonio
religioso, su tradición del bordado. Pero existe paralelamente un Cartago de
las sombras, de las energías densas, de los espacios malditos o encantados, que
circula en narrativas orales populares y que constituye dimensión fundamental de
la experiencia territorial de sectores populares.
La conceptualización que Jaime hace de estos
espacios como "cargados de energía" no debe descartarse como
superstición pre-moderna, sino comprenderse como epistemología alternativa
sobre la espacialidad. Desde perspectivas fenomenológicas (Merleau-Ponty, 1945)
y de geografía emocional (Davidson & Milligan, 2004), se reconoce que
espacios no son contenedores neutros sino que poseen "atmósferas"
específicas que afectan estados emocionales y psicológicos de quienes los
habitan o transitan. Lo que Jaime llama "energía" podría traducirse
académicamente como "atmósfera afectiva" del lugar, sin que esta
traducción necesariamente capture toda la densidad ontológica que la noción
popular de energía implica.
La práctica narrativa de Jaime opera como archivo de
esta geografía oculta: mediante sus relatos, los espacios urbanos revelan capas
de significado invisibles para miradas superficiales. Su narración deviene así
tecnología de desocultamiento que permite a audiencias acceder a dimensiones
del territorio que de otro modo permanecerían inaccesibles.
Marc Augé (1992) introdujo la distinción entre
"lugares antropológicos" y "no-lugares". Los lugares
antropológicos se caracterizan por ser identitarios, relacionales e históricos:
en ellos se construyen identidades individuales y colectivas, se establecen
relaciones sociales significativas y se inscribe la historia. Los no-lugares,
por el contrario, son espacios de transitoriedad y anonimato (aeropuertos,
autopistas, cadenas comerciales) que proliferan en la sobremodernidad
contemporánea. Esta distinción resulta pertinente para comprender las
transformaciones urbanas de Cartago: la desaparición de lugares antropológicos
tradicionales y su sustitución por espacios comerciales homogéneos afecta no
solo el paisaje urbano, sino las condiciones de posibilidad de la memoria
colectiva.
Doreen Massey (2005) critica las concepciones
esencialistas del lugar que lo presentan como entidad cerrada, con identidad
estable y fronteras claramente definidas. Según Massey, los lugares no son
contenedores estáticos de cultura o identidad, sino configuraciones dinámicas
atravesadas por múltiples trayectorias y flujos. Esta perspectiva permite
comprender que la memoria espacial no implica necesariamente apego a un pasado
idealizado, sino capacidad de las comunidades para negociar continuidad e
innovación, para mantener significatividad en contextos de cambio.
En el ámbito de los estudios latinoamericanos,
Arturo Escobar (2014, 2016) ha desarrollado perspectivas sobre territorio y
autonomía que resultan relevantes para comprender las luchas por la memoria
espacial. Escobar argumenta que para muchas comunidades indígenas,
afrodescendientes y campesinas en América Latina, el territorio no es simplemente
un recurso económico o un espacio físico, sino una dimensión constitutiva de la
identidad colectiva, un entramado de relaciones ecológicas, sociales y
espirituales. Defender el territorio no significa solamente proteger un espacio
geográfico, sino preservar un modo de vida, una cosmología y una forma de
relacionarse con el mundo.
En el contexto colombiano, múltiples investigaciones
han explorado la relación entre territorio, memoria y conflicto armado. El
desplazamiento forzado, que ha afectado a millones de colombianos, no solo
implica pérdida de tierras y medios de subsistencia, sino desarraigo de los
marcos espaciales que sostenían identidades y memorias comunitarias. Las
comunidades desplazadas frecuentemente hablan de la pérdida de su territorio no
solo en términos materiales, sino como duelo por lugares que eran contenedores
de historia, afectos y significados (Bello, 2004; Villa & Insuasty, 2016).
Para esta investigación, la dimensión espacial de la
oralidad resulta fundamental. Los relatos de los narradores cartagüeños están
profundamente enraizados en lugares específicos: el río La Vieja, las comunas,
los espacios de encuentro tradicionales que han desaparecido o se han
transformado. Comprender las narrativas orales requiere atender a su topografía:
los lugares que mencionan, los recorridos que describen, las transformaciones
urbanas que lamentan o celebran.
La investigación debe explorar cómo los narradores
construyen cartografías afectivas y memoriales de Cartago, cómo estos mapas
mentales pueden diferir de las cartografías oficiales, y cómo las
transformaciones del espacio urbano y rural afectan la viabilidad de las
tradiciones orales. Un hallazgo preliminar significativo es que muchos
narradores asocian la vitalidad de la oralidad con espacios comunitarios
específicos (tiendas, esquinas, plazas) que han tendido a desaparecer en el
proceso de modernización urbana.
4.6. Tradición Oral y Tecnología: Oralidad
Secundaria y Nuevos Medios
La relación entre tradición oral y tecnología
constituye uno de los desafíos teóricos y prácticos más importantes para
comprender el devenir contemporáneo de la oralidad. Lejos de constituir ámbitos
separados o antagónicos, oralidad y tecnología se entrelazan de formas
complejas que requieren análisis específicos.
Walter Ong (1982) introdujo la distinción entre
"oralidad primaria" y "oralidad secundaria". La oralidad
primaria se refiere a la cultura de sociedades sin conocimiento alguno de la
escritura, mientras que la oralidad secundaria es la que emerge en sociedades con
alta tecnología, particularmente a través de medios electrónicos como la radio,
la televisión y, más recientemente, las plataformas digitales. La oralidad
secundaria comparte con la primaria su énfasis en la dimensión sonora,
participativa y presente del lenguaje, pero se produce en contextos donde la
escritura es ubicua y donde las tecnologías de comunicación transforman
radicalmente las condiciones de producción y recepción de los mensajes orales.
Esta distinción resulta fundamental para el caso de
Cartago, donde los narradores orales no operan en condiciones de oralidad
primaria, sino que negocian constantemente con la escritura, los medios de
comunicación masiva y, crecientemente, con las plataformas digitales. La
pregunta no es si la tecnología amenaza o preserva la tradición oral, sino cómo
las tecnologías específicas transforman las condiciones, formas y funciones de
la oralidad.
Paul Zumthor (1983, 1990) reflexiona sobre la
"mediatización de la voz" en la era de las tecnologías de
reproducción sonora. La grabación, la amplificación electrónica y la
transmisión radiofónica no simplemente "capturan" la voz tal como es,
sino que la transforman de múltiples maneras: separan la voz del cuerpo del
emisor, permiten su reproducción infinita, facilitan su circulación en
contextos radicalmente diferentes del original. Para Zumthor, esta
mediatización implica tanto pérdidas como ganancias: se pierde la co-presencia
corporal del narrador y la audiencia, pero se gana la posibilidad de
democratizar el acceso a performances narrativas que de otro modo quedarían
circunscritas a círculos reducidos.
En el contexto latinoamericano, Jesús Martín-Barbero
(1987, 2002) ha analizado las complejas relaciones entre tradición oral,
cultura popular y medios de comunicación masiva. Martín-Barbero argumenta
contra las perspectivas apocalípticas que ven en los medios masivos una amenaza
terminal para las culturas tradicionales, mostrando cómo las comunidades
latinoamericanas han desarrollado capacidades de apropiación, resignificación y
uso creativo de las tecnologías mediáticas. La telenovela, por ejemplo, puede
ser analizada como un género que actualiza en formato televisivo matrices
narrativas tradicionales de la cultura oral.
Néstor García Canclini (2001, 2007) ha explorado las
transformaciones culturales asociadas a la digitalización. García Canclini
introduce el concepto de "cibercultur@" para referirse a los procesos
mediante los cuales las culturas tradicionales, las industrias culturales
masivas y las nuevas tecnologías digitales se entrelazan en configuraciones
híbridas. En este contexto, los narradores orales pueden encontrar en
plataformas digitales (YouTube, podcasts, redes sociales) nuevos espacios de
difusión y nuevas audiencias, aunque estos espacios impongan también nuevas
lógicas de producción, circulación y recepción de contenidos.
Henry Jenkins (2006, 2008) ha teorizado sobre la
"cultura de la convergencia", donde múltiples plataformas mediáticas
coexisten y los contenidos circulan fluidamente entre ellas. Jenkins enfatiza
el carácter participativo de la cultura digital contemporánea: los usuarios no
son receptores pasivos, sino productores activos que crean, remezclan y
comparten contenidos. Esta perspectiva permite imaginar nuevas posibilidades
para la tradición oral: narradores que graban sus historias y las comparten en
línea, comunidades digitales que se organizan en torno a la preservación de
tradiciones locales, jóvenes que aprenden técnicas narrativas tradicionales a
través de tutoriales en video.
Sin embargo, varios autores han advertido sobre los
riesgos de un "solucionismo tecnológico" que asume que la mera
digitalización de contenidos orales resuelve los problemas de salvaguarda del
patrimonio inmaterial. Evgeny Morozov (2013) critica la ilusión de que las tecnologías
digitales son inherentemente democratizadoras o liberadoras, mostrando cómo
pueden reproducir y amplificar desigualdades existentes. En el contexto de la
tradición oral, la brecha digital, las diferencias generacionales en el acceso
y uso de tecnologías, y la concentración de poder en grandes plataformas
digitales plantean desafíos significativos.
Ramesh Srinivasan (2017), en su análisis de las
relaciones entre comunidades indígenas y tecnologías digitales, argumenta por
un enfoque de "diseño participativo" que reconozca que diferentes
comunidades tienen diferentes necesidades, valores y formas de relacionarse con
la información. No existe una única manera correcta de digitalizar o mediatizar
la tradición oral; las soluciones tecnológicas deben construirse desde las
prioridades y perspectivas de las propias comunidades portadoras.
Para esta investigación, resulta fundamental
comprender que los narradores orales de Cartago están insertos en un ecosistema
mediático complejo donde coexisten la oralidad cara a cara, la radio
comunitaria, la televisión, los medios impresos y las plataformas digitales. El
proyecto de salvaguarda no puede reducirse a la documentación analógica
tradicional (grabación en audio, transcripción en texto), sino que debe explorar
críticamente cómo diferentes tecnologías pueden contribuir a la vitalidad de la
tradición oral sin desnaturalizarla o subordinarla a lógicas ajenas.
Un hallazgo preliminar significativo es la tensión que muchos narradores expresan entre, por un lado, el reconocimiento de que las nuevas generaciones están inmersas en culturas digitales que aparentemente desplazan la oralidad tradicional y, por otro lado, la convicción de que la palabra hablada, el encuentro cara a cara y la transmisión intergeneracional directa poseen cualidades irreemplazables que ninguna mediación tecnológica puede replicar completamente.
5. METODOLOGÍA DE
INVESTIGACIÓN
5.1. Paradigma y Enfoque Investigativo
Esta
investigación se inscribe en el paradigma interpretativo-comprensivo de las
ciencias sociales, que busca comprender los fenómenos sociales desde la
perspectiva de los actores involucrados, atendiendo a los significados que
estos atribuyen a sus experiencias y prácticas (Martínez Miguélez, 2010). A
diferencia del paradigma positivista, que privilegia la explicación causal y la
cuantificación, el paradigma interpretativo reconoce la especificidad de los
fenómenos socioculturales y la necesidad de metodologías cualitativas que
permitan acceder a la complejidad de los significados subjetivos e
intersubjetivos.
El
enfoque metodológico específico será etnográfico cualitativo con orientación
participativa territorial. La etnografía, como estrategia metodológica y
como perspectiva epistemológica, ha sido definida por Rosana Guber (2011) como
"la descripción de lo que una gente hace desde la perspectiva de la misma
gente" (p. 16). Más allá de un conjunto de técnicas de recolección de
datos, la etnografía constituye un enfoque holístico que busca comprender las
prácticas culturales en sus contextos específicos, atendiendo simultáneamente a
lo que las personas dicen, lo que hacen y los significados que atribuyen a sus
acciones.
Goetz y
LeCompte (1988) identifican características centrales del diseño etnográfico
que resultan pertinentes para esta investigación: (a) carácter inductivo, donde
las categorías analíticas emergen del trabajo de campo en lugar de ser
impuestas a priori; (b) énfasis en la descripción densa, concepto acuñado por
Clifford Geertz, que implica no solo registrar comportamientos sino
interpretarlos en sus capas de significado cultural; (c) investigación en
escenarios naturales, accediendo a los narradores en sus contextos cotidianos
de vida y trabajo; (d) perspectiva holística que busca comprender las prácticas
narrativas en relación con dimensiones más amplias de la vida social y
cultural.
El
componente participativo territorial del enfoque metodológico responde
al reconocimiento de que la investigación no se realiza sobre o acerca de las
comunidades, sino con y desde ellas (Fals Borda, 1987, 2009). La
investigación-acción participativa (IAP), desarrollada en Colombia por Orlando
Fals Borda y en América Latina por numerosos investigadores comprometidos con
procesos de transformación social, establece principios metodológicos y éticos
fundamentales: la investigación debe beneficiar directamente a las comunidades
participantes, el conocimiento debe ser co-construido entre investigadores y
comunidad, y los procesos investigativos deben fortalecer capacidades locales
de reflexión y acción.
La
dimensión territorial del enfoque reconoce que el territorio no es
simplemente el escenario físico donde ocurre la investigación, sino una
categoría analítica fundamental. Como plantean los enfoques de desarrollo
territorial (Boisier, 2001; Schejtman & Berdegué, 2004), el territorio es
una construcción social histórica donde se articulan dimensiones geográficas,
económicas, políticas, culturales e identitarias. En el caso de esta
investigación, comprender la tradición oral cartagüeña requiere necesariamente
comprender su inscripción en territorios específicos (zonas rurales y urbanas)
que configuran condiciones particulares para las prácticas narrativas.
La
combinación de estos elementos configura un diseño metodológico flexible pero
riguroso, sensible a las particularidades del objeto de estudio pero
fundamentado en tradiciones metodológicas consolidadas en las ciencias
sociales.
5.2. Técnicas de Recolección de Información
La
estrategia de recolección de información se fundamentará en la triangulación de
múltiples técnicas cualitativas que permitirán abordar el fenómeno de la
tradición oral desde diferentes ángulos complementarios. La triangulación
metodológica, según Denzin (1970), fortalece la validez de los hallazgos al
contrastar datos obtenidos mediante diferentes procedimientos.
5.2.1. Entrevistas Semiestructuradas en Profundidad
La
entrevista semiestructurada en profundidad constituirá la técnica principal de
recolección de información. Esta modalidad de entrevista combina la
flexibilidad de la conversación abierta con la orientación temática
proporcionada por una guía previa, permitiendo que emerjan aspectos no
anticipados mientras se asegura la cobertura de dimensiones consideradas centrales
(Kvale, 2011; Taylor & Bogdan, 1987).
Diseño
del instrumento: Se
elaborará una guía de entrevista semiestructurada organizada en cuatro ejes
temáticos fundamentales que responden directamente a los objetivos de la
investigación:
Eje 1 - Vivencia
personal y territorial: Este eje explorará la biografía del narrador, su relación con el
territorio cartagüeño, las transformaciones urbanas y rurales que ha
presenciado, y los espacios comunitarios que han marcado su trayectoria. Las
preguntas de este eje permitirán contextualizar las prácticas narrativas en
historias de vida específicas y en geografías particulares.
Preguntas
orientadoras incluirán: ¿Qué recuerda de su niñez? ¿Cómo era Cartago en esa
época? ¿Cuáles eran los espacios de encuentro con la comunidad donde se
contaban historias? ¿Desde cuándo cuenta historias?
Eje 2 -
Oralidad, relatos y memoria: Este eje constituye el núcleo de la entrevista y
se orientará a comprender las prácticas narrativas en su especificidad:
rituales de preparación, características estilísticas, repertorios temáticos,
procesos de aprendizaje y transmisión, adaptaciones según contextos y
audiencias.
Preguntas
orientadoras incluirán: ¿Cómo se prepara para contar una historia? ¿Hay algún
ritual, momento o lugar especial para hacerlo? ¿Hay alguna palabra, frase o
forma de hablar característica que usted usa para narrar? ¿Usted cambia la
historia dependiendo de a quién se la cuenta o siempre es igual? ¿Qué siente
cuando cuenta una historia y cuando otros la escuchan? ¿Cuáles son algunas de
las historias o relatos que más le gusta contar? ¿Podría contarnos uno? ¿De
quién aprendió los cuentos o relatos que narra?
Eje 3 -
Función cultural del narrador: Este eje explorará la reflexividad de los
narradores sobre su propio rol social y cultural, los propósitos que atribuyen
a su práctica narrativa, y su percepción sobre la importancia de la tradición
oral en contextos contemporáneos.
Preguntas
orientadoras incluirán: ¿Qué papel cree que tiene usted como portador de estas
historias en su territorio? ¿Por qué cuenta, para enseñar, para divertir, para
recordar eventos importantes? ¿Por qué cree que es importante conservar la
tradición oral en estos tiempos?
Eje 4 -
Identidad y territorio: Este eje vinculará explícitamente las narrativas con el territorio,
explorando cómo lugares específicos de Cartago funcionan como soportes de
memoria y como protagonistas de relatos.
Preguntas
orientadoras incluirán: ¿Qué historias representan mejor a su comunidad, barrio
o vereda? ¿Hay algún lugar en Cartago que para usted tenga una historia
especial (mitos, leyendas, anécdotas históricas)? ¿Cómo las historias que usted
cuenta están conectadas con los paisajes de Cartago?
Eje de
cierre: El
cierre de la entrevista incluirá preguntas reflexivas sobre riesgos de pérdida
de la tradición oral y mensajes a futuras generaciones.
Procedimiento
de aplicación: Las
entrevistas serán conversacionales, privilegiando un clima de confianza y
comodidad para el narrador. Se realizarán preferentemente en los espacios
cotidianos de los participantes (sus hogares, lugares de trabajo, espacios
comunitarios significativos), permitiendo que el ambiente mismo contribuya a la
evocación de recuerdos y relatos. El entrevistador utilizará la guía como
orientación flexible, no como cuestionario rígido, permitiendo que la
conversación fluya naturalmente y que emerjan temas no anticipados.
Registro: Las entrevistas serán
registradas simultáneamente en múltiples formatos:
- Audio digital de alta
calidad:
Para capturar fielmente la voz, las entonaciones, los ritmos y las pausas
del narrador, elementos fundamentales de la performance oral.
- Video: Para documentar la
dimensión corporal, gestual y contextual de la narración, reconociendo que
la oralidad no se reduce a palabras sino que involucra el cuerpo entero.
- Fotografía: Para documentar al
narrador, su entorno y elementos materiales relevantes.
- Notas de campo simultáneas: El investigador o un
asistente tomará notas sobre aspectos que los registros audiovisuales
podrían no capturar adecuadamente: ambiente, interrupciones, elementos
contextuales significativos.
Meta
cuantitativa: Se
realizarán un mínimo de 10 entrevistas en profundidad, procurando
representación de diferentes zonas del municipio (rurales y urbanas),
diferentes perfiles generacionales (priorizando adultos mayores pero sin
excluir otros grupos etarios), y diferentes estilos narrativos. El número de
entrevistas responde al principio de saturación teórica (Glaser & Strauss,
1967): se continuará entrevistando hasta que la información obtenida comience a
ser reiterativa y no aporten categorías analíticas sustancialmente nuevas.
Duración
estimada: Cada
entrevista tendrá una duración aproximada de 60 a 90 minutos, aunque se
mantendrá flexibilidad según el ritmo natural de la conversación y las
necesidades del narrador.
5.2.2. Observación Participante
La
observación participante es una técnica etnográfica fundamental que permitirá
acceder a dimensiones de las prácticas narrativas que no siempre se hacen
explícitas en las entrevistas (Spradley, 1980; DeWalt & DeWalt, 2011).
Mediante la presencia prolongada en los contextos donde se desarrolla la
oralidad, el investigador podrá observar:
- Eventos narrativos
espontáneos:
Situaciones cotidianas donde emergen relatos sin la formalidad de la
entrevista programada.
- Interacciones sociales: Cómo los narradores se
relacionan con sus audiencias, cómo se negocian turnos de habla, cómo las
audiencias participan activamente en la construcción del relato.
- Espacios de narración: Características físicas y
sociales de los lugares donde ocurre la narración oral.
- Prácticas corporales: Gestos, posturas,
movimientos que acompañan y constituyen la performance narrativa.
La
observación participante no se limitará al momento específico de las
entrevistas, sino que incluirá:
- Visitas previas a
territorios:
Para establecer contactos, comprender contextos, identificar narradores
potenciales.
- Participación en eventos
comunitarios:
Donde la narración oral pueda manifestarse (reuniones comunitarias,
celebraciones, encuentros informales).
- Recorridos territoriales: Acompañamiento a narradores
en desplazamientos por el territorio, permitiendo que los lugares mismos
evoquen narrativas.
La
observación será registrada mediante bitácoras de campo detalladas (ver
siguiente sección).
5.2.3. Bitácoras de Campo
Las
bitácoras de campo constituirán el instrumento de registro reflexivo del
proceso investigativo (Martínez Miguélez, 2010). A diferencia de los registros
audiovisuales que capturan eventos específicos, las bitácoras permitirán al
investigador documentar:
- Descripciones detalladas de
contextos:
Características del territorio, condiciones del encuentro, actores
presentes.
- Datos técnicos del trabajo
de campo:
Fechas, horarios, lugares específicos, materiales registrados.
- Relatos y temas clave
identificados:
Síntesis de contenidos narrativos emergentes.
- Citas textuales relevantes: Fragmentos especialmente
significativos o evocadores.
- Nuevos contactos y leads: Referencias a otros
narradores potenciales, lugares de interés, conexiones no anticipadas.
- Reflexiones analíticas
preliminares:
Interpretaciones tentativas, preguntas emergentes, conexiones con marcos
teóricos, intuiciones que deberán ser exploradas posteriormente.
- Dimensiones metodológicas: Evaluación de la
pertinencia y efectividad de los instrumentos, ajustes necesarios,
dificultades encontradas.
La bitácora
funcionará como un "cuaderno de trabajo" donde se va construyendo
progresivamente la comprensión del fenómeno estudiado. Clifford Geertz (1973)
enfatiza que las notas de campo no son meros registros de datos, sino que ya
constituyen una primera capa de interpretación.
Formato
de las bitácoras: Se
utilizará un formato semiestructurado que incluirá campos básicos (número de
bitácora, fecha, ubicación, participantes, tiempo del encuentro) y campos
abiertos para descripciones, reflexiones y hallazgos. Este formato equilibrará
la sistematicidad necesaria para el análisis posterior con la flexibilidad
requerida para registrar lo inesperado.
Las
bitácoras serán elaboradas inmediatamente después de cada sesión de trabajo de
campo, mientras los detalles permanecen frescos en la memoria del investigador.
La escritura de bitácoras se concebirá como práctica reflexiva que contribuye
al proceso analítico mismo.
5.3. Selección de Participantes
La
selección de narradores participantes se realizará mediante muestreo
intencional o teórico (Patton, 2002; Flick, 2007), estrategia
característica de la investigación cualitativa donde los casos se seleccionan
por su relevancia para los objetivos de investigación y por su potencial de
aportar información rica y profunda, no por criterios de representatividad
estadística.
5.3.1. Criterios de Selección
Los
narradores serán seleccionados atendiendo a los siguientes criterios:
Criterio
de práctica narrativa activa: Se priorizarán personas reconocidas en sus
comunidades como narradores, cuenteros, trovadores o portadores de memoria
oral. Este reconocimiento comunitario es fundamental, pues indica que la
persona ocupa efectivamente el rol social de salvaguarda de la oralidad.
Criterio
generacional: Si bien
el foco principal estará en adultos mayores (personas de 60 años o más), dado
que concentran experiencias temporalmente más amplias y frecuentemente
custodian relatos de mayor profundidad histórica, se mantendrá apertura a
narradores de otras generaciones que cumplan con los demás criterios.
Criterio
territorial: Se
buscará representación equilibrada de diferentes zonas del municipio,
incluyendo tanto sector rural (corregimientos de Guayabito, Piedras de Moler,
Zaragoza) como sector urbano (comunas 1, 4, 5, 7). Esta distribución responde
al objetivo de comprender especificidades narrativas asociadas a diferentes
contextos territoriales.
Criterio
de diversidad de géneros narrativos: Se procurará incluir narradores que trabajen con
diferentes tipos de relatos: mitos, leyendas, cuentos, anécdotas históricas,
relatos de vida, trova, entre otros. Esta diversidad permitirá comprender la
riqueza del repertorio oral cartagüeño.
Criterio
de disponibilidad y voluntariedad: Solo participarán personas que manifiesten
disposición libre e informada de compartir sus narrativas, asegurando el
respeto a la autonomía de los participantes.
5.3.2. Estrategias de Identificación y Contacto
La
identificación de narradores se realizará mediante múltiples vías:
Redes
comunitarias: Se
establecerá contacto con líderes comunitarios, juntas de acción comunal,
organizaciones culturales locales, casas de cultura y otros actores
territoriales que puedan facilitar la identificación de narradores reconocidos.
Método de
bola de nieve: Los
propios narradores entrevistados serán fuentes de referencia hacia otros
portadores de memoria oral, aprovechando las redes existentes en la comunidad
narrativa cartagüeña.
Conocimiento
previo del equipo investigador: El equipo aportará su conocimiento de trayectorias
y procesos culturales previos en el territorio.
Exploración
territorial directa: Mediante
recorridos por las zonas identificadas, se establecerán contactos y se
identificarán espacios donde la oralidad se manifiesta.
El
contacto inicial se realizará de manera respetuosa, explicando claramente los
propósitos de la investigación, los productos esperados, y las formas de
participación solicitadas. Se buscará establecer relaciones de confianza que
trasciendan la instrumentalidad de la recolección de datos.
5.3.3. Consideraciones sobre Representatividad
Es
importante enfatizar que, en coherencia con el paradigma cualitativo, esta
investigación no pretende representatividad estadística ni generalización
probabilística de hallazgos. El objetivo no es afirmar que "el X% de los
narradores cartagüeños presenta la característica Y", sino comprender en
profundidad las lógicas, significados y particularidades de las prácticas
narrativas en casos específicos que permiten iluminar dimensiones del fenómeno
estudiado.
La
calidad de la investigación cualitativa no se mide por el tamaño de la muestra
sino por la profundidad del análisis, la riqueza de la información obtenida, y
la capacidad de generar comprensiones que, sin ser generalizables
estadísticamente, resultan transferibles analíticamente a otros contextos (Lincoln
& Guba, 1985).
5.4. Análisis de la Información
El
análisis de la información en investigación cualitativa no es una fase discreta
que comienza una vez finalizada la recolección de datos, sino un proceso
continuo e iterativo que se desarrolla en paralelo al trabajo de campo (Coffey
& Atkinson, 1996). Desde las primeras bitácoras de campo hasta la
elaboración del informe final, el investigador está constantemente
interpretando, relacionando conceptos, identificando patrones y construyendo
comprensiones.
5.4.1. Transcripción como Primera Capa Analítica
Las
entrevistas audiovisuales serán transcritas íntegramente. La transcripción no
es un acto mecánico de traducción de lo oral a lo escrito, sino ya una primera
instancia interpretativa que implica decisiones significativas (Kvale, 2011):
qué aspectos del habla se representan (pausas, énfasis, interrupciones), cómo
se tratan las características dialectales o idiolectales, cómo se señalan
elementos paralingüísticos (risa, suspiros, silencios).
En esta
investigación, las transcripciones procurarán fidelidad a las formas
expresivas de los narradores, respetando regionalismos, construcciones
gramaticales propias del habla oral, y elementos que constituyen el estilo
narrativo particular. Se incluirán anotaciones sobre aspectos prosódicos y
contextuales relevantes.
Las
transcripciones serán complementadas con:
- Time codes: Referencias temporales que
permitan localizar segmentos específicos en las grabaciones audiovisuales.
- Descripciones de elementos
no verbales significativos: Gestos, movimientos, expresiones faciales que
acompañan o modifican el significado de lo dicho.
- Notas contextuales: Informaciones sobre el
contexto de la entrevista que ayuden a comprender el sentido de lo
narrado.
5.4.2. Análisis Temático y Categorial
El
procedimiento analítico central será el análisis temático (Braun &
Clarke, 2006; Boyatzis, 1998), técnica flexible que permite identificar,
organizar y reportar patrones (temas) dentro de los datos cualitativos. El
proceso seguirá las siguientes fases:
Fase 1 -
Familiarización con los datos: Lectura y relectura atenta de las transcripciones,
audición de las grabaciones, revisión de bitácoras. Esta inmersión profunda en
el material permite al investigador desarrollar una comprensión holística antes
de fragmentar los datos en categorías.
Fase 2 -
Generación de códigos iniciales: Identificación sistemática de unidades de
significado relevantes en los datos. Un código es una etiqueta que captura una
idea, concepto o patrón presente en el material. Por ejemplo: "espacios de
narración", "transmisión intergeneracional", "rituales de
preparación", "relación con el territorio", "funciones de
la narración", "géneros narrativos", "amenazas a la
tradición oral", entre muchos otros.
Esta
codificación será inicialmente abierta e inductiva, permitiendo que emerjan
categorías desde los datos mismos en lugar de imponerlas a priori (Glaser &
Strauss, 1967; Charmaz, 2006). Sin embargo, el marco teórico de la
investigación funcionará como sensibilizador, orientando la atención hacia
dimensiones consideradas relevantes.
Fase 3 -
Búsqueda de temas:
Agrupación de códigos en temas más amplios que capturen patrones significativos
en relación con los objetivos de investigación. Un tema captura algo importante
sobre los datos en relación con la pregunta de investigación y representa algún
nivel de respuesta o significado dentro del conjunto de datos.
Fase 4 -
Revisión de temas:
Refinamiento de los temas identificados, verificando su coherencia interna
(homogeneidad dentro de cada tema) y su distinción externa (diferenciación
clara entre temas). Algunos temas iniciales pueden fusionarse, otros pueden
dividirse, algunos pueden descartarse si no se sostienen con evidencia
suficiente.
Fase 5 -
Definición y denominación de temas: Elaboración de definiciones precisas de cada tema
y selección de nombres que capturen su esencia. Se redactarán descripciones
analíticas de cada tema, explicando qué aspectos del fenómeno captura, cómo se
relaciona con otros temas, y qué dice sobre las preguntas de investigación.
Fase 6 -
Producción del reporte: Elaboración del documento final que presenta los hallazgos, articulando
los temas identificados con el marco teórico, ilustrándolos con citas textuales
de los narradores, y construyendo argumentaciones interpretativas.
5.4.3. Análisis Narrativo
Complementando
el análisis temático, se realizará análisis narrativo (Riessman, 2008;
Labov & Waletzky, 1967) de relatos específicos particularmente
significativos. Este tipo de análisis atiende a la estructura de las
narrativas: cómo comienzan, cómo se desarrollan, qué tipo de personajes
incluyen, qué conflictos plantean, cómo se resuelven, qué funciones morales o
pedagógicas cumplen.
El
análisis narrativo permitirá comprender no solo qué cuentan los narradores sino
cómo lo cuentan: qué recursos retóricos emplean, cómo construyen suspenso o
humor, cómo generan identificación emocional, cómo adaptan sus relatos a
diferentes audiencias.
5.4.4. Análisis Espacial
Dado el
énfasis de esta investigación en la relación entre narración y territorio, se
desarrollará un componente de análisis espacial que identificará:
- Lugares mencionados
recurrentemente en las narrativas
- Tipos de lugares asociados a
diferentes géneros narrativos
- Transformaciones
territoriales referidas por los narradores
- Geografías afectivas y
memoriales
Esta
información será posteriormente organizada en la cartografía narrativa
que constituirá uno de los productos del proyecto.
5.4.5. Triangulación y Validación
La
validez de los hallazgos será fortalecida mediante diferentes estrategias de
triangulación:
Triangulación
de datos:
Comparación de información obtenida de diferentes narradores, territorios y
momentos.
Triangulación
de técnicas:
Contraste entre datos obtenidos mediante entrevistas, observación y bitácoras.
Triangulación
de investigadores:
Discusión analítica entre miembros del equipo investigador, confrontando
interpretaciones y enriqueciendo comprensiones.
Validación
comunicativa: En la
fase de socialización, se compartirán hallazgos preliminares con participantes
y comunidades, permitiendo que validen, cuestionen o enriquezcan las
interpretaciones construidas.
5.5. Consideraciones Éticas
Esta
investigación se fundamenta en principios éticos rigurosos que garantizan el
respeto a la dignidad, autonomía y derechos de los participantes. Siguiendo
lineamientos de ética en investigación social (Emanuel et al., 2000; Belmont
Report, 1979) y considerando las particularidades del contexto colombiano, se
aplicarán las siguientes medidas:
5.5.1. Consentimiento Informado
Todos los
participantes firmarán un formato de consentimiento informado antes de
su participación. Este documento, redactado en lenguaje claro y accesible,
explicará:
- Objetivos de la
investigación
- Procedimientos de
participación (entrevista, registro audiovisual)
- Usos previstos de la
información (investigación académica, productos culturales de difusión
pública sin fines de lucro)
- Carácter voluntario de la
participación y derecho a retirarse en cualquier momento
- Autorización para uso de
nombre, imagen y voz con fines educativos y culturales
El
consentimiento informado no será un mero trámite burocrático sino un proceso
dialógico de información y acuerdo. Se asegurará que los participantes
comprendan genuinamente a qué están consintiendo.
Consideración
especial: Para
personas con limitaciones de lectoescritura, el consentimiento será leído en
voz alta y explicado detalladamente, permitiendo que la persona otorgue su
consentimiento mediante huella dactilar.
5.5.2. Beneficio Directo a las Comunidades
La investigación
se diseña explícitamente para generar beneficios a las comunidades
participantes:
- Reconocimiento público: Los narradores serán
visibilizados y valorados públicamente como portadores de patrimonio
cultural.
- Productos culturales
accesibles: La cartografía
narrativa, los registros audiovisuales y otros productos serán de acceso
público y estarán disponibles para las comunidades.
- Fortalecimiento de identidad
cultural: El
proceso investigativo contribuirá a fortalecer el sentido de valor del
patrimonio oral local.
- Socialización comunitaria: Se realizará un evento
público de presentación de resultados donde las comunidades serán
protagonistas.
5.5.3. Respeto a la Propiedad Intelectual Colectiva
Si bien
los participantes autorizarán el uso de sus testimonios para fines
investigativos y culturales, se reconocerá explícitamente su autoría. Las
transcripciones identificarán a cada narrador, y en los productos culturales se
incluirán créditos apropiados.
5.5.4. Principio de No Daño
La
investigación evitará generar daños a los participantes. Esto incluye:
- Respeto a la privacidad: No se forzará a compartir
información que la persona considere privada o sensible.
- Protección contra
estigmatización: Se
evitará cualquier representación que pueda resultar estigmatizante para
los participantes o sus comunidades.
- Contexto adecuado de
información: La
información compartida se presentará siempre en contextos apropiados que
respeten su significado original.
5.5.5. Reciprocidad
La
investigación se concibe como una relación de reciprocidad, no de extracción
unilateral de información. El equipo investigador retribuirá el tiempo y
conocimiento compartido por los narradores mediante:
- Entrega de copias de los
registros audiovisuales a cada participante
- Invitaciones a eventos de
socialización
- Reconocimientos públicos
- Disponibilidad de los
productos de investigación para las comunidades
5.6. Cronograma de Actividades
La
investigación se desarrollará a lo largo de 6 meses, organizados en
cuatro fases principales según lo establecido en el proyecto original:
Fase 1 -
Planeación y Alistamiento (Mes 1):
- Revisión y ajuste final de
instrumentos metodológicos
- Identificación y contacto
preliminar con narradores potenciales
- Preparación de equipos
técnicos y materiales
- Coordinación con líderes
comunitarios y actores territoriales
Fase 2 -
Investigación y Documentación de Campo (Meses 2-3):
- Realización de entrevistas
en profundidad (mínimo 10)
- Observación participante en
territorios
- Registro audiovisual y
fotográfico
- Elaboración de bitácoras de
campo
- Transcripción de entrevistas
Fase 3 -
Análisis y Sistematización (Meses 4-5):
- Análisis temático de
transcripciones
- Codificación y
categorización de datos
- Elaboración del documento
técnico de investigación
- Diseño de cartografía
narrativa
- Edición de materiales
audiovisuales
Fase 4 -
Socialización y Cierre (Mes 6):
- Preparación de socialización
pública
- Realización de muestra
comunitaria de narración oral
- Entrega de reconocimientos a
participantes
- Distribución de productos
culturales
- Evaluación del proceso
Este
cronograma es indicativo y mantendrá la flexibilidad necesaria para responder a
contingencias del trabajo de campo cualitativo.
PERFILES
DE LOS SALVAGUARDAS ENTREVISTADOS
Esta sección presenta a los narradores orales que
participaron en la investigación, portadores de la memoria cultural de Cartago.
Sus testimonios constituyen la base empírica de este estudio y representan la
diversidad territorial, generacional, étnica y narrativa del municipio.
Criterios
de Selección
Los narradores orales fueron seleccionados mediante un
proceso que priorizó: (a) la diversidad territorial, buscando representatividad
tanto de zonas urbanas (comunas 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7) como rurales (corregimientos
de Zaragoza, Piedras de Moler, Modín, El Badeal, Guayabito); (b) el reconocimiento
comunitario como portadores de memoria y tradición oral en sus territorios; (c)
la especialización narrativa, identificando trovadores, cuenteros, gestores
culturales y conocedores de mitos locales; (d) la disposición voluntaria para
participar en el proyecto y compartir sus saberes; y (e) la diversidad
generacional y étnica, aunque con énfasis en adultos mayores como principales
custodios de la memoria colectiva.
Caracterización
General
La investigación documentó las voces de 12 narradores
orales del municipio de Cartago, distribuidos estratégicamente en el territorio
para captar la riqueza y diversidad de la oralidad cartagüeña. La distribución
territorial incluye representantes de las comunas 1 (La Esperanza), 3 (Santa
María/Pinares), 4 (centro urbano), 5 (centro urbano), 6 (sector
afrodescendiente), 7 (Parque de la Isleta/Zaragoza), así como de los
corregimientos rurales de Piedras de Moler, El Badeal (Privilegio), Guayabito y
Argelia.
La mayoría de los entrevistados son adultos mayores (60+ años), portadores de
una memoria que abarca desde mediados del siglo XX hasta el presente.
Etnográficamente, el grupo incluye población afrodescendiente, campesina,
mestiza y con herencia indígena, reflejando la diversidad cultural del norte del
Valle del Cauca.
En cuanto a sus roles y oficios, los salvaguardas ejercen como trovadores,
narradores orales profesionales, gestores culturales, archivistas, museógrafos,
teatreros, poetas y líderes comunitarios. Sus especialidades narrativas abarcan
la trova tradicional paisa, cuentos de terror y espantos, mitos y leyendas
locales (cuevas del Padre Martínez, La Llorona, la momia de María de la Cruz),
historia oral familiar y comunitaria, memoria de oficios tradicionales
(arriería), espiritualidad y rituales ancestrales indígenas y
afrodescendientes, y poesía costumbrista.
Perfiles
Individuales
Gloria
Amparo Murillo Lloreda
Ubicación:
Comuna
6, Cartago
Lugar de origen: Chocó (llegó a
Cartago a los 9 años)
Rol comunitario: Líder comunitaria
afrodescendiente y promotora cultural
Especialidad narrativa: Memoria
afro, espiritualidad, gastronomía y oralidad comunitaria
Gloria es una líder comunitaria afrodescendiente
nacida en el Chocó que llegó a Cartago a los nueve años, donde se desarrolló en
la comunidad de La Arenera. Vivió cerca del puente viejo y fue testigo de la
transformación urbana de Cartago. Es reconocida por su trabajo en la
visibilización de la espiritualidad afrodescendiente, participando activamente
en la creación de la primera misa afro en la catedral de Cartago junto a
Monseñor Luis Madrid Merlano, evento que marcó un hito en el reconocimiento de
la cultura afro en el municipio.
Gloria es portadora de la memoria de espacios
emblemáticos de encuentro afro como La Tropicana y La Ceiba (bailadero
salsero), lugares que fueron centrales para la comunidad afrodescendiente. Su
narrativa se caracteriza por enfatizar la oralidad en múltiples dimensiones: en
la gastronomía (donde se transmiten máximas, versos e ingredientes
espirituales), en la comunicación familiar, y en la construcción de identidad
cultural. Defensora incansable de la palabra como herramienta de construcción
de paz y diálogo, Gloria invita a las familias a recuperar la oralidad en sus
vidas cotidianas para mantener viva la memoria y fortalecer los lazos
comunitarios.
César
Alberto Montoya
Ubicación:
Comuna
5, Cartago
Lugar de origen: Cartago Viejo
Pereira (retornó a Cartago a los 9 años)
Rol comunitario: Narrador oral,
actor y gestor cultural
Especialidad narrativa: Teatro,
cuentería, historia local y patrimonio inmaterial
César es fundador del grupo de teatro La Catarsis
(1994) y ha dedicado su vida a la narración oral y las artes escénicas en
Cartago. Admirador del poeta Mario Benedetti, adaptó poesía a cuentos y
desarrolló un estilo narrativo que combina lo conversacional con lo escénico.
Formó parte del colectivo "La Papaya Partía" en Bogotá, donde se
enfocó en la recuperación de historias populares, influenciado por el trabajo de
David Sánchez Juliao. Su narrativa se adapta según el público, generando
empatía y conexión mediante la improvisación y construcción de personajes.
César es guardián de historias olvidadas de Cartago,
especialmente la leyenda de la momia de María de la Cruz y las narrativas sobre
el Padre Martínez Valverde. Reconoce a figuras históricas como Saban Mandinga y
Diego Álvarez como referentes de la memoria cartagüeña. Su trabajo se
caracteriza por mantener viva la línea ética de los cuentos, reconociendo
siempre su origen mientras les da su propio toque narrativo. César enfatiza la
importancia de los olores de Cartago (carambolo, cacao, tabaco) como elementos
identitarios y ha explorado esta dimensión sensorial en sus obras teatrales.
Defiende la memoria frente a la globalización, considerando la palabra como
herramienta fundamental para salvaguardar el patrimonio inmaterial.
Gustavo
Gutiérrez
Ubicación:
Piedras
de Moler (vereda a orillas del río La Vieja)
Lugar de origen: Anserma, Caldas
(familia de arrieros)
Rol comunitario: Trovador, poeta
costumbrista y maestro de trova
Especialidad narrativa: Trova
tradicional paisa, poesía costumbrista y memoria arriera
Gustavo proviene de una familia de arrieros que
transportaban mercancías entre Anserma, Cartago, El Cairo y Argelia. Se enamoró
de la trova desde pequeño gracias a su abuelo paterno, quien era trovador.
Fundó una escuela de trova en Cartago donde ha formado a varios trovadores
reconocidos nacional e internacionalmente, incluyendo a "El Orejón
Pelusa". Ha recibido reconocimientos en diversos lugares y ganó un
concurso literario en Cuba. Conocedor de la obra de Mario Tierra, folclorólogo
y trovador de Antioquia, Gustavo posee una amplia colección de poesía
costumbrista.
Gustavo es custodio de la memoria arriera del norte del
Valle del Cauca y portador de mitos fundacionales de la región, como la
historia del origen del nombre del río La Vieja (sobre una india que lavaba
ropa y fue atacada por soldados). Su estilo narrativo incorpora la exageración
y la "mentira" como recursos literarios legítimos de la tradición
oral, utilizándolos para hacer más interesantes e impactantes sus relatos.
Mantiene viva la jerga paisa en sus narrativas y considera su responsabilidad
como trovador fundamental para preservar esta modalidad oral. Su ubicación
junto al río La Vieja le permite mantener una conexión profunda con el
territorio y sus historias.
Jaiver
Valencia
Ubicación:
Comuna
4, Cartago
Lugar de origen: Alcalá, Valle del
Cauca
Rol comunitario: Narrador oral,
teatrero y gestor cultural
Especialidad narrativa: Cuentos de
terror, narrativa contemporánea y teatro
Jaiver creció en Alcalá en una finca sin luz eléctrica
donde su abuelita le contaba historias de terror a la luz de la vela y de la
fogata. Su padre, quien no sabía leer ni escribir, le contaba historias del
ejército y sus experiencias militares. Esta inmersión temprana en la oralidad
marcó profundamente su desarrollo. Se involucró en teatro y cuentería a través
del colegio y posteriormente trabajó en Confandy, donde se conectó con otros
narradores y cuenteros. Su formación teatral le ha permitido desarrollar
técnicas de preparación corporal y vocal para sus narraciones.
Jaiver destaca la conexión histórica entre Cartago y
Alcalá, y cómo percibía a Cartago como un pueblo colonial y
"macondiano" en su infancia. Entre sus cuentos más representativos
está "La historia de nadie", que trata sobre la guerra y su absurdo,
permitiéndole reflexionar sobre la transición de Colombia antes y después del
proceso de paz. También narra "El árbol más grande del mundo", que
adapta localmente como si ocurriera en Cartago. Su ritual de preparación
incluye escuchar primero, ejercicios de respiración y generación de hormonas.
Enfatiza el poder educativo, filosófico y ético de la oralidad, y advierte
sobre cómo la tecnología y la falta de atención están afectando la capacidad de
escuchar y hablar.
Omar
Díaz Cardona (Juan Sin Miedo)
Ubicación:
Comuna
3, Cartago
Lugar de origen: Cartago Valle
Rol comunitario: Narrador oral
profesional y tallerista
Especialidad narrativa: Cuentos de
espantos, mitos locales y personaje campesino
Omar, conocido artísticamente como "Juan Sin
Miedo", creció en el barrio Santa María donde las historias de espantos
eran parte de la cotidianidad: huacas en el humedal de Pinares 1, el duende en
el lote de sandías, y las tradiciones navideñas de visitar pesebres. Su madre
era profesora de teatro y lo entrenó desde pequeño en representaciones
escolares. Comenzó a contar cuentos formalmente después de talleres con maestros
como Jorge Emilio Salazar, quien le enseñó un ritual místico basado en teatro
de los sentidos. Ha impartido talleres de narración en Cartago, aunque lamenta
la falta de recursos y continuidad.
Omar ha construido un personaje campesino completo
para sus narraciones: Juan Sin Miedo lleva pipa, bastón y sombrero, y habla en
jerga campesina. Su ritual pre-narración incluye calentamiento vocal,
ejercicios de respiración y relajación. Describe la experiencia de contar
cuentos como un "orgasmo divino", especialmente cuando el público se
sumerge en las historias. Es conocedor profundo de las leyendas de Cartago: el
cura sin cabeza, la casa del virrey y el fantasma de Marianita (mujer
momificada), el puente Ana Caro donde aparece una monja, y las apariciones en
el río La Vieja (La Llorona y Moana). Critica el uso excesivo de la tecnología
y su impacto en la capacidad de escuchar y hablar de las nuevas generaciones.
Alexander
Moriones Agudelo (Guardián de la Palabra)
Ubicación:
Zaragoza,
Cartago
Lugar de origen: Cartago (Cra 4ta “Calle
Real”, El Palatino)
Rol comunitario: Narrador oral,
co-investigador del proyecto
Especialidad narrativa: Narrativa
contemporánea, mitos locales, teatro y gestión cultural
Alexander, conocido como "Guardián de la
Palabra", creció cerca al Parque de la Isleta donde los patios de las
casas eran espacios de encuentro y narración de historias, especialmente
alrededor del palo de carambolo. Su padre siempre contaba historias, pero
Alexander no se consideró narrador hasta 2018, cuando participó en festivales
de teatro y tomó talleres con el maestro Omar Díaz, quien le dio confianza para
iniciar su carrera. Participó en el proyecto "La Legión del Afecto",
lo que lo inspiró a crear su marca como narrador. Además de ser narrador, es
uno de los investigadores principales de este proyecto.
El nombre "Guardián de la Palabra" combina
la imagen de un cuervo con la idea de ser custodio de historias y reunir
personas para narrar en comunidad. Su ritual de preparación incluye respiración
vocal, calentamiento de voz y la presencia de fuego (velas, incienso, tabaco),
elementos que relaciona profundamente con la palabra. Describe la narración
como una "droga" que genera energía grupal. Entre sus cuentos
representativos están "La caja de madera labrada" (surgido en taller
con Omar Díaz) y de su inspiración "Tatayamba" (de origen Quimbaya).
Alexander enfatiza que la palabra era vital en tiempos pasados y que regresar a
esos orígenes es crucial para la identidad. Conocedor del mito de la mula con
candela y cadenas de la calle cuarta, el Cristo quemado y las cuevas del Padre
Martínez.
Juan
Carlos Posada Penilla (Vintabara)
Ubicación:
Comuna
7
Lugar de origen: Medellin Antioquia
(con ascendencia francesa e indígena)
Rol comunitario: Narrador ancestral,
ritualista y portador de memoria indígena
Especialidad narrativa: Rituales
ancestrales, mitos indígenas, herencia Quimbaya
Juan Carlos Posada, conocido como Vintabara, proviene
de una familia con raíces diversas: su tatarabuelo Ramón Elías Penilla Wilkin
llegó desde Francia, mientras que por parte de su abuela Rosa tiene herencia
ancestral indígena. Creció en un Cartago lleno de árboles frutales donde los
niños podían recoger frutos libremente y las calles no estaban pavimentadas.
Vivió la bonanza cafetera que hizo de Cartago un epicentro comercial. Recuerda
las tradiciones familiares con música campesina y presencia de instrumentos
ancestrales durante las fiestas navideñas.
Vintabara es quizás el único portador activo de
memoria y rituales indígenas en Cartago, sintiéndose "solitario en su
búsqueda de la raíz indígena". Utiliza un bastón ceremonial con el cóndor,
el águila y la serpiente para convocar a los ancestros. Su voz y movimientos
corporales cambian al contar historias, entrando en un estado ritualístico. Es conocedor
profundo del mito de Bochica y el origen del cóndor sagrado, y de las siete
colinas de Cartago donde habitaron las comunidades Quimbaya tardío. Vintabara
se define como "transformador de mundos posibles y fantásticos",
enfatizando que la palabra y las tradiciones permiten vivir en un mundo
espiritual ancestral. Critica la dilución de las tradiciones aborígenes y busca
revivirlas, aunque reconoce que la comunidad afro tiene más presencia visible
en Cartago.
Luis
Fernando Navarro
Ubicación:
El
Privilegio (Badeal), zona rural de Cartago
Lugar de origen: Cartago (familia
paisa y libanesa)
Rol comunitario: Gestor cultural,
museógrafo y promotor del turismo rural
Especialidad narrativa: Historia
oral comunitaria, turismo cultural y memoria del territorio
Luis Fernando convirtió una circunstancia difícil (la
separación de sus padres) en algo positivo al irse a vivir con sus abuelos en
el centro de Cartago. Su casa tenía el único teléfono de la cuadra, lo que la
convirtió en punto de encuentro donde todo viajero paraba a saludar,
manteniéndolo actualizado de lo que pasaba en Colombia y el mundo. Esta
experiencia le permitió aprender de la oralidad de todas las personas que
transitaban. Vivió varias generaciones en Cartago, descendiente de familias
paisa y libanesa.
Luis Fernando mantiene viva la memoria de un Cartago
muy rural, recordando ver muchos animales dentro de la ciudad. Es promotor del
turismo cultural y las narrativas del territorio, trabajando en El Privilegio
para conectar la historia local con el turismo sostenible. Su experiencia única
de haber vivido en "el centro de información" de Cartago (la casa del
teléfono comunitario) le dio acceso privilegiado a múltiples historias y
memorias de viajeros y comunidad. Conserva el amor a la tierra y al campo,
valores que busca transmitir a las nuevas generaciones. Su trabajo combina la
gestión cultural con la preservación de la memoria territorial del sector
rural.
María
Isabel Espinosa Hincapié (La novia del rio Cauca)
Ubicación:
Guayabito,
corregimiento de Cartago
Lugar de origen: Cartago Viejo
Pereira (llegó a Cartago alrededor del 2000)
Rol comunitario: Escritora, teatrera
y narradora oral
Especialidad narrativa: Poesía,
teatro social y narrativa del río Cauca
María Isabel llegó a Cartago alrededor del año 2000 y
encontró una ciudad tranquila y pujante con mucha distribución de productos
agrícolas. Terminó su bachillerato en Dosquebradas donde realizó la obra de
teatro "Remington 22", una pieza sobre la violencia política entre
liberales y conservadores que dejó profunda huella en ella y su comunidad. Se
instaló en Guayabito donde desarrolló su conexión profunda con el territorio,
trabajando en sus "oficinas" junto al río Cauca, rodeada de árboles
como el samán, mango y guanábano.
María Isabel tiene una relación poética única con el
territorio: considera que sus historias están escritas en las hojas de los
árboles que caen al río. Todos sus escritos, según ella, "salen con sabor
a fruta" gracias a su conexión con la naturaleza. Es portadora de la memoria
del río Cauca y sus transformaciones. Su trabajo teatral "Remington
22" abordó la violencia bipartidista de manera impactante, mostrando cómo
asesinaban a dos hijos (Jorge conservador y Gustavo liberal) con ataúdes de
colores partidistas y cortejo fúnebre segregado. María Isabel saborea la
palabra y tiene "la lengua afilada para la poesía", como ella misma
expresa. Participa activamente en espacios de socialización cultural y
considera afortunado escribir rodeada de la naturaleza.
Humberto
Escobar (Leo Bicis)
Ubicación:
Museo
Rural de las Bicicletas, zona rural de Cartago
Lugar de origen: Argelia, Valle del
Cauca
Rol comunitario: Museógrafo,
coleccionista y narrador de oficios tradicionales
Especialidad narrativa: Historia de
oficios tradicionales, arriería y cultura material
Conocido como "Leo" por su nombre y
"Bicis" por las bicicletas, Humberto es hijo de un cacharrero que
viajó desde Río Negro, Antioquia hasta Cartago, Alcalá y Argelia con una maleta
de piel de cocodrilo. Su padre fue una persona visionaria, "echada para
adelante", que pensaba hacia el futuro. Con el tiempo su familia adquirió
tierras en Argelia y su padre montó un negocio. Humberto creció escuchando las
historias de los viajes de su padre y observando cómo los oficios tradicionales
transformaban el territorio.
Leo Bicicletas ha creado un museo rural único dedicado
a las bicicletas y objetos de la cultura material del norte del Valle. Su museo
es un archivo vivo de la memoria de los oficios tradicionales, especialmente el
de los cacharerosque recorrían la región. Recuerda el Cartago antiguo desde la
Plaza de Armas y conserva la memoria de los recorridos comerciales que
conectaban Antioquia con el Valle. Su apellido y museo son testimonio de cómo
los objetos cotidianos (las bicicletas, las maletas de cocodrilo) portan
historias y memorias colectivas. Representa la memoria de los oficios
itinerantes que construyeron el tejido comercial y cultural de la región.
Jaime
Andrés Rivera López
Ubicación:
Comuna
1, Barrio La Esperanza, Cartago
Lugar de origen: Cartago
Rol comunitario: Narrador oral y
explorador urbano paranormal
Especialidad narrativa: Mitos
urbanos, cuevas del Padre Martínez y exploración territorial
Jaime creció en el barrio La Esperanza, al lado de una
loma grande en las afueras de Cartago. Su infancia estuvo marcada por la
exploración: jugaban en la loma hasta tarde, escuchando los "misterios de
las montañas". De niño se iba de explorador a las cascadas y cuevas,
especialmente las famosas cuevas del Padre Martínez (por el lado del Ortés) y
otra cueva que quedaba por los lados de Aguaparca. Pertenece a una generación
que salía a la calle hasta tarde, jugaba, corría y era criada con historias de
espantos para asegurar el buen comportamiento.
Jaime es portador de la memoria de las amenazas y
cuentos que marcaban a los niños: "entre se lo asusta" era una frase
común, amenazando con que les jalarían las piernas de noche o se los llevaría
el diablo si se portaban mal. Su conocimiento profundo de las cuevas del Padre
Martínez y los espacios liminales de Cartago (montañas, cuevas, cascadas) lo
convierten en narrador de los espacios ocultos y misteriosos de la ciudad.
Representa una generación que tuvo libertad de exploración física del
territorio, contrastando con la actual generación "perdida en la
tecnología". Su barrio, La Esperanza, está cargado de historias de la loma
y los misterios nocturnos que acompañaban a quienes crecieron ahí.
Betty
Valencia
Ubicación:
Archivo
Histórico de Cartago, Museo Casa del Virrey
Lugar de origen: Cartago
Rol comunitario: Archivista,
historiadora local y encargada del Archivo Histórico
Especialidad narrativa: Patrimonio
documental, historia institucional y memoria oficial
Betty Valencia estudió en el colegio María Auxiliadora
cuando era regentado por las monjas franciscanas, donde aprendió bordado y
costura como parte de su formación. El colegio estaba ubicado en lo que hoy es
el CAD (calle 11 con sexta) y el Palacio de Justicia, edificios que guardan la
memoria educativa de Cartago. Creció en una familia numerosa donde su padre les
compró todas las enciclopedias para que no tuvieran que salir a buscar
información. Es encargada del Archivo Histórico de Cartago ubicado en el Museo
Casa del Virrey.
Betty es guardiana del patrimonio documental de
Cartago y puente entre la memoria oral y la escrita. Recuerda la famosa retreta
en el parque de Bolívar los domingos, donde músicos municipales con
instrumentos gigantescos agrupaban a la comunidad. Vivió una infancia donde el
conocimiento se buscaba físicamente en libros y enciclopedias, sin internet ni
celulares. Conocedora del conservatorio (fundado en 1954) y los espacios
culturales históricos de Cartago. Su trabajo en el Archivo Histórico le permite
cruzar constantemente la historia oficial con las memorias populares.
Representa la institucionalidad de la memoria, complementando las voces
comunitarias con el registro documental. Defensora de proyectos como este
porque reconoce que "la memoria que hoy está, mañana no sabemos".
Betty Valencia, encargada del Archivo Histórico
de Cartago ubicado en el Museo Casa del Virrey, representa una figura singular
en el ecosistema de la memoria cartagüeña: el puente entre patrimonio
documental y tradición oral. A diferencia de los narradores que transmiten
memoria exclusivamente oral, Betty trabaja en la intersección donde documentos
históricos se convierten en relatos narrados:
"No es la oralidad la que yo manejo
sino que es un archivo, un archivo documental, hace parte del patrimonio
documental, eso es escrito, es un archivo oficial. Que se ha producido en
Cartago y dentro de esos registros, por ejemplo, tenemos la notaría y en la
notaría pues aparecen compras, ventas, traspasos, todo lo que tiene que ver con
la afrocolombianidad." (Betty Valencia, 2025)
Sin embargo, su práctica cotidiana consiste
precisamente en oralizar ese patrimonio escrito. En los recorridos por
la Casa del Virrey, Betty traduce documentos coloniales a narrativas accesibles
para visitantes, operando lo que podría llamarse una mediación oral del
archivo:
"Prácticamente entramos como en un
túnel del tiempo, nos regresamos al siglo XVIII a finales, y ahí mismo surgen
preguntas también por parte de ellos, más el guión que nosotros tenemos sobre
la casa, porque hay unas salas que están identificadas a nivel de museo y cada
sala tiene una temática diferente." (Betty Valencia, 2025)
Esta práctica revela que la oposición
tajante entre oralidad y escritura es analíticamente útil pero empíricamente
porosa: los documentos de archivo cobran vida social cuando son narrados; las
narrativas orales adquieren legitimidad cuando se verifican documentalmente.
Betty funciona como bisagra entre estos dos regímenes de memoria, aportando a
las narrativas populares el respaldo del registro oficial, y a los documentos
fríos la calidez de la transmisión oral.
Cartografía
Narrativa de la Memoria
Los doce salvaguardas entrevistados configuran una
cartografía polifónica de la memoria oral cartagüeña, donde cada territorio
aporta su especificidad narrativa:
La zona rural se revela como depositaria de las tradiciones más arraigadas:
Piedras de Moler preserva la trova paisa y la memoria arriera; El
Badeal/Privilegio mantiene viva la conexión con el turismo cultural y los
rituales ancestrales indígenas; Guayabito custodia la poesía del río Cauca y la
memoria agrícola; y el Museo de las Bicicletas en zona rural documenta
materialmente los oficios tradicionales.
La zona urbana presenta diversidad de memorias según sus comunas: la Comuna 6
es epicentro de la memoria afrodescendiente y espacios de encuentro como La
Tropicana; la Comuna 5 alberga el teatro y la cuentería profesional; la Comuna
4 concentra narradores contemporáneos que fusionan tradición y actualidad; la
Comuna 3 (Santa María/Pinares) preserva los mitos de espantos y humedales; la
Comuna 1 (La Esperanza) custodia las exploraciones juveniles y mitos de las
cuevas; y la Comuna 7, que incluye el Parque de la Isleta y conecta con
Zaragoza, es cuna de narradores contemporáneos y gestores culturales.
Transversalmente, todos los salvaguardas comparten narrativas comunes como las
cuevas del Padre Martínez, el río La Vieja, La Llorona, el Cristo quemado, los
olores identitarios (carambolo, cacao, tabaco) y la retreta dominical. Sin
embargo, cada uno aporta matices únicos desde su ubicación: la trova campesina
no se narra igual junto al río La Vieja que en el centro urbano; la memoria
afro tiene espacios específicos (La Tropicana, la misa afro); los mitos
indígenas sobreviven principalmente en la zona rural; y los espantos urbanos
(huacas, duendes) difieren de los rurales (patasola, mula cuaresma).
Esta distribución territorial revela que la oralidad cartagüeña no es homogénea
sino que se configura como un mosaico donde el territorio determina qué se
cuenta, cómo se cuenta y para qué se cuenta. La investigación logró capturar
esta diversidad, asegurando que ninguna voz quedara fuera del registro.
Betty Valencia aporta una dimensión
histórica crucial para comprender la multiculturalidad cartagüeña, documentada
en los archivos que ella custodia:
"Aquí no todo era español. Antes
estaban los indígenas, eran los cumbales, los antiguos habitantes de este
territorio, pero también llegaron los afro. Entonces aquí nos juntamos tres
culturas." (Betty Valencia, 2025)
Esta tríada cultural (indígena-española-africana)
se materializa en los documentos de la Casa del Virrey, donde Betty ha
encontrado evidencia de la presencia esclavizada:
"En esta casa, por la relación de
los bienes, aparecen relacionados dentro de los bienes los esclavos, así como
él tenía libros, ganado, pero también se tiene esclavos. Entonces están los
nombres, las edades y los valores. Aquí había nueve en esta casa. Pero por la
época en que hacen el inventario de bienes, hay esclavos en condición de
esclavizado pero también hay libres, porque son menores que después de la ley
de 1821, porque ya estamos hablando de la república. Entonces aquí convivieron
esclavizados y libres." (Betty Valencia, 2025)
Particularmente reveladora es la historia de
solidaridad entre María Josefa y una esclava de la casa:
"María Josefa dice que a ella le
faltó alimento y que una esclava en particular —tengo hasta el nombre— de hecho
le da la libertad a través del testamento a ella y a sus hijos, porque ella la
asistió cuando ella estuvo necesitada de alimentos y no los tenía. Entonces no
es esa relación tan difícil que también se da, el maltrato, sino al contrario:
hubo un apoyo por parte de la esclava hacia su ama, y ella la recompensa
dándole la libertad a ella y a sus hijos." (Betty Valencia, 2025)
Este testimonio revela que las relaciones
interraciales en la Cartago colonial no eran monolíticamente opresivas:
existían fisuras, solidaridades inesperadas, negociaciones. La manumisión como
agradecimiento por cuidados recibidos ilustra economías morales que operaban al
margen de la lógica esclavista. Betty concluye: "Estamos construyendo
una historia que no es particular ni de Cartago ni de esta casa, sino que se
enmarca dentro de lo que fue la cultura afro en una ciudad." (Betty
Valencia, 2025)
|
Nombre |
Ubicación |
Especialidad Narrativa |
Fecha Entrevista |
|
Gloria Amparo
Murillo Lloreda |
Comuna 6 |
Memoria afro,
espiritualidad |
2025 |
|
César Alberto Montoya |
Comuna 5 |
Teatro, cuentería, historia local |
2025 |
|
Gustavo
Gutiérrez |
Zona Rural / Piedras de Moler |
Trova, poesía
costumbrista |
2025 |
|
Jaiver Valencia |
Comuna 4 |
Cuentos de terror, teatro |
2025 |
|
Omar Díaz (Juan Sin Miedo) |
Comuna 3 |
Espantos, mitos
locales |
2025 |
|
Alexander
Moriones (Guardián De la Palabra) |
Zona Rural /Zaragoza |
Teatro,
cuentería ancestral, mitos, historia local |
2025 |
|
Juan Carlos
Posada (Vintabra) |
Comuna 7 |
Rituales
ancestrales indígenas, mitos |
2025 |
|
Luis Fernando Navarro |
Zona Rural /El Badeal |
Turismo cultural, memoria rural |
2025 |
|
María Isabel Espinza (la Novia Del Rio
Cauca) |
Zona Rural Guayabito
Cauca |
Poesía, narrativa del río |
2025 |
|
Humberto Escobar (Leo Bicis) |
Zona rural / Modín |
Oficios tradicionales, arriería |
2025 |
|
Jaime Andrés
Rivera |
Comuna 1 |
Mitos urbanos,
cuevas, parasicologia |
2025 |
|
Betty Valencia |
Comuna 2 |
Patrimonio documental, historia |
2025 |
Nota:
Las
fechas exactas de cada entrevista se encuentran documentadas en las
transcripciones completas (Anexo 4) y en las bitácoras de campo (Anexo 5).
RESULTADOS
CARTAGO
NARRADA - VOCES, TERRITORIOS Y MEMORIAS DE LA ORALIDAD
Introducción a los Hallazgos
El
trabajo de campo etnográfico realizado en el municipio de Cartago entre los
meses de septiembre y noviembre de 2025 permitió documentar un universo
narrativo de extraordinaria riqueza y complejidad. A través de entrevistas en
profundidad con narradores orales de zonas rurales y urbanas, se accedió no
solo a repertorios de relatos específicos, sino a comprensiones profundas sobre
el rol de la oralidad en la construcción de identidades territoriales, la
transmisión intergeneracional de memoria, y la negociación constante entre
tradición y cambio en contextos contemporáneos.
Los
narradores entrevistados representan una diversidad significativa de perfiles,
trayectorias y estilos narrativos. Desde trovadores rurales cuyas raíces se
hunden en la cultura arriera del norte del Valle, hasta narradores urbanos que
han transitado por el teatro y la gestión cultural; desde voces
afrodescendientes que recrean mitos del Chocó en el contexto cartagüeño, hasta
adultos mayores que custodian memorias de transformaciones urbanas profundas.
Esta diversidad enriquece el análisis y permite comprender la oralidad
cartagüeña no como fenómeno homogéneo, sino como campo heterogéneo donde
confluyen múltiples tradiciones, influencias y adaptaciones.
El
análisis temático de las transcripciones, complementado con observación participante
y bitácoras de campo, permitió identificar seis dimensiones analíticas
fundamentales que estructuran los resultados: (1) la inscripción territorial de
la memoria oral, (2) los espacios comunitarios como escenarios de narración,
(3) los repertorios narrativos y sus funciones sociales, (4) los procesos y
agentes de transmisión intergeneracional, (5) las transformaciones y amenazas a
la tradición oral, y (6) la reflexividad de los narradores sobre su propio rol
cultural.
Cada una
de estas dimensiones será desarrollada a continuación, articulando las voces de
los narradores con los marcos conceptuales que orientan la investigación, y
construyendo interpretaciones que iluminen tanto las particularidades de la
oralidad cartagüeña como sus resonancias con fenómenos culturales más amplios.
Territorialidad de la Memoria: Lugares que Narran y
Narraciones que Construyen Lugares
Uno de
los hallazgos más consistentes y significativos de esta investigación es la
profunda imbricación entre narrativa oral y territorio. Los relatos no flotan
en el vacío abstracto, sino que están anclados a lugares específicos que
funcionan simultáneamente como escenarios, personajes y soportes materiales de
la memoria. Más aún, los narradores no solo cuentan historias sobre lugares, sino
que mediante sus narrativas construyen activamente significados territoriales,
configuran geografías afectivas y resisten simbólicamente transformaciones del
espacio que amenazan los marcos sociales de la memoria.
El Río La Vieja: Eje Fluvial de la Memoria
El río La
Vieja emerge en múltiples entrevistas como referente territorial fundamental,
eje que articula tanto la geografía física del norte vallecaucano como el
imaginario narrativo cartagüeño. Gustavo Gutiérrez, trovador y narrador de
Piedras de Moler, habita literalmente a orillas del río, y su entrevista se
realizó en este espacio liminal donde el agua, la vegetación y la memoria
fluyen entrelazadas.
La
relación de los narradores con el río trasciende lo descriptivo o anecdótico
para adentrarse en dimensiones míticas y fundacionales. Gustavo narra la
leyenda del origen del nombre del río: una historia de violencia colonial que
queda inscrita en la toponimia, transformando un evento traumático en marca
permanente del territorio. Esta narrativa ilustra lo que Maurice Halbwachs
(2004b) identificaba como la capacidad de los grupos sociales de inscribir su
memoria en el espacio, dotando a los lugares de significados que trascienden su
materialidad física.
Para
Gloria Amparo Murillo Lloreda, narradora afrodescendiente de la zona urbana, el
río aparece como espacio de sociabilidad comunitaria asociado a prácticas de
recreación popular. Ella evoca "la isla", lugar al que las familias
acudían los domingos para compartir ollas comunitarias, nadar y convivir. Este
espacio, que funcionaba como territorio de encuentro intercultural y de
fortalecimiento de lazos vecinales, constituye lo que Marc Augé (1992) denomina
un "lugar antropológico": identitario, relacional e histórico, en
contraposición a los "no-lugares" de la sobremodernidad.
El
testimonio de Gloria es particularmente revelador de cómo los lugares sostienen
memorias específicas de clase y raza:
"Yo
recuerdo que había un espacio muy lindo que era los domingos uno irse para un
sitio que se llama la isla, la llamaban la isla y ahí a todas las familias nos
íbamos todos los vecinos... nos íbamos con unas ollas grandototas toda la
familia... y a nadar... y los adultos a tomar chicha porque ese era como la
bebida espirituosa más barata pero que nunca permitió que hubiera un problema
ni nada, porque era un paseo de familia."
Esta
narración condensa múltiples dimensiones: el río como espacio de
democratización social (distintas familias conviviendo), la comensalidad como
práctica de cohesión comunitaria (la olla compartida), y una forma de
recreación popular que prescindía de espacios comerciales. La desaparición o
transformación de estos espacios no es meramente un cambio paisajístico, sino
la erosión de marcos espaciales que sostenían formas específicas de memoria y sociabilidad.
La Cartago Desaparecida: Nostalgia y Crítica en las
Geografías Narradas
Múltiples
narradores construyen en sus relatos una "Cartago de antes" que
contrasta con la "Cartago de ahora", ejerciendo lo que podría
interpretarse como una crítica cultural mediada por la nostalgia. Sin embargo,
reducir estas narrativas a mera añoranza sería empobrecer su complejidad. Como
señala Svetlana Boym (2001), existe una diferencia crucial entre nostalgia
restauradora (que busca reconstruir literalmente el pasado perdido) y nostalgia
reflexiva (que utiliza el pasado como punto de vista crítico sobre el
presente). Las narrativas cartagüeñas participan fundamentalmente de este
segundo tipo.
Gloria
Murillo describe la Cartago de su llegada como niña con extraordinario detalle
sensorial:
"Vivíamos
en una casita que estaba hecha como al pie del puente viejo... y eso estaba
permeado por todas las pilas de arena del balastro... eso nos llevó a que
pudiéramos recorrer Cartago a pie, porque como veníamos de un pueblo pequeño
llegar a Cartago, un pueblo grande que tenía unos automóviles... que para uno
era una novedad... eso le dio la posibilidad de conocer a Cartago, de
recorrerse... recorrer la arenera, de unirse al río."
Esta
descripción construye una topografía afectiva donde el espacio urbano se
experimentaba corporalmente, a pie, en recorridos que permitían el conocimiento
íntimo de calles, vecindarios y lugares. La movilidad peatonal emerge como
práctica de apropiación territorial radicalmente distinta de la movilidad
vehicular contemporánea. Michel de Certeau (1984) distinguió entre
"lugar" (orden según el cual los elementos se distribuyen) y
"espacio" (lugar practicado): caminar la ciudad es transformar el
lugar en espacio, activarlo mediante prácticas corporales que lo dotan de
significado.
La
galería (mercado municipal) aparece recurrentemente como espacio emblemático de
la Cartago recordada. Gloria narra:
"Llegar
a la galería... era un sitio también un punto de encuentro, un punto de convergencia
de la gente y yo me acuerdo que en ese entonces lo que ahora es muy caro, usted
compra ahora el hígado y es muy caro, o sea las vísceras ahora se volvieron muy
caras, eso lo regalaban en la galería... era la ñapa y mejor dicho era el
mandado que uno hacía."
Esta
narrativa opera en múltiples niveles. A nivel literal, documenta
transformaciones económicas (lo que era ñapa ahora es mercancía cara). A nivel
simbólico, la galería funciona como sinécdoque de una economía moral distinta,
donde existían prácticas de reciprocidad y redistribución que mitigaban
desigualdades. A nivel sociológico, la galería era "punto de
convergencia", espacio de encuentro entre diferentes sectores sociales en
torno al aprovisionamiento alimentario.
La
desaparición o transformación de estos espacios no solo modifica el paisaje
urbano, sino que erosiona lo que Pierre Nora (1984) llamó "lugares de
memoria" (lieux de mémoire): sitios donde se cristaliza y refugia
la memoria colectiva. Para los narradores, la galería, el río, los bailaderos
populares y otros espacios ya desaparecidos o transformados radicalmente,
funcionaban como tales lugares de memoria que ahora solo existen en el relato
oral.
Olores de Cartago: Memoria Sensorial del Territorio
Un
hallazgo particularmente significativo es la recurrencia de referencias a los
olores característicos de Cartago en las narrativas de los entrevistados. César
Alberto Montoya, narrador y teatrero urbano, construye una verdadera
cartografía olfativa de la ciudad:
"Cartago
por sus olores. Cartago es una ciudad aún en algunas partes todavía huele a
carambolo, huele a cacao, huele a tabaco. Las grandes tabacaleras de Colombia
quedaban en Cartago... entonces obviamente los sacaban en las calles... Tú
pasas a calle cafés, unos olores en Cartago... el jazmín de la noche... Tú
tomas otra ciudad y hueles a eso y hueles a Cartago."
Esta
construcción sensorial del territorio conecta con perspectivas fenomenológicas
sobre el espacio vivido. Para Maurice Merleau-Ponty (1945), el espacio no es
contenedor vacío sino dimensión existencial que se experimenta corporalmente a
través de todos los sentidos. El olfato, sentido profundamente ligado a la
memoria emocional por sus conexiones neurológicas directas con el sistema
límbico, funciona como vehículo privilegiado de evocación.
Los
olores mencionados por César (carambolo, cacao, tabaco, jazmín de la noche) no
son aleatorios: refieren a la historia económica y productiva de Cartago
(tabacaleras, cultivos frutales), a su paisaje vegetal específico, y funcionan
como marcadores de identidad territorial. Cuando César afirma "hueles a
eso y hueles a Cartago", está proponiendo una definición sensorial de la
identidad local que trasciende representaciones visuales o discursivas.
Esta
dimensión olfativa de la memoria territorial, raramente atendida en estudios
urbanos convencionales, ha sido explorada por autores como Constance Classen,
David Howes y Anthony Synnott (1994) en su trabajo sobre antropología de los
sentidos. Los olores, sostienen, no son meramente fenómenos naturales sino
construcciones culturales cargadas de significados sociales, clasificaciones
morales y emociones colectivas.
Expansión de la Cartografía Sensorial:
Sonidos, Movimientos y Memoria Corporal del Caminar
César Alberto Montoya no solo construye una
cartografía olfativa de Cartago sino que desarrolla una comprensión
multisensorial del territorio que integra olores, sonidos, ritmos y memoria
corporal del desplazamiento urbano. Su testimonio proporciona uno de los
análisis más sofisticados sobre geografías sensoriales en el corpus de
entrevistas, revelando cómo el territorio se inscribe en memoria mediante
experiencia sinestésica que trasciende lo puramente visual.
Paisaje Sonoro: Río, Tren y Música como
Marcadores Territoriales
Complementando su cartografía olfativa, César
identifica sonidos característicos de Cartago que funcionan como marcadores de
identidad territorial:
"El paisaje sonoro: río, tren, música de
bailaderos."
Esta referencia al "paisaje sonoro"
demuestra familiaridad (consciente o intuitiva) con conceptos de ecología
acústica desarrollados por R. Murray Schafer (1977), quien acuñó el término
"soundscape" para referir al entorno acústico como dimensión
significativa de experiencia espacial. Schafer distinguió entre sonidos
fundamentales (keynote sounds) que definen carácter acústico de un lugar,
señales (sound signals) que destacan por contraste, y marcas sonoras
(soundmarks) que identifican acústicamente una comunidad.
El río La Vieja como keynote sound:
El sonido del río, aunque puede no ser conscientemente percibido en todo
momento, constituye presencia acústica constante que define la experiencia de
habitar Cartago. Para quienes crecieron junto al río, su murmullo es tan
naturalizado que solo se hace consciente en su ausencia (cuando se viaja a
lugares sin río) o cuando alguien lo señala explícitamente. Este sonido fluvial
continuo genera lo que Pierre Schaeffer (1966) llamó "escucha
reducida": audición que, por familiaridad, se vuelve casi subliminal pero
que estructura inconscientemente experiencia temporal y emocional.
El tren como marca sonora histórica:
Aunque para la época de las entrevistas el tren ya no operaba, su sonido
(silbido, traqueteo sobre rieles, campanazos) permanece en memoria de quienes
lo experimentaron. César menciona específicamente:
"Ver la estación del tren que no estaba tan
destruida en ese momento. No me tocó el tren, pero no me tocó la destrucción de
las estaciones tan bravas."
El tren fue durante décadas marcador temporal de
vida cartagüeña: su paso regulaba horarios, su silbido señalaba momentos del
día, su llegada generaba congregación en la estación. La desaparición del tren
no solo eliminó medio de transporte sino que transformó paisaje sonoro urbano,
generando silencio donde antes había sonido característico. Esta pérdida
acústica es dimensión frecuentemente ignorada de procesos de modernización
infraestructural pero tiene impactos profundos en memoria sensorial colectiva.
Música de bailaderos como archivo sonoro de
sociabilidad: César alude a "música de bailaderos" sin
especificar géneros, pero en contexto del Valle del Cauca esto refiere
presumiblemente a salsa, música tropical, vallenato, rancheras que sonaban en
espacios de diversión popular. Estos géneros musicales no eran solo
entretenimiento sino marcadores de clase social, identidad regional y momentos
festivos. El paisaje sonoro de Cartago incluía, entonces, esta dimensión de
música amplificada que se escuchaba desde bailaderos, mezclándose con sonidos
ambientales y señalando al vecindario que había celebración.
Steven Feld (1982, 1996), en su trabajo sobre
antropología del sonido con los Kaluli de Papua Nueva Guinea, desarrolló el
concepto de "acoustemology" (acustemología): conocimiento del mundo mediante
práctica auditiva, comprensión de lugares mediante sus sonoridades
características. César, aunque no use este término académico, practica
acustemología cuando identifica Cartago mediante sus sonidos distintivos: saber
dónde se está mediante lo que se escucha.
Memoria Corporal del Caminar: Embodiment y
Conocimiento Kinestésico
César introduce una dimensión raramente articulada
en estudios sobre memoria urbana: la experiencia corporal del desplazamiento:
"Memoria corporal del caminar por la
ciudad."
Esta referencia alude a cómo el conocimiento
territorial no es solo visual o cognitivo (saber dónde están las calles en un
mapa mental) sino kinestésico-propioceptivo: conocimiento inscrito en músculos,
articulaciones, patrones de movimiento. Quien ha caminado extensamente por una
ciudad desarrolla memoria corporal de:
·
Topografías: Dónde hay
pendientes que requieren esfuerzo, dónde hay descensos que permiten relajación,
dónde el terreno es plano.
·
Distancias: Cuánto tiempo toma
llegar a lugares, no en términos abstractos de metros sino en experiencia
corporal de duración del esfuerzo.
·
Texturas: Diferencias entre
caminar por asfalto, adoquines, tierra, césped; cada superficie genera
sensaciones plantares específicas y requiere ajustes de marcha.
·
Ritmos: Velocidades
características de diferentes zonas (zonas comerciales donde se camina rápido,
parques donde se pasea lentamente, zonas residenciales con ritmos intermedios).
Tim Ingold (2004, 2011), antropólogo que ha
teorizado extensamente sobre el caminar, argumenta que conocemos lugares
mediante práctica perambulante: es caminando que tejemos líneas de movimiento
que constituyen nuestra geografía vivida. El caminar no es simplemente
desplazarse de A a B sino modo de habitar el territorio, de inscribirlo en cuerpo
y de inscribir cuerpo en él.
Para César, formado teatralmente, esta dimensión
corporal probablemente tiene resonancias específicas: el teatro enfatiza
conciencia corporal, manejo del espacio, presencia física. Su práctica teatral
lo sensibiliza hacia dimensiones somáticas de experiencia que otros podrían no
articular.
Synesthesia Territorial: Cuando Olores
Evocan Sonidos y Movimientos
La construcción multimodal del territorio por César
(olores + sonidos + kinestesia) sugiere fenómeno sinestésico donde diferentes
modalidades sensoriales se entrelazan en memoria. Oler carambolo puede evocar
simultáneamente sonido del río (porque humedales donde crecen carambolos están
junto al río), sensación corporal de caminar por zonas periurbanas donde
abundaban estos árboles, temperatura característica (los olores frutales
intensos se asocian con calor), y emociones específicas (nostalgia infantil si
carambolo estaba en patio de casa donde jugaba).
Maurice Merleau-Ponty (1945), en su fenomenología de
la percepción, argumentó que los sentidos no operan aisladamente sino
sinérgicamente: vemos-tocamos-olemos-escuchamos simultáneamente en experiencia
perceptiva integrada. La distinción analítica entre sentidos (vista, oído,
olfato, tacto, gusto) es abstracción útil pero no replica experiencia vivida,
donde modalidades sensoriales están entretejidas.
David Howes (2005), fundador del Centre for Sensory
Studies, ha documentado variación transcultural en jerarquías sensoriales:
culturas occidentales modernas privilegian vista y oído sobre otros sentidos,
mientras muchas culturas no-occidentales dan mayor importancia a olfato, tacto,
gusto. La capacidad de César de articular dimensiones olfativas, sonoras y
kinestésicas sugiere sensibilidad no completamente colonizada por hegemonía
visual-auditiva moderna.
Relación entre Sentidos y Memoria
Territorial: El Cuerpo como Archivo
La cartografía sensorial de César plantea pregunta
teórica fundamental: ¿dónde se localiza la memoria territorial? La respuesta
convencional sería "en la mente", pero el testimonio de César sugiere
que memoria territorial está inscrita corporalmente: en narices que reconocen
olores, en oídos que identifican sonidos, en piernas que recuerdan ritmos de
caminatas.
Paul Connerton (1989), en su estudio sobre memoria social,
distinguió entre "inscribing practices" (prácticas que inscriben
memoria en objetos externos: textos, monumentos) e "incorporating
practices" (prácticas que inscriben memoria en cuerpos mediante gestos,
posturas, hábitos). La memoria territorial de César es fundamentalmente
incorporating: está incorporada en su cuerpo sensorial y motor.
Esta dimensión corporal de memoria tiene
implicaciones para salvaguarda patrimonial. Si patrimonio territorial no reside
solo en edificios o paisajes sino también en capacidades sensoriales y motoras
de quienes habitan esos espacios, entonces transformaciones urbanas que alteran
sensorium (eliminación de olores característicos mediante higienización,
transformación de paisaje sonoro mediante prohibición de música en espacios
públicos, vehicularización que elimina práctica de caminar) constituyen
pérdidas patrimoniales tan significativas como demolición de edificios
históricos.
Cartago como Ciudad "Sentible":
Contra la Hegemonía Visual
La insistencia de César en dimensiones no visuales
de Cartago (olores, sonidos, sensaciones kinestésicas) opera como
contra-discurso frente a hegemonía de representaciones visuales de ciudad.
Urbanismo moderno, planificación urbana, patrimonio arquitectónico privilegian
sistemáticamente vista: mapas, fotografías, planos, renders visualizan ciudad
pero silencian sus otros sentidos.
Esta hegemonía visual tiene consecuencias políticas.
Como señala Constance Classen (1993), la modernidad occidental construyó
jerarquías sensoriales que asocian racionalidad con vista y oído (sentidos
"superiores", "objetivos", "distantes") mientras
degradan olfato, gusto y tacto como sentidos "inferiores",
"subjetivos", "animales". Esta jerarquización sensorial
legitima formas de conocimiento expertal-visual (arquitectos que diseñan desde
planos, urbanistas que planean desde mapas) sobre conocimientos
corporales-sensoriales de habitantes.
César, al articular cartografía
olfativa-sonora-kinestésica, reivindica epistemologías sensoriales subalternas:
formas de conocer ciudad que no requieren alfabetización letrada o competencia
técnica pero que capturan dimensiones experienciales esenciales. Su
conocimiento de Cartago no es menos "verdadero" o menos valioso que
conocimiento cartográfico técnico; es simplemente diferente, anclado en
experiencia vivida más que en representación abstracta.
Dimensión Performativa: Narrar el Territorio
Multisensorialmente
Cuando César narra, no solo transmite información
sobre Cartago sino que intenta evocar sensorialmente el territorio en
audiencia. Sus descripciones olfativas, sonoras y kinestésicas son esfuerzos
por hacer que quienes escuchan "huelan" carambolo,
"escuchen" río y tren, "sientan" ritmo de caminar calles
cartagüeñas.
Esta es dimensión performativa-evocativa de
narración oral que textos escritos difícilmente logran. La palabra oral,
acompañada de modulación vocal, gestualidad, expresiones faciales, permite al
narrador simular sensorialmente lo narrado. César puede "hacer" olor
de carambolo mediante chasquido de labios, inhalación profunda, expresión de
placer; puede "hacer" sonido de tren mediante onomatopeya; puede
"hacer" caminar mediante movimientos corporales.
Richard Bauman (2004) identificó esta dimensión como
clave de performance narrativa oral: capacidad de transportar audiencia a
mundos narrados mediante recursos multimodales (voz, cuerpo, gesto) que crean
ilusión de co-presencia con lo narrado. César, teatrero profesional, posee
estas competencias performativas altamente desarrolladas.
Hacia Patrimonios Sensoriales
El testimonio de César expande comprensiones sobre
patrimonio cultural inmaterial más allá de repertorios narrativos abstractos
hacia reconocimiento de dimensiones sensoriales como componentes patrimoniales.
Si Cartago "huele" de cierta manera, "suena" de cierta
manera, se "camina" de cierta manera, estas dimensiones son tan
patrimonio como sus leyendas o sus edificios coloniales.
Salvaguardar patrimonio oral, entonces, implica no
solo documentar qué se cuenta sino atender a cómo experiencias sensoriales
específicas (olores, sonidos, sensaciones corporales) están entretejidas con
narrativas y cómo su transformación o desaparición impacta capacidad de narrar
territorios. La memoria de César sobre Cartago no sobreviviría intacta si todos
los árboles de carambolo fueran eliminados, si río fuera canalizado
subterráneamente eliminando su sonido, si vehicularización total hiciera
imposible caminar ciudad.
Esto no implica conservacionismo ingenuo que
pretenda congelar ciudad en pasado idealizado, pero sí demanda que
transformaciones urbanas consideren dimensiones sensoriales y que, donde
cambios sean inevitables o deseables, se busquen estrategias para documentar y
preservar memorias sensoriales amenazadas. La narración oral, con su capacidad
performativo-evocativa, constituye tecnología privilegiada para este tipo de
preservación: mientras César pueda narrar olores, sonidos y caminatas de
Cartago, algo de ese sensorium perdido permanecerá accesible a nuevas generaciones
que no lo experimentaron directamente.
Espacios Míticos: Cuevas, Puentes y Casas
Embrujadas
Más allá
de los espacios reales documentados históricamente, las narrativas cartagüeñas
están pobladas de lugares míticos que ocupan posiciones liminales entre lo
verificable y lo imaginario. Las "cuevas del Padre Martínez" emergen
recurrentemente en múltiples entrevistas como topos narrativo que condensa
dimensiones históricas, económicas y sobrenaturales.
Gloria
Murillo menciona las cuevas en el contexto de las advertencias maternas:
"Veamos
las pobrecitas, no se dejen llevar de los amigos que se vayan por allá que por
el río, porque por ahí hay unas cuevas, las cuevas del padre Martínez, de las
cuevas nada más con que le dijeran a uno cuevas ya uno estaba muerto del
susto."
Omar Díaz
(Juan Sin Miedo) narra una experiencia más directa:
"Un
señor lo llevó a explorar las cuevas del Padre Martínez, donde supuestamente
había oro."
Estas
narrativas sobre las cuevas operan simultáneamente en varios registros. A nivel
literal, refieren probablemente a cavidades reales en la geografía cartagüeña.
A nivel histórico, conectan con narrativas coloniales y republicanas sobre
tesoros ocultos (el Padre Martínez habría sido un cura que escondió riquezas).
A nivel pedagógico, funcionan como dispositivo de control social, especialmente
sobre niños y jóvenes: el miedo a las cuevas limitaba la movilidad y los
comportamientos riesgosos.
Desde una
perspectiva psicoanalítica, las cuevas podrían interpretarse como espacios liminales
que simbolizan lo inconsciente, lo prohibido, lo peligroso pero también lo
fascinante. Claude Lévi-Strauss (1962) señaló que los mitos operan mediante
oposiciones binarias; las cuevas representarían el polo negativo de una
oposición con los espacios domésticos seguros, aunque esa misma negatividad las
dota de un atractivo transgresor.
Otros
lugares míticos recurrentes incluyen:
- El Puente Ana Caro: Donde supuestamente aparece
el fantasma de una monja
- La Casa del Virrey: Asociada con el fantasma de
Marianita, una mujer momificada
- Zonas específicas donde
aparece la Llorona, la Mula Cuaresma y otros personajes del imaginario
sobrenatural
Estos
lugares míticos constituyen lo que Michel Foucault (1984) denominó
"heterotopías": espacios otros que funcionan como contra-sitios donde
las relaciones sociales normales se suspenden, se invierten o se problematizan.
Las heterotopías míticas de Cartago (cuevas, casas embrujadas, puentes donde
aparecen fantasmas) coexisten con el espacio urbano racional, proporcionando
dimensiones de alteridad, misterio y transgresión.
Sin
embargo, la geografía mítica cartagüeña no se limita a estos espacios de terror
y transgresión. Juan Carlos Posada - Vintabara, narrador que se autodefine como
"transformador de mundos posibles y fantásticos", aporta una
dimensión radicalmente distinta: la geografía sagrada indígena. Vintabara, cuyo
nombre artístico condensa su herencia múltiple (Vera Chamí por línea paterna,
francés por línea materna), introduce en el corpus narrativo cartagüeño una
comprensión del territorio que trasciende tanto la nostalgia urbana como el
folclor del miedo.
Vintabara
describe Cartago como "el territorio de las siete colinas", evocando
una geografía precolombina que antecede a la ciudad colonial y republicana:
"Los
diferentes calificativos de Cartago... el territorio de las siete colinas...
las comunidades Quimbaya tardío... los indígenas utilizaban los miradores para
vigilar el territorio."
Esta
referencia a las siete colinas no es mera metáfora sino conocimiento
territorial específico vinculado a ocupaciones Quimbaya. Los
"miradores" mencionados sugieren una comprensión táctica y
cosmológica del paisaje: las elevaciones no eran solo accidentes geográficos
sino puntos estratégicos de vigilancia y, probablemente, lugares ceremoniales
desde donde se establecía relación con fuerzas cósmicas.
Esta
geografía sagrada coexiste, frecuentemente invisibilizada, con la geografía
urbana contemporánea. Vintabara lamenta explícitamente:
"Me
siento solitario en mi búsqueda de la raíz indígena en Cartago... la dilución
de las tradiciones aborígenes y la necesidad de revivirlas."
Esta
soledad epistémica es reveladora: mientras la memoria urbana conserva espacios
como la galería o los bailaderos, y mientras el imaginario sobrenatural
preserva cuevas y casas embrujadas, la dimensión indígena del territorio
cartagüeño ha sido sistemáticamente borrada de la memoria colectiva dominante.
Vintabara opera, desde esta perspectiva, no solo como narrador sino como agente
de resistencia epistémica que busca reactivar capas de significado territorial
que la colonización y la modernización intentaron obliterar.
Su
práctica narrativa incorpora objetos ceremoniales específicos: "el
bastoncito de mando el cual tiene el cóndor, tiene el águila de Norteamérica y
tiene la serpiente." Estos símbolos no son decoración sino tecnologías
espirituales que median la relación con ancestros y con dimensiones no
ordinarias de la realidad. Como él mismo explica:
"Cuando
yo hago esa convocatoria a través de mis ancestros, entonces yo siento es que
mi lengua la mueven son los ancestros... no soy yo, son ellos que actúan a
través de mí."
Esta
comprensión de la narración como channeling ancestral, como mediación entre
mundos, difiere radicalmente de concepciones seculares de la oralidad como
simple transmisión de información o entretenimiento. Para Vintabara, narrar es
práctica ritual que actualiza presencias ancestrales, que mantiene abiertos
canales de comunicación con dimensiones espirituales del territorio.
La inclusión
de esta perspectiva en el análisis de la territorialidad de la memoria
cartagüeña es crucial por varias razones. Primero, visibiliza una dimensión
completamente ausente en narrativas urbanas dominantes: la herencia indígena
del territorio. Segundo, introduce concepciones no occidentales de espacio
(como geografía sagrada, como entramado de relaciones espirituales) que
cuestionan la hegemonía de comprensiones racionales-cartesianas del territorio.
Tercero, documenta la existencia, aunque marginal, de prácticas de
revitalización indígena en contextos urbanos mestizos donde se asume que lo
indígena desapareció completamente.
Betty Valencia contextualiza la importancia
histórica de Cartago como centro documental para toda la región:
"Cuando fundan a Cartago, no lo
fundan acá. Ya sabemos que Cartago se traslada y se traslada también con sus
pertenencias. Y parte de sus pertenencias son las vírgenes, el patrimonio
religioso más antiguo de la zona —vírgenes del siglo XVII, la de la Paz, la de la
Pobreza— pero los documentos que tenemos que corresponden a la fecha anterior
al traslado pues fueron producidos en ese primer Cartago, y cuando la ciudad se
traslada, se traslada con los archivos como parte de los bienes."
(Betty Valencia, 2025)
Esta práctica de transportar archivos como
"bienes" de la ciudad revela una concepción del patrimonio documental
como constitutivo de la identidad urbana. Betty explica las colecciones
existentes y la pérdida del archivo del cabildo en el "cartagazo" de
1883, incendio que destruyó documentación político-administrativa colonial que
hubiera sido fundamental para comprender no solo a Cartago sino a todo el Eje
Cafetero.
"Ese patrimonio documental está
aquí en Cartago y es más antiguo incluso que la casa. Entonces para el Eje
Cafetero, ¿cuál es la importancia que tiene? Porque como archivo somos una
fuente de investigación, somos un centro de información." (Betty
Valencia, 2025)
Esta posición de Cartago como "archivo
matriz" del Eje Cafetero añade una dimensión a la investigación: las
narrativas orales cartagüeñas no solo preservan memoria local sino que
custodian raíces históricas de una región más amplia.
Territorialidades Diferenciales: Rural vs. Urbano,
Comunas y Veredas
El diseño
metodológico de la investigación privilegió deliberadamente la diversidad
territorial, incluyendo tanto narradores rurales como urbanos. Este enfoque
permitió identificar especificidades narrativas asociadas a diferentes
contextos espaciales.
Los
narradores rurales (como Gustavo Gutiérrez de Piedras de Moler) construyen su
relación con el territorio mediante referencias a prácticas productivas
tradicionales (arriería), a la ruralidad como espacio de autenticidad cultural,
y a la trova como expresión artística específicamente asociada al mundo
campesino y arriero. Gustavo evoca:
"Yo
soy familia de arrieros, mis abuelos... tengo mi abuela por parte de madre era
una india... un abuelo arriero... los dos abuelos por padre, por madre arrieros
entre el Cairo, Argelia y Cartago, cuando no había carreteras y todo eso era
caminos."
La
arriería no es solo referencia nostálgica a un pasado productivo, sino marco
cultural que estructuró formas específicas de oralidad: los arrieros, en sus
largos desplazamientos por caminos de herradura, desarrollaron tradiciones de
trova (competencias poéticas orales) que funcionaban como entretenimiento, como
práctica de virtuosismo verbal y como mecanismo de construcción de prestigio
social.
Los
narradores urbanos, por su parte, construyen geografías más complejas y fragmentadas,
referidas a comunas específicas, a barrios con identidades particulares, a
zonas marcadas por características étnicas o de clase. Gloria Murillo, por
ejemplo, narra su trayectoria por diferentes zonas urbanas:
"Nos
vamos a vivir en la zona que se llamaba Cantarrana, que era la zona de
tolerancia... cerca la estación del tren."
Vivir en
la "zona de tolerancia" (zona de prostitución regulada) implica una
posición social específica, estigmas particulares, pero también experiencias
únicas que nutren repertorios narrativos distintivos. La estratificación
espacial urbana (zonas residenciales de élite vs. barrios populares) produce
también estratificaciones en las formas de memoria: diferentes sectores
sociales habitan, recuerdan y narran la ciudad de maneras radicalmente
distintas.
Espacios Comunitarios de Narración: Tertulias,
Bailaderos y Esquinas como Escenarios de la Palabra
La
tradición oral no existe en abstracto sino que se actualiza en espacios
concretos de performance narrativa donde se encuentran narradores y audiencias.
Un hallazgo central de esta investigación es la identificación de una geografía
de la narración: lugares específicos donde históricamente se ha desarrollado la
práctica de contar historias y donde se construyen las condiciones sociales que
hacen posible la oralidad.
Los Andenes: Teatralidad Cotidiana de la Narración
Gloria
Murillo describe con extraordinaria viveza las prácticas narrativas que tenían
lugar en los andenes (aceras) cartagüeños:
"Después
de las 6:00 p.m. usted por donde pasaba encontraba todos los andenes la gente
sacando sus sillas... ya sentados contando cuentos, ellos haciendo remembranza
de su juventud, de su niñez, de sus regiones. Entonces, la oralidad ahí era,
digamos, muy fuerte, era muy fuerte porque más allá de la oralidad era
también... ese tejido, ese tejido social y afectivo que se daba."
Esta
descripción documenta una práctica urbana específica que ha desaparecido o se
ha reducido dramáticamente en la Cartago contemporánea: la ocupación del espacio
público frontal (andenes) como extensión del espacio doméstico, lugar de
sociabilidad vecinal y escenario de narración oral. Varios elementos resultan
significativos en este testimonio:
Temporalidad
específica: La
práctica se desarrolla "después de las 6:00 p.m.", en ese umbral
entre el trabajo diurno y el descanso nocturno, en una hora que Richard
Schechner (1985) llamaría "liminal": ni plenamente productiva ni
plenamente recreativa, propicia para actividades que no sean ni trabajo ni
entretenimiento comercial.
Infraestructura
mínima pero significativa: "Sacar las sillas" constituye una micro-performance que
señala la transformación temporal del andén (espacio de tránsito) en espacio de
estar. Esta transformación cotidiana y reversible del espacio público conecta
con trabajos de urbanismo táctico y apropiación popular del espacio (Lefebvre,
1968; Delgado, 2007).
Contenidos
narrativos específicos: Los relatos versan sobre "juventud, niñez, regiones de
origen", es decir, sobre memorias personales y familiares, sobre procesos
migratorios, sobre comparaciones entre el allá y el aquí, el antes y el ahora.
La narración opera como mecanismo de construcción de biografías compartidas y
de inscripción de las historias individuales en marcos colectivos de interpretación.
Función
cohesiva: Gloria
enfatiza que "más allá de la oralidad" se tejía lo "social y
afectivo". Las tertulias de andén no eran solo intercambio informacional
sino producción de comunidad, fortalecimiento de lazos vecinales, negociación
de conflictos, construcción de solidaridades.
La
desaparición de esta práctica puede vincularse a múltiples factores:
transformaciones arquitectónicas (edificios sin andenes), cambios en ritmos
laborales (menos gente disponible en horarios sincronizados), competencia de
entretenimientos televisivos o digitales, y especialmente, miedo urbano y
percepción de inseguridad que ha privatizado las sociabilidades.
Retretas,
Parques y Galerías: Espacios Públicos de Sociabilidad Narrativa
Leonardo
(Leo), adulto mayor de zona rural cartagüeña, evoca con nostalgia espacios
públicos urbanos que funcionaban como escenarios naturales de encuentro
intergeneracional y transmisión oral. Su testimonio documenta prácticas de
sociabilidad que han desaparecido casi completamente del paisaje urbano
contemporáneo:
"Me
acuerdo yo en el parque Bolívar que habían retretas y el fútbol de Cartago
dándole vueltas al parque Bolívar, comenzando y charlando, enamorando y
echando. (…) Y otro punto que a mí me me gustaba estar con amigos en el lago,
lo que es ahora carreras cuarta con calle 10, esquina." (Leo, 2025)
Las
retretas dominicales en el parque Bolívar constituían eventos musicales
públicos gratuitos donde banda municipal interpretaba música popular y clásica.
Aunque el foco era musical, estas reuniones generaban espacios propicios para
conversaciones, narraciones y encuentros sociales. El movimiento circular de
jóvenes alrededor del parque ("dándole vueltas") era práctica de
cortejo ritualizada donde se iniciaban conversaciones, se contaban historias
personales, se construían reputaciones mediante palabra hablada.
La
mención del "lago" (zona hoy completamente urbanizada) como punto de
encuentro de "abuelos, papá, amigos" para jugar fútbol documenta cómo
espacios naturales o semi-naturales dentro del tejido urbano operaban como
lugares de sociabilidad intergeneracional. Estos no eran espacios diseñados
institucionalmente para la cultura, sino apropiaciones espontáneas del
territorio por comunidades que los convertían en lugares de encuentro.
Leo
también evoca espacios comerciales que cumplían funciones narrativas más allá
de lo puramente transaccional:
"Me
acuerdo de otro señor don Víctor allá vendía el mejor Cumis de la ciudad de
Cartago. El Cumis, muy muy apetecido en esas tardes, en esa época muy
apetecido." (Leo, 2025)
El Cumis
(bebida fermentada tradicional) no era solo producto sino pretexto para
reuniones donde se conversaba, se narraba, se construía comunidad. El local de
don Víctor operaba como tercer lugar (Oldenburg, 1989): ni hogar ni trabajo,
sino espacio intermedio de sociabilidad voluntaria donde se tejían vínculos
sociales.
La
galería municipal emerge también en el testimonio de Leo como espacio de
sociabilidad narrativa. Su padre, vendedor de productos autóctonos (mostaza,
mafafa, comino, chachafrutos), mantenía un puesto donde convergían no solo
transacciones comerciales sino conversaciones, intercambio de noticias,
actualización de vínculos:
"Mi
padre tenía un puesto en Ciudad Victoria y vendía verduras. Vendía todos los
productos autóctonos que ya no se cultivan ni que se consiguen en ninguna
parte. (…) Un señor me decía: 'usted sí, y yo me la felicito porque yo entro
aquí a esta galería a comprarle a este señor lo que yo necesito'." (Leo,
2025)
Este
testimonio documenta cómo espacios de mercado tradicional operaban como nodos
de sociabilidad donde se actualizaban relaciones, se intercambiaban historias,
se transmitían conocimientos sobre productos tradicionales. El padre de Leo no
solo vendía alimentos sino que transmitía saberes sobre cultivos en desuso,
preparaciones culinarias olvidadas, memorias agrícolas del territorio.
La
transformación urbana de Cartago ha eliminado o alterado radicalmente estos
espacios. Las retretas dominicales desaparecieron, el "lago" fue
urbanizado, espacios comerciales tradicionales fueron desplazados por
supermercados y centros comerciales. Esta transformación no es meramente
arquitectónica sino que erosiona las condiciones espaciales que hacían posible
formas específicas de oralidad y sociabilidad.
Ray
Oldenburg (1989), en su análisis sobre "terceros lugares", argumentó
que las sociedades contemporáneas sufren déficit de espacios informales de
encuentro que no sean ni el hogar ni el trabajo. Este déficit empobrece vida
comunitaria, debilita lazos sociales y reduce oportunidades de transmisión
cultural intergeneracional. El testimonio de Leo documenta cómo Cartago poseía
abundancia de estos terceros lugares que han sido progresivamente eliminados
por transformaciones urbanas, privatización de espacios públicos y cambios en
ecologías temporales (menos gente disponible en horarios sincronizados debido a
diversificación de ritmos laborales).
Bailaderos Populares: Oralidad, Música y Cuerpo
Varios
narradores refieren a espacios de diversión nocturna (bailaderos, discotecas
populares) como lugares que, aunque privilegiaban la música y el baile, también
operaban como espacios de narración y encuentro intercultural. Gloria Murillo
describe tres establecimientos emblemáticos con funciones sociales diferenciadas:
"Surge
un espacio... que se va a llamar la Tropicana. Allí en la Tropicana entonces se
inicia como un punto de encuentro de la comunidad afro, pero como la cultura no
está... algunos han querido racializarla pero eso es imposible. La cultura
siempre será el elemento que une las comunidades y entonces ahí empezó
creciendo de la comunidad afro y eso se volvió también otro punto de encuentro
general... Está también la Ceiba, La Ceiba que es también un bailadero pero
cada una tenía una característica: la Ceiba era el sitio salsero, esa era como
la meca de la salsa. San Andrés donde trabajaba mi papá era el punto de
encuentro... de muchas personalidades, donde escuchaba los tangos, los boleros,
la música decantada."
Esta
geografía de bailaderos revela estratificaciones culturales y sociales: la
Tropicana como espacio originalmente afro que se populariza e interculturaliza;
la Ceiba especializada en salsa (género afrocaribeño que se vuelve transversal
a diferentes sectores sociales); San Andrés asociado a músicas "decantadas"
(tango, bolero) y a "personalidades" (sectores de mayor estatus).
Aunque
Gloria no explicita directamente prácticas narrativas en estos espacios, el
hecho de que los describa en una entrevista sobre oralidad sugiere que
funcionaban también como escenarios donde circulaban historias, donde se
construían reputaciones (de bailadores, de conquistadores, de borrachos, etc.),
y donde la palabra, aunque subordinada a la música, no estaba ausente.
Jesús
Martín-Barbero (1987, 2002) ha analizado cómo en América Latina los espacios de
entretenimiento popular (cantinas, bailaderos, plazas) han funcionado
históricamente como lugares de mediación cultural, donde convergen matrices
culturales diversas, se negocian identidades y se producen hibridaciones.
El caso
de la Tropicana es especialmente significativo. Gloria narra su transformación:
"Aparecen
unos personajes desde Bogotá y compran la Tropicana y le cambian el nombre y se
llama el casino del Bronx. Pues ese casino el Bronx se 'bronció' rápidamente
porque no dio resultado... se perdió la popularidad, se perdió la esencia... no
dio, el imaginario que puede tener una persona de Bogotá frente a la cultura de
la gente del Valle y más de Cartago."
Esta
narrativa condensa una crítica a lógicas mercantiles que intentan imponer
modelos culturales externos sin comprender dinámicas locales. La
"popularidad" y la "esencia" que se perdieron refieren a
esa función de democratización social y encuentro intercultural que caracterizaba
al bailadero original. El fracaso comercial del "casino del Bronx"
valida simbólicamente la autenticidad de la cultura local frente a la
artificialidad de proyectos impuestos desde centros de poder (Bogotá).
Espacios Domésticos: El Fogón, la Mesa, el Patio
Aunque
los espacios públicos y semi-públicos descritos arriba son cruciales, el
espacio doméstico familiar aparece en múltiples testimonios como el escenario
primordial de la transmisión oral intergeneracional. Gloria Murillo evoca:
"Mi
papá cuando el tiempo que pudimos compartir con él y con mi mamá en las noches
nos sentábamos alrededor y él empezaba a contar sus cuentos y mi mamá también a
contar sus cuentos, los cuentos del Chocó, de los mitos del Chocó."
Esta
imagen del círculo familiar nocturno, reunido "alrededor" (¿de una
mesa? ¿de un fogón? ¿simplemente formando círculo?) para escuchar los relatos
de los mayores, constituye una escena arquetípica de la transmisión oral que
encontramos en múltiples culturas y contextos. Walter Benjamin (1936/2008), en
su ensayo sobre el narrador, identificaba la figura del campesino sedentario y
del marinero viajero como prototipos del narrador tradicional; ambos compartían
la característica de transmitir sus relatos en contextos de co-presencia física
prolongada (la veillée campesina, las largas travesías marítimas).
En el
contexto cartagüeño, este espacio doméstico de narración estaba mediado por
tecnologías específicas. Gloria señala explícitamente:
"Primero
porque la televisión en los dos estratos no existía, no, y entonces la televisión
de ese entonces era la imaginación y era la palabra."
La
ausencia de televisión no es mero dato anecdótico sino condición estructural
que configuraba las ecologías mediáticas familiares. Marshall McLuhan (1964)
acuñó la frase "el medio es el mensaje" para señalar que las
tecnologías de comunicación no son contenedores neutros sino que estructuran
profundamente formas de pensamiento, relación y experiencia. Una familia sin
televisión organiza su tiempo, su espacio doméstico y sus interacciones de manera
radicalmente distinta que una familia tele-centrada.
La
llegada de la televisión a los hogares cartagüeños (proceso gradual según
estratos sociales) transformó estas geografías domésticas de la narración. Como
han documentado numerosos estudios sobre impacto de medios masivos
(Martín-Barbero, 1987; García Canclini, 2001), la televisión no simplemente
agregó un nuevo medio sino que reconfiguró prácticas culturales previas,
centralizando la atención familiar en el aparato y debilitando (aunque no
eliminando completamente) formas de sociabilidad conversacional y narrativa.
Sin
embargo, junto a estos espacios domésticos tradicionales, emergen nuevas
geografías de la narración vinculadas a procesos de profesionalización
contemporánea de la práctica narrativa. Alexander Moriones, quien se
auto-denomina "Guardián de la Palabra," representa una generación de
narradores que ya no aprenden exclusivamente en contextos familiares o
comunitarios informales sino que transitan por talleres, festivales y espacios
de formación artística especializada, desarrollando luego prácticas
profesionales con identidades de marca, rituales de performance codificados y
estrategias de inserción en circuitos culturales.
Alexander
recuerda espacios de sociabilidad familiar que replican patrones identificados
en otros testimonios:
"En
las casas se reunían fines de semana, llegaban familiares o los vecinos se
reunían y en el patio, generalmente bajo un palo de carambolo, se empezaban a
contar historias."
El
"palo de carambolo" emerge recurrentemente en múltiples entrevistas
como árbol emblemático de sociabilidad narrativa cartagüeña. No es casual: el
carambolo (Averrhoa carambola) es árbol frutal de copa amplia que proporciona
sombra generosa, frecuentemente plantado en patios domésticos. Bajo su sombra
se configuraba un micro-espacio de tertulia familiar donde, según Alexander, se
actualizaban narrativas intergeneracionales.
Jaime
Rivera, de generación similar a Alexander, confirma y amplía esta evocación de
espacios domésticos de narración, pero introduce dimensión específica del
terror que caracterizaba algunas de estas tertulias:
"Me
acuerdo que mi abuela nos contaba historias de miedo. Yo me acuerdo un sábado
llegaban varios primos, nos sentábamos y ella nos contaba historias. Nosotros
le pedíamos: éramos niños inocentes, pero amantes al misterio del terror. La
abuela materna, ella nos contaba historias. Ella es oriunda del Tolima y habían
historias que uno era feliz escuchando." (Rivera, 2025)
La
especificidad de las "historias de miedo" como género privilegiado en
algunas dinámicas familiares resulta significativa. El terror, como género
narrativo, cumple funciones pedagógicas y psicológicas complejas: socializa a
los niños en normas de conducta mediante ejemplos de transgresiones que
conducen a consecuencias terribles, proporciona marcos interpretativos para
experiencias inquietantes o inexplicables, y crea vínculos afectivos intensos
mediante emociones compartidas de suspense y alivio posterior.
Jaime
identifica espacios públicos tradicionales que han desaparecido o se han
transformado radicalmente, particularmente en su barrio La Esperanza, zona
periférica que ha experimentado urbanización acelerada:
"Nosotros
jugábamos en la loma hasta tarde de la noche. Siempre se escucharon ruidos, los
misterios de las montañas. Siempre ha tenido uno haberse criado en una montaña,
una lomita. Si usted seguía más, se pierde en esa montaña, es gigante. Se iban
de exploradores de niños, eso hacíamos. Y de niños íbamos para las cuevas, nos
íbamos a investigar." (Rivera, 2025)
Esta
descripción de la "loma" como espacio de juego infantil y exploración
juvenil documenta cómo la geografía natural (montañas, cuevas) funcionaba como
escenario de socialización donde se actualizaban narrativas orales sobre
misterios del lugar. Los niños no solo escuchaban historias sobre las cuevas
del Padre Martínez, sino que se aventuraban a explorarlas, confrontando miedos
y validando o cuestionando los relatos escuchados.
Sin
embargo, Jaime diagnostica transformación radical de estos espacios y
prácticas:
"Se
ha perdido esa mística. La gente ya no quiere escuchar, la gente ya quiere
vivir solamente buscando resúmenes. La tecnología hace mucho salió, y esa
tecnología arrolló a las personas, las ha dejado prácticamente sin identidad,
sin memoria... Ya nos vamos haciendo cada vez más independientes, nos vamos
alejando cada vez más y se va perdiendo esas comunidades que alrededor del
tejido, del fuego, iban contando su tradición oral." (Rivera, 2025)
Este
diagnóstico sobre "pérdida de mística" no es nostalgia romántica sino
análisis estructural sobre transformaciones en ecologías atencionales y
sociabilidades urbanas. La referencia a "búsqueda de resúmenes" alude
directamente a modos de consumo informativo promovidos por plataformas
digitales (TikTok, Instagram, YouTube con videos acelerados) que erosionan
tolerancia a narrativas largas, pausadas, densas. La "independencia"
creciente refiere a individuación de trayectorias vitales y debilitamiento de
vínculos comunitarios densos que caracterizaban barrios populares
tradicionales.
Sin
embargo, la trayectoria narrativa de Alexander no se limita a estos espacios tradicionales.
Él mismo señala:
"Como
narrador, 2018, 2019, que ya había contado antes por ahí por mi profesión, soy
artista escénico... Me encontraba en festivales de teatro con la palabra."
Esta
trayectoria ilustra cómo la narración oral contemporánea se ha
profesionalizado, insertándose en circuitos artísticos formales. Alexander no es "narrador tradicional" en
sentido de heredero directo de tradición familiar o comunitaria, sino artista
que consciente y deliberadamente se forma en narración oral, asiste a talleres
(menciona específicamente formación con Omar Díaz "Juan Sin Miedo" y
Fidel Ceballos de Venezuela, director de la Unión de Narradores Orales
Escénicos), participa en festivales, desarrolla repertorio estructurado.
Esta
profesionalización implica transformaciones significativas en relación con
espacios de narración:
Espacios
escénicos formales: A
diferencia de tertulias de andén o reuniones familiares, Alexander narra en escenarios: teatros, centros
culturales, bibliotecas, parques en eventos programados. Estos espacios
configuran relaciones específicas entre narrador y audiencia: hay separación
escénica, iluminación que focaliza atención, horarios establecidos,
frecuentemente pago de entrada o marco institucional. La narrativa se enmarca
explícitamente como performance artística, no como práctica cotidiana.
Micro-espacios
rituales portátiles: Sin
embargo, Alexander no simplemente
replica dinámicas teatrales convencionales sino que construye ritualmente sus
propios micro-espacios de narración mediante objetos y prácticas específicas:
"Creo
mucho en convocar la palabra de una forma muy necesaria alrededor del fuego...
ese elemento, el taita fuego, siempre lo hago presente de alguna u otra forma
con velas, de incienso, algún tabaco, dependiendo de los cuentos que voy a
narrar."
Esta
práctica de convocar el fuego ceremonialmente, incluso en contextos urbanos
donde fogatas no son posibles, mediante velas o incienso, constituye esfuerzo
por recrear condiciones materiales y simbólicas de espacios narrativos
"tradicionales" (la fogata de la abuela de Jaiver, las reuniones
nocturnas evocadas por múltiples narradores) pero adaptadas a contextos
contemporáneos. El fuego opera como marcador de umbral: señala que se está
entrando en espacio-tiempo distinto, que la palabra que se pronunciará no es
palabra ordinaria sino palabra ritualizada.
Alexander
describe este proceso como "hacer una
especie como de conjuro en el espacio," utilizando lenguaje explícitamente
mágico-religioso que posiciona la narración no solo como arte escénico sino
como práctica que opera en registros espirituales o energéticos. Esta
comprensión conecta con perspectivas de Vintabara sobre dimensión ritual de la
oralidad, aunque Alexander no apela
explícitamente a ancestralidad indígena sino a una ritualidad más sincretista o
genérica.
Transformación
vocal y corporal en la performance: Alexander describe cambios somáticos específicos que
ocurren al narrar:
"Guardián
de la Palabra sí tiene una forma de hablar muy particular... la dicción cambia,
la entonación... es como una especie de cambio que se realiza."
Esta
transformación no es impostación superficial sino tecnología de producción de
presencia escénica. Richard Schechner (1985) identificó en múltiples
tradiciones performativas (teatro, ritual, narración) procesos de
transformación donde el performer accede a estados distintos de conciencia o
modalidades expresivas que no están disponibles en interacción cotidiana. Para Alexander
, "Guardián de la Palabra" no es solo nombre artístico sino personaje
performativo que se encarna mediante modificaciones vocales, corporales y
actitudinales.
Teatro, Ritual y Construcción Deliberada del
Personaje Narrativo
La trayectoria de Omar Díaz, conocido artísticamente
como "Juan Sin Miedo", proporciona un caso extraordinariamente
revelador sobre la performatividad consciente en la narración oral y la
construcción deliberada del personaje narrativo como tecnología de presencia
escénica. A diferencia de narradores cuya práctica emerge
"naturalmente" de contextos familiares o comunitarios, Omar
representa un proceso explícito de formación teatral que posteriormente se articula
con la narración oral, generando una síntesis sofisticada donde técnicas
escénicas profesionales se fusionan con matrices narrativas tradicionales.
Formación Teatral y Preparación Ritual: De
la Técnica a la Mística
La aproximación de Omar a la narración oral estuvo
mediada desde el inicio por formación teatral profesional. Como él mismo
relata, su madre era profesora de teatro:
"Mi madre, quien era profesora de teatro, lo
entrenaba y dirigía en representaciones escolares, lo que le ayudó a
desarrollar su habilidad para contar cuentos."
Esta herencia materna no fue mera influencia difusa
sino entrenamiento sistemático que le proporcionó herramientas técnicas
específicas: proyección vocal, manejo corporal, construcción de personajes,
timing dramático. Sin embargo, la verdadera transformación de su práctica
ocurrió cuando decidió estudiar teatro formalmente en Bogotá y posteriormente
trabajó con el maestro Jorge Emilio Salazar, figura central del teatro
colombiano.
Omar describe un proceso de preparación pre-performance
que evoluciona desde lo puramente técnico hacia lo ritual-místico:
"Primero en esa época era muy técnico el
ritual, porque hacíamos un calentamiento de la voz de la boca, los labios, la
garganta, pecho... Entonces, ese fue el primer ritual que yo tuve y por mucho
tiempo ya cuando tuve la oportunidad de trabajar con el maestro Jorge Emilio
Salazar, él ya sí empezó a ir directamente hacia unos rituales no solo de
entrenamiento, sino antes del escenario. Una mística, lo llamo yo, basado un
poco en teatro de los sentidos."
Esta evolución de lo técnico a lo místico es
teóricamente significativa. El "calentamiento" técnico (ejercicios
vocales, respiración, relajación muscular) responde a necesidades fisiológicas
y profesionales: preparar el instrumento corporal para el desempeño
performativo. Sin embargo, el ritual místico introducido por Jorge Emilio
Salazar trasciende esta dimensión técnica para configurar un espacio-tiempo
liminal (Turner, 1969) de transformación subjetiva.
Omar describe este ritual contemporáneo con
precisión:
"Prácticamente yo siempre me aparto en el
camerino los últimos 20 minutos, media hora, no hablo con nadie y comienzo a
respirar, a imaginar la historia, a buscar mi personaje porque yo tengo un
personaje para contar los cuentos que es Juan Sin Miedo. Entonces ya empiezo a
buscar mi personaje, a meterme en él y ya ahí viene todo un ritual cuando yo
salgo al público ya voy es un personaje, ya no voy Omar Díaz, sino que ya ves
Juan Sin Miedo el que se pone a contar las historias."
Este proceso ritual cumple funciones múltiples.
Primero, establece un umbral de separación entre la vida
cotidiana y el tiempo-espacio performativo. Los 20-30 minutos de aislamiento,
silencio y respiración funcionan como transición que permite "dejar
atrás" la identidad civil (Omar Díaz con sus preocupaciones, tensiones,
distracciones cotidianas) para acceder a la identidad performativa (Juan Sin
Miedo). Esta separación espacial (apartarse en el camerino) y temporal (tiempo
específico dedicado) replica estructuras de ritos de paso identificadas por
Arnold van Gennep (1909): separación, liminalidad, agregación.
Segundo, la imaginación de la historia y la
"búsqueda del personaje" constituyen tecnologías de
producción de presencia (Gumbrecht, 2004) que no son mera preparación
mental sino transformación somática. Como señala Richard Schechner (1985), en
múltiples tradiciones performativas el performer no simplemente
"representa" un personaje sino que lo encarna, accediendo a estados
corporales, vocales y emocionales distintos de su ser cotidiano.
Tercero, este ritual garantiza calidad y coherencia
de la performance. Omar es explícito sobre las consecuencias de no realizarlo:
"De hecho si no lo hago corro el riesgo de
entrar frío al escenario, de entrar sin ritmo, sin fuerza, como que en alguna
vez por irresponsable entré a un escenario así de afán y en el segundo cuento
como que uy, yo que estoy haciendo aquí ah estoy contando cuentos."
"Entrar frío" no es metáfora sino
descripción fenomenológica precisa: sin el calentamiento ritual, el cuerpo no
está disponible para el virtuosismo que la performance narrativa demanda. El
ritual, entonces, no es superstición ni ornamento sino condición de posibilidad
de la excelencia performativa.
Juan Sin Miedo como Personaje: Construcción
Semiótica de la Autenticidad Campesina
La distinción entre Omar Díaz (persona civil) y Juan
Sin Miedo (personaje performativo) no es mero juego nominal sino construcción
semiótica compleja que involucra elementos visuales, gestuales, vocales y lingüísticos.
Omar describe los componentes materiales del personaje:
"Juan Sin Miedo tiene una forma característica
para narrar y es que siempre llevo al escenario unos elementos como son una
pipa muy campesina... un perrero o bastón... un sombrero muy campesino, un
gabán viejo muy campesino, un pantalón obviamente doblaba la rodilla muy
campesino, alpargatas o cotizas."
Cada uno de estos elementos no es decorativo sino
índice semiótico que comunica significados específicos:
·
La pipa: Objeto emblemático de
masculinidad campesina tradicional, asociado con sabiduría, paciencia, ritmos
pausados. Fumar pipa requiere detenerse, algo opuesto a velocidad urbana
contemporánea. Además, Omar especifica su función práctica: "el campesino
fuma tabaco, fuma pipa de noche para espantar los mosquitos."
·
El perrero (bastón):
Herramienta de trabajo arriero/campesino usada "con que uno arriba del
ganado y los perros." No es bastón de anciano sino implemento funcional
que señala labor productiva específica.
·
El sombrero, gabán, pantalón doblado,
alpargatas: Conjunto que compone visualmente la figura del campesino.
El "gabán viejo" es particularmente significativo: no es vestimenta
nueva o folclorizada sino prenda con historia, desgastada por uso, que connota
autenticidad.
Esta construcción visual del personaje dialoga con
teorías sobre la performatividad de la identidad (Butler, 1990; Goffman, 1959):
Juan Sin Miedo no es expresión de una esencia campesina preexistente en Omar
sino producción activa de campesinidad mediante actos semióticos reiterados.
Sin embargo, no se trata de impostura o falsificación sino de lo que Schechner
llama "conducta restaurada": Omar efectivamente tiene vínculos con el
mundo campesino ("yo volví a la finca... cogí el oficio de arriero"),
pero el personaje Juan Sin Miedo amplifica, estiliza y teatraliza esa
experiencia.
Lenguaje Campesino: Code-Switching como
Performance Cultural
La dimensión más sofisticada de la construcción del
personaje es la lingüística. Juan Sin Miedo no solo se viste como campesino
sino que habla en "lenguaje y jerga muy campesina":
"Juan Sin Miedo abandona el lenguaje de Ciudad,
el lenguaje citadino cuando yo narro en la ciudad le digo al público si no
entienden esta palabra me dicen porque yo voy a empezar a jalar a lo
campesino... nos fuimos a cazar guagua... nos fuimos a cazar Guatín... empezó a
llover entonces buscamos una mata de rascadera..."
Este code-switching (alternancia de códigos
lingüísticos) entre español urbano estándar y variedades rurales no es
deficiencia comunicativa sino estrategia performativa consciente. Omar usa
términos como "guagua" (roedor selvático), "guatín" (otro
roedor), "mata de rascadera" (planta de hojas grandes),
"pala" (herramienta), que requieren conocimiento cultural específico
para ser comprendidos.
La advertencia al público urbano ("si no
entienden esta palabra me dicen") es particularmente astuta: reconoce la
brecha cultural, posiciona al narrador como mediador intercultural, pero
simultáneamente reivindica el valor del código campesino (no es el narrador
quien debe "traducir" automáticamente sino el público urbano quien
debe "aprender"). Esta es una pedagogía invertida que descentra la
hegemonía del español urbano estándar.
Además, Omar maneja códigos específicos de la
arriería:
"Cuando estoy contando de las historias de
arriería... uno maneja una terminología y solo hablando entre campesinos y
entre arrieros se entiende."
Esta afirmación sobre una lengua esotérica de
arrieros (sociolecto ocupacional) reivindica la complejidad epistemológica del
mundo campesino: no es simplicidad sino sofisticación lingüística-cultural
alternativa a la urbana.
Sin embargo, Omar también ajusta su lenguaje según
contextos:
"Cuando estoy contando cuentos a un público
infantil en una escuela primaria, me toca buscar muy bien el lenguaje y las
palabras para que el niño no se me confunda."
Esta flexibilidad revela competencia comunicativa
avanzada (Hymes, 1972): capacidad de modular registro lingüístico según
características de la audiencia. Juan Sin Miedo, entonces, no es personaje
rígido sino construcción adaptable que se ajusta estratégicamente a cada
situación comunicativa.
Dimensión Afectivo-Estética: El
"Orgasmo Divino" de la Narración
Omar describe la experiencia de narrar con franqueza
extraordinaria:
"Yo se lo voy a decir de una manera que de
pronto le van a censurar el proyecto, pero usted me dirá eso es como un orgasmo,
es una sensación divina cuando uno está contando y hay un público escuchando,
soñando y viajando con uno en esa palabra."
Esta comparación con el orgasmo no es vulgaridad
sino descripción fenomenológica precisa de la intensidad somático-afectiva de
la performance narrativa exitosa. Víctor Turner (1982) identificó en rituales y
performances culturales momentos de "communitas": experiencia de
fusión temporal entre participantes que trasciende estructuras sociales
cotidianas y genera estados emocionales intensos de conexión colectiva.
La narración oral exitosa produce este tipo de
experiencia: narrador y audiencia entran en sincronía, en flujo compartido
donde las diferencias individuales se suspenden temporalmente en favor de una
experiencia colectiva de inmersión en el relato. Omar señala que esta
experiencia es especialmente intensa cuando narra "historias de
espantos":
"Donde más lo disfruto es cuando estoy contando
historias de espantos, de sentir como ese miedo que yo planteo... es lo que yo
he vivido con el espanto. Entonces yo no lo puedo contar desde la palabra y la
astucia, no, yo lo cuento desde la vivencia."
La distinción entre contar "desde la palabra y
la astucia" versus "desde la vivencia" es teóricamente crucial.
Walter Benjamin (1936/2008) identificó la experiencia (Erfahrung) como
fundamento de la autoridad del narrador tradicional: el narrador no transmite
información abstracta sino conocimiento vivido, encarnado. Omar reclama esa
autoridad benjaminiana: su miedo en los cuentos de espantos no es fingido sino
memoria somática de experiencias reales de miedo que se reactivan
performativamente y se transmiten a la audiencia mediante contagio emocional.
Conclusión: La Performatividad Consciente
como Resistencia y Renovación
La práctica narrativa de Juan Sin Miedo ejemplifica
procesos contemporáneos donde la tradición oral no se transmite
"naturalmente" por inmersión en comunidades tradicionales sino que se
reconstituye conscientemente mediante formación artística especializada. Esto
no representa degeneración o inautenticidad sino adaptación creativa a
condiciones culturales transformadas.
Omar no finge ser campesino ni
"representa" artificialmente un mundo rural perdido. Más bien,
mediante tecnologías teatrales contemporáneas (construcción de personaje,
ritual de preparación, manejo de códigos semióticos) actualiza y resignifica
matrices culturales campesino-arrieras que efectivamente existen en su
biografía familiar y regional, pero que requieren mediación consciente para ser
performadas en contextos urbanos contemporáneos donde esas matrices ya no son
hegemónicas.
Esta performatividad consciente no destruye la
"autenticidad" de la tradición oral sino que la reinventa para
contextos donde la transmisión inconsciente ya no es posible. Como señala Richard
Bauman (2004), la "tradicionalización" (hacer tradicional) es proceso
activo que requiere trabajo cultural: las tradiciones no se preservan
pasivamente sino que se recrean activamente en cada performance que las
actualiza para nuevas audiencias y contextos.
Juan Sin Miedo, entonces, es figura liminal: no es
narrador "tradicional" en el sentido de heredero directo de cadenas
ininterrumpidas de transmisión oral, pero tampoco es mero artista escénico
desvinculado de matrices culturales rurales. Es mediador que, formado en
lenguajes teatrales metropolitanos, los pone al servicio de la actualización de
oralidades regional-campesinas, generando síntesis híbridas que constituyen las
formas viables de supervivencia de la tradición oral en contextos de modernización
acelerada.
Espacios Institucionales: Teatro, Escuela, Iglesia
Algunos
narradores, especialmente aquellos con trayectorias en gestión cultural o
educación, refieren a espacios institucionales como escenarios de práctica
narrativa. César Montoya, teatrero y cuentero, narra su inicio en la narración
oral vinculado al grupo teatral La Catarsis en Bogotá en los años noventa. El
teatro aparece aquí no como espacio físico específico sino como campo de
práctica que proporciona herramientas técnicas (manejo de voz, construcción de
personajes, trabajo corporal) aplicables posteriormente a la narración oral.
Gloria
Murillo describe un acontecimiento de extraordinaria significación simbólica:
la realización de la primera "misa afro" en la Catedral de Cartago,
gestionada con la apertura de Monseñor Luis Madrid Merlano:
"La
llegada de Monseñor Luis Madrid Merlano permitió la visibilización de la
espiritualidad afro en Cartago... la primera misa afro en la catedral... se
convirtió en un evento significativo para la comunidad afro... la mezcla de
culturas y cómo la misa afro refleja la identidad y la historia de la comunidad
afro."
Este
acontecimiento trasciende lo religioso para constituir un hito de
reconocimiento cultural y espacial: la comunidad afrodescendiente, históricamente
marginada, accede al espacio más simbólicamente central de la ciudad (la
catedral, en la plaza principal) para expresar su espiritualidad en formas
propias que incluyen oralidades, corporalidades y musicalidades específicas. La
misa afro opera como performance cultural que desafía el monolingüismo católico
tradicional e introduce heteroglosia (Bajtín, 1981) en el espacio sagrado.
La
escuela, aunque no desarrollada extensamente en las entrevistas realizadas,
aparece tangencialmente como espacio ambivalente: por un lado, espacio de
alfabetización que podría amenazar la oralidad tradicional; por otro, espacio
donde algunos docentes sensibles (como la profesora de Omar Díaz en el Chocó
que le contaba cuentos) actualizan prácticas narrativas.
Repertorios Narrativos y Funciones Sociales de la
Oralidad
El
análisis de los contenidos específicos narrados por los entrevistados revela un
repertorio diverso de géneros discursivos, temáticas recurrentes y funciones
sociales de la narración. Siguiendo la propuesta de Dell Hymes (1974) de
atender no solo al contenido de los actos comunicativos sino a sus funciones
pragmáticas, esta sección analiza qué se narra, cómo se narra y para qué se
narra en el contexto cartagüeño.
Mitos y Leyendas: El Repertorio Sobrenatural
Los mitos
y leyendas sobre seres sobrenaturales constituyen uno de los repertorios más
recurrentes en las entrevistas. Prácticamente todos los narradores mencionan
figuras como:
- La Mula Cuaresma: Mujer que desobedeció a su
madre durante la Cuaresma y fue transformada en mula
- Las Cuevas del Padre
Martínez:
Cuevas supuestamente habitadas por tesoros y peligros
- La Llorona: Espíritu de mujer que vaga
lamentándose
- La Madre de Agua: Ser mítico fluvial
- El Duende: Ser pequeño que secuestra
niños
- La Patasola: Mujer monstruosa de una
sola pata que habita el monte
- Las Brujas: Seres que pueden
transformarse y atacar a las personas dormidas
Estos
seres míticos no son invenciones individuales sino parte de un repertorio cultural
ampliamente compartido en Colombia y América Latina, con variaciones
regionales. Como señala Gloria Murillo:
"Entonces
la madre de agua, la madre de agua usted la encuentra tanto en el Chocó como en
el Tolima, mejor dicho es uno de los mitos fluviales... el duende... en la zona
andina el duende está muy mediado y dicen que para poderse librar del duende
usted toca el tiple y con eso se va; en el Chocó, no, en el Chocó llega el
duende, usted le da un toque de tambor y él sale despavorido. Entonces eso es
lo bonito de la oralidad, de uno encontrar hay unos puntos de encuentro, hay
unas particularidades, pero también que se vuelven generalidades."
Este
testimonio es extraordinariamente sofisticado teóricamente. Gloria identifica
lo que Claude Lévi-Strauss (1958) denominó "transformaciones
míticas": cómo un mismo motivo mítico (el duende) se adapta a contextos
culturales específicos (zona andina vs. Chocó) incorporando elementos
culturales particulares (tiple vs. tambor, instrumentos musicales emblemáticos
de cada región). Reconoce simultáneamente la dimensión universal ("puntos
de encuentro") y la especificidad local ("particularidades") del
repertorio mítico.
¿Qué
funciones cumplen estos mitos y leyendas? El análisis revela múltiples
dimensiones funcionales:
Función
pedagógica y de control social: Los relatos sobre seres sobrenaturales que
castigan transgresiones funcionan como mecanismos de socialización y control,
especialmente sobre niños y jóvenes. Gloria narra explícitamente cómo su madre
utilizaba el mito de la Mula Cuaresma:
"Yo
me voy a trabajar, decía mi mamá, yo me voy a trabajar. Ustedes se quedan aquí,
aquí en la pieza, cuidado con salir porque ustedes saben que la que salga, si
sale tardecito de la noche se le aparece la mula cuaresma."
El miedo
al ser sobrenatural opera como dispositivo que refuerza normas de obediencia
materna, restricción de movilidad nocturna y cautela ante peligros reales que
se metaforizan en la figura mítica.
Función
explicativa: Algunos
mitos proporcionan explicaciones etiológicas sobre el origen de nombres de
lugares (como la leyenda del origen del nombre "Río La Vieja" narrada
por Gustavo Gutiérrez) o sobre fenómenos naturales inexplicables desde el
sentido común.
Función
identitaria: El
dominio del repertorio mítico local opera como marcador de pertenencia
cultural. Conocer las historias, saber narrarlas apropiadamente, es performance
de identidad cartagüeña o vallecaucana.
Función
estética y de entretenimiento: Los relatos de misterio, terror o humor que
involucran seres sobrenaturales proporcionan placer estético, generan suspenso,
provocan emociones intensas. Como señala Omar Díaz:
"Disfruto
más contar cuentos de espantos, ya que el miedo es algo que ha vivido y le
permite transmitir esa emoción al público."
Alexander
Moriones complementa este repertorio
mítico con referencias específicas a la geografía mítica cartagüeña,
proporcionando precisión topográfica a seres y acontecimientos sobrenaturales:
"Cartago
es conocida como la cuna del talento y cada rincón tiene su propia historia...
el mito de las cuevas del padre Martínez y el mito de la llorona... mi
comunidad en la calle cuarta tenía historias sobre una mula que bajaba con
candela y cadenas."
La
"mula que bajaba con candela y cadenas" en la calle cuarta constituye
variante local de la Mula Cuaresma o del Caballo del Diablo, pero con
especificación geográfica precisa. Esta localización no es accidental: la carrera
cuarta, según Alexander , era zona de su comunidad específica, y el mito
operaba como marca territorial, como señalización simbólica de ese espacio
particular. Diferentes barrios, diferentes calles tenían sus propios seres
míticos, configurando lo que podría llamarse una "toponimia
sobrenatural" que se superponía a la toponimia oficial.
Alexander
menciona también mitos vinculados a
espacios religiosos:
"El
mito del Cristo quemado y la historia del cura sin cabeza... cada espacio en
Cartago tiene un cuento particular."
El
"Cristo quemado" refiere probablemente a imagen religiosa dañada por
incendio, acontecimiento histórico verificable que se transforma en narrativa
legendaria cargada de significados sobre sacralidad, castigo divino o presencia
sobrenatural. El "cura sin cabeza" replica motivo recurrente en
folclor católico latinoamericano (el sacerdote que violó votos, fue castigado
sobrenaturalmente y ahora vaga como espectro). Estos mitos
religio-sobrenaturales ilustran cómo el catolicismo popular genera sus propias
narrativas que, aunque heréticas desde ortodoxia eclesiástica, proporcionan
marcos de interpretación de acontecimientos anómalos o espacios cargados de
historia.
La
afirmación "cada espacio en Cartago tiene un cuento particular"
sugiere comprensión de la ciudad como texto narrativo: cada esquina, cada
edificio antiguo, cada espacio con historia es potencialmente portador de
relato. Esta saturación narrativa del espacio urbano transforma la experiencia
de habitar la ciudad: caminar Cartago, para quienes conocen estos relatos, es
transitar por geografía densamente significada donde lo visible (edificios,
calles, plazas) evoca constantemente lo invisible (historias, mitos, memorias
que esos espacios condensan).
Alexander
desarrolló incluso un cuento propio
vinculado específicamente al territorio cartagüeño:
"Mi
cuento 'La caja de madera labrada' surgió de un taller con el maestro Omar
Díaz... ha funcionado bien en diferentes espacios... otro cuento relacionado
con la tradición oral y el territorio Quimbaya. Es Tatayamba"
Esta
creación de narrativas nuevas pero enraizadas en territorio y tradición local
ilustra que la oralidad cartagüeña no es corpus cerrado de relatos heredados
sino campo vivo donde se generan constantemente nuevas historias. "Tatayamba,"
aunque creación reciente se "conecta" con territorio, probablemente
incorporando referencias a lugares, objetos o acontecimientos cartagüeños que
la anclan localmente. Similarmente, su cuento sobre "territorio
Quimbaya" actualiza herencia indígena precolombina en narrativa
contemporánea.
Esta
capacidad de crear nuevos relatos arraigados territorialmente constituye
indicador de vitalidad: la tradición no se reduce a repetición de corpus fijo
sino que continúa produciéndose, adaptándose, incorporando nuevas
sensibilidades y preocupaciones pero manteniéndose vinculada a marcos locales
de referencia.
Anécdotas Personales y Memoria Biográfica
Otro
género narrativo recurrente son las anécdotas personales: relatos sobre
experiencias vividas por el narrador o por personas cercanas, que se consideran
significativas, ilustrativas, graciosas o edificantes. Estas narrativas
autobiográficas cumplen funciones específicas:
Construcción
de identidad narrativa: Paul Ricoeur (1983, 1991) propuso que la identidad personal no es
sustancia fija sino construcción narrativa: nos constituimos como sujetos al
configurar nuestras experiencias dispersas en tramas coherentes. Los narradores
cartagüeños, al relatar sus infancias, sus migraciones, sus trabajos, sus
encuentros, están simultáneamente construyendo y comunicando quiénes son.
Transmisión
de valores y enseñanzas morales: Muchas anécdotas funcionan como exempla: casos
particulares que ilustran principios generales de conducta deseable. Gustavo
Gutiérrez narra cómo su abuelo le transmitía refranes motivadores para el
trabajo duro; estas máximas, contextualizadas en anécdotas específicas,
adquieren mayor fuerza persuasiva que formulaciones abstractas.
Establecimiento
de autoridad narrativa: Al compartir experiencias vividas, el narrador establece su
credibilidad y autoridad. No habla desde el conocimiento libresco sino desde la
vivencia directa, lo que en culturas orales constituye la forma primordial de
autoridad epistémica.
Relatos Históricos y Memoria Colectiva del
Territorio
Un tercer
conjunto de narrativas refiere a acontecimientos históricos de Cartago:
transformaciones urbanas, eventos significativos, personajes locales
legendarios. Estos relatos operan en la frontera entre historia y memoria,
entre verificación documental y construcción social del pasado.
César
Montoya menciona figuras como Diego Álvarez (Sabás Mandinga), San Sinextilo
Cortés y otros personajes locales cuyas trayectorias y anécdotas constituyen
parte del patrimonio narrativo cartagüeño. Algunos de estos personajes son
"recopiladores de historias" (como Sabás Mandinga), otros artistas
plásticos con fuerte personalidad narrativa (Sin Estilo Cortés). Sus historias
personales se entrelazan con la historia de la ciudad, configurando lo que
Pierre Nora (1984) llamó una "historia de segunda categoría": no la
gran historia de fechas, batallas y próceres, sino la pequeña historia de
personajes locales, acontecimientos cotidianos y transformaciones del espacio
vivido.
Gloria
Murillo narra la historia del hospital de Cartago con su sistema tripartito
(pensión, media pensión, general) como ejemplo de organización social que,
aunque estratificada, garantizaba acceso universal a servicios de salud de
calidad. Esta narrativa funciona implícitamente como crítica al sistema de
salud contemporáneo y como evocación de un pasado donde la solidaridad social
era más efectiva.
Estos
relatos históricos cumplen funciones fundamentales:
Inscripción
de la comunidad en el tiempo: Proporcionan profundidad temporal a la identidad
local, conectando el presente con pasados más o menos lejanos.
Transmisión
de memoria colectiva: Operan
como vehículo mediante el cual generaciones que no vivieron determinados
acontecimientos acceden a ellos por vía narrativa.
Construcción
de contra-narrativas:
Frecuentemente, estas historias orales preservan versiones de acontecimientos
que difieren de narrativas oficiales, proporcionando perspectivas subalternas o
alternativas sobre el pasado.
Trova y Poesía Oral
La trova,
género poético-musical característico de la región paisa y el norte
vallecaucano, aparece en el testimonio de Gustavo Gutiérrez como práctica
específica con reglas, tradiciones y funciones propias. La trova consiste en
competencias poéticas improvisadas donde trovadores se enfrentan construyendo
versos octosílabos rimados que responden a los versos del contrincante.
Gustavo
narra su iniciación en la trova:
"Mi
abuelo paterno era trovador y entre los arrieros había varios trovadores y
entonces se reunían, a veces paraban en... una especie como de bodega... ahí se
reunían tres cuatro arrieros y se ponían a trovar y a mí desde eso me encantó
la trova... yo decía no yo tengo que ser trovador y desde pequeño empecé a
metérmele a mi abuelo y a trovar y yo vengo trovando desde los ocho 10
años."
La trova
aparece aquí como práctica cultural transmitida intergeneracionalmente (de
abuelo a nieto), vinculada a un sector social específico (arrieros, campesinos)
y a espacios de sociabilidad masculina. Las competencias de trova, más allá del
virtuosismo verbal que despliegan, cumplen funciones de construcción de
prestigio social, entretenimiento comunitario y mantenimiento de tradiciones
poéticas orales.
Gustavo
enfatiza su "responsabilidad de mantener viva la modalidad oral de la
trova" y narra haber creado una escuela de trova en Cartago donde ha
formado trovadores que han tenido reconocimiento internacional. Esta institucionalización
pedagógica de una práctica tradicionalmente transmitida en contextos informales
ilustra estrategias de salvaguarda que los propios portadores desarrollan
frente a amenazas de pérdida.
Humor, Exageración y "Mentira Narrativa"
Un
elemento transversal a múltiples géneros narrativos es el uso del humor, la
exageración deliberada y lo que podríamos llamar "mentira narrativa":
relatos que el narrador y la audiencia saben ficticios pero que se presentan
como si fueran verdaderos, generando un juego entre credibilidad e incredulidad
que constituye parte del placer estético de la narración.
Gustavo
Gutiérrez ejemplifica magistralmente esta dimensión:
"Yo
he sido gobernador, he sido ministro, he sido terrateniente... [historia
exagerada sobre sus logros y reconocimientos]... he creado una historia para
mayores sobre la donación de órganos, utilizando la exageración para hacerla
más interesante."
La
exageración y la hipérbole son recursos retóricos conscientes que amplifican el
efecto dramático, generan humor y permiten al narrador desplegar virtuosismo
verbal. Vladimir Propp (1928/1968), en su morfología del cuento maravilloso,
identificó la exageración como uno de los recursos constantes del cuento
popular.
Sin
Estilo Cortés, personaje legendario de Cartago narrado por César Montoya,
ejemplifica el humor como dimensión constitutiva de la narrativa. César cuenta
la anécdota del libro titulado "Nada" que tenía todas sus páginas en
blanco, y cómo Sin Estilo se burlaba de quien, intrigado por el título, lo hojeaba
sin encontrar contenido. Este humor meta-narrativo (un libro que tematiza la
nada) opera en múltiples niveles de significado: crítica a la pretensión
intelectual, celebración del ingenio popular, performance de una personalidad
excéntrica que "es el cuento" y no solo "vive del cuento".
Transmisión Intergeneracional: Cadenas de la
Memoria y Eslabones en Riesgo
Una
preocupación central de todos los narradores entrevistados es la cuestión de la
transmisión: cómo se aprende a narrar, quiénes transmiten a quiénes, qué
obstáculos enfrentan estos procesos en contextos contemporáneos. El análisis de
sus testimonios permite comprender la transmisión oral no como mera repetición
mecánica sino como proceso complejo que involucra aprendizajes formales e
informales, modelos y adaptaciones, continuidades y rupturas.
La Familia como Espacio Primordial de Transmisión
Todos los
narradores identifican a figuras familiares (padres, abuelos, tíos) como
fuentes primarias de sus repertorios narrativos. Gloria Murillo es explícita:
"Mi
papá cuando el tiempo que pudimos compartir con él y con mi mamá en las noches
nos sentábamos alrededor y él empezaba a contar sus cuentos y mi mamá también a
contar sus cuentos, los cuentos del Chocó, de los mitos del Chocó. Nosotros
aprendimos mucho."
Gustavo
Gutiérrez señala similarmente:
"Mi
abuelo paterno era trovador... Tenía un tío entre esos arrieros que yo no sé
por qué se había leído Las 1001 noches y entonces nos contaba todos los cuentos
que Cherezade echa en las 1001 noche."
Estos
testimonios confirman lo que la antropología ha documentado extensamente: la
familia extensa, especialmente en sus generaciones mayores, constituye el
primer espacio de socialización narrativa. Margaret Mead (1970) distinguió
entre culturas "postfigurativas" (donde los jóvenes aprenden
primariamente de los mayores), "cofigurativas" (donde aprenden
primariamente de pares) y "prefigurativas" (donde los mayores
aprenden de los jóvenes). Las sociedades con fuerte tradición oral son
típicamente postfigurativas: el saber cultural fluye de ancianos a jóvenes.
Sin
embargo, varios narradores señalan que esta transmisión familiar está en
crisis. Gloria Murillo lamenta:
"La
oralidad más allá de la palabra sola... invito a las familias a recuperar la
oralidad en la comunicación familiar... la oralidad permite crear interacción y
conexión entre los miembros de la familia... fortalecer los lazos
familiares."
Este
llamado a "recuperar" la oralidad familiar implica reconocimiento de
su erosión. Las transformaciones en estructuras familiares (familias nucleares
en lugar de extensas, menor co-residencia intergeneracional), en dinámicas
laborales (menos tiempo compartido), y en ecologías mediáticas (tecnologías
digitales que fragmentan la atención) han debilitado estos espacios
tradicionales de transmisión.
Aprendizaje por Observación e Imitación
Los
narradores describen su aprendizaje narrativo no como enseñanza formal
explícita sino como proceso gradual de exposición, observación, imitación y
práctica. Omar Díaz (Juan Sin Miedo) narra:
"Comenzó
a contar cuentos desde que era niño, influenciado por una profesora en el Chocó
que le contaba cuentos en la escuela... su madre, quien era profesora de
teatro, lo entrenaba y dirigía en representaciones escolares, lo que le ayudó a
desarrollar su habilidad para contar cuentos."
El
aprendizaje opera mediante inmersión en ambientes narrativos donde se escucha
extensamente antes de narrar. Los niños, aunque frecuentemente excluidos
formalmente de las conversaciones adultas, se "hacían los bobitos"
(según Gloria) para escuchar subrepticiamente, absorbiendo así repertorios y
técnicas.
Esta
modalidad de aprendizaje conecta con teorías sobre "aprendizaje
situado" (Lave & Wenger, 1991): el conocimiento no se transmite
abstractamente sino que se adquiere mediante participación periférica legítima
en comunidades de práctica. Los niños, al estar presentes (aunque
marginalmente) en espacios de narración adulta, van gradualmente internalizando
repertorios, convenciones y técnicas que posteriormente podrán desplegar cuando
les corresponda asumir el rol de narradores.
El
testimonio de Jaiver Andrés Valencia García proporciona un caso ejemplar de
cómo opera este aprendizaje situado en contextos específicos. Jaiver, narrador
de 40 años que transita entre la ruralidad de Alcalá y la urbanidad de Cartago,
describe con extraordinaria claridad su proceso de inmersión en ambientes
narrativos desde la primera infancia:
"Yo
vivía en una finquita que era la finca de mi abuelita y no teníamos luz eléctrica...
entonces pues allá se desalumbraba con velitas... mi abuelita hacía fogatas y
mi abuelita nos contaba historias. Entonces yo era un niño de cinco años... y
empezaba mi abuelita a contarme, por ejemplo, que en esa finca subió un caballo
y el caballo era con el jinete, que era el caballo del diablo... y yo era así
con miedo [junto a] la fogata y mi abuelita narrando."
Esta
descripción condensa múltiples dimensiones del aprendizaje narrativo informal.
Primero, la ausencia de electricidad no es mero dato contextual sino
condición estructural que configuraba ecologías de atención radicalmente
distintas: sin televisión, sin radio, la palabra oral y el fuego eran los
únicos entretenimientos nocturnos disponibles. La fogata no es solo fuente de
luz sino tecnología que produce atmósfera propicia para lo narrativo: su luz
vacilante, sus sombras móviles, su calor que congrega cuerpos, operan como
amplificadores de la potencia narrativa.
Segundo,
la experiencia es profundamente somática y afectiva. Jaiver no solo
"escuchaba" historias sino que las vivía corporalmente: "yo era
así con miedo." Pero simultáneamente experimentaba "dopamina... como
de querer más." Esta combinación de miedo y placer, de repulsión y
atracción, constituye la economía afectiva característica de narrativas de
terror que funcionan como pedagogías del límite: enseñan sobre peligros, sobre
transgresiones, sobre fronteras entre lo permitido y lo prohibido, pero lo
hacen de manera que resulte placentera, memorable, transmisible.
Tercero,
la figura de la abuela como portadora primaria replica un patrón
identificado en múltiples culturas orales. Los abuelos, liberados de
responsabilidades productivas pero todavía activos socialmente, cumplen función
de transmisión cultural especializada. Margaret Mead (1970) identificó esta
configuración como característica de culturas "postfigurativas" donde
el conocimiento fluye de mayores a menores.
Pero
Jaiver no aprendía solo de su abuela. Su padre, descrito como "un hombre
que no sabe leer ni escribir... pero es un hombre sabio, sabio, sabio,"
constituye otra fuente crucial. El énfasis triple ("sabio, sabio,
sabio") no es redundancia casual sino afirmación enfática de un tipo de
sabiduría que no depende de alfabetización. Jaiver describe cómo su padre
narraba repetidamente historias de su servicio militar:
"Mi
papá nos cuenta... toda la vida hablan del ejército... y siempre las historias
son las mismas y no, siempre se transforman y cuentan una historia que ya le
habían contado a uno pero le meten otros matices."
Esta
observación es teóricamente sofisticada: documenta la variación oral
característica de tradiciones narrativas. Las historias "son las mismas y
no": conservan núcleo argumental pero se adaptan a audiencias, contextos,
estados de ánimo del narrador. Paul Zumthor (1983) señaló que en oralidad no
existe "el texto" sino actualizaciones siempre singulares. El padre
de Jaiver, sin conocer teorías sobre oralidad, encarna perfectamente este
principio: cada narración es recreación, no repetición mecánica.
El
tránsito rural-urbano como duplicación de aprendizajes: A diferencia de narradores que
permanecieron en un solo contexto, Jaiver experimentó tránsito entre la
ruralidad de Alcalá (fogatas de la abuela, historias del padre campesino) y la
urbanidad de Cartago (colegio con área obligatoria de teatro, Confandi como
institución cultural). Este tránsito no implicó abandono de lo rural por lo
urbano sino acumulación y hibridación:
"Cuando
yo llegué a Cartago... ya venía con el impulso artístico... había hecho teatro,
hacía cuentería."
El
colegio agrícola de Alcalá, gestionado por el Comité de Cafeteros cuando esta
institución tenía recursos, organizaba "todos los viernes unos temas de
fogatas con cuentería... con los cuenteros que iban, con cuentería, con teatro,
con danzas." Esta institucionalización parcial de la oralidad en contexto
educativo rural formal creaba puentes entre transmisión familiar informal y
aprendizaje estructurado, entre oralidad "tradicional" y performance
artística contemporánea.
Aprendizaje
por escucha y apropiación: Jaiver describe su método de aprendizaje con notable claridad:
"Me
enamoré de los cuentos cuando los escucho... yo escucho cuentos donde he ido...
me gusta escuchar, escucho mucho a las personas... usted me cuenta un cuento
hoy y si me conecté y me gustó ya... todos los cuentos que lo he aprendido me
los he aprendido así desde chiquitos, se los he escuchado a alguien y lo
aprendí, lo narré, lo aprendí, lo narré."
Este
testimonio describe proceso de apropiación activa: no memorización
pasiva sino escucha atenta, selección de lo que resuena ("si me
conecté"), y práctica iterativa (lo aprendí/lo narré/lo aprendí/lo narré).
La repetición del ciclo "aprender-narrar" sugiere que el aprendizaje
no ocurre solo en la escucha sino en la práctica narrativa misma: se aprende
narrando.
Jaiver
enfatiza además que su "ritual es escuchar," posicionando la escucha
no como recepción pasiva sino como práctica activa, como tecnología de
aprendizaje. Esta valoración de la escucha conecta con trabajos recientes sobre
"listening as method" en antropología (Back, 2007) que reivindican la
escucha como práctica epistémica sofisticada, no mera precondición del
conocimiento sino conocimiento en sí misma.
Institucionalización Pedagógica: Escuelas de
Narración y Talleres
Algunos
narradores, especialmente aquellos con trayectorias en gestión cultural, han
desarrollado estrategias de institucionalización pedagógica de la narración
oral. Gustavo Gutiérrez menciona haber creado una "escuela de trova"
donde ha formado nuevos trovadores. Omar Díaz refiere a talleres de narración
que ha impartido en Cartago.
Esta
institucionalización representa una transformación significativa en los modos
de transmisión: de aprendizaje informal incrustado en prácticas cotidianas, a
aprendizaje formal estructurado pedagógicamente. Esta transformación tiene
ventajas (sistematización, democratización del acceso, independencia respecto a
estructuras familiares) pero también riesgos (descontextualización, pérdida de
las dimensiones vivenciales y comunitarias que daban sentido a la narración).
Rupturas Generacionales: El Desinterés de los
Jóvenes
Una
preocupación recurrente en prácticamente todos los testimonios es el aparente
desinterés de las generaciones jóvenes por la tradición oral. Omar Díaz es
particularmente enfático:
"La
oralidad es fundamental para la identidad cultural y se necesita apoyo para
mantener viva esta tradición... la tecnología está reemplazando la interacción
humana y esto puede llevar a generaciones sordas y mudas... es crucial mantener
viva la oralidad y la tradición."
Este
discurso apocalíptico sobre la "pérdida" debe ser analizado
críticamente. Como señala García Canclini (2001), las narrativas sobre la
desaparición de lo tradicional ante la modernidad son recurrentes pero
frecuentemente exageradas. Lo que ocurre no es tanto desaparición como
transformación, hibridación, reconfiguración de prácticas culturales en nuevos
contextos.
Sin
embargo, es innegable que las ecologías mediáticas contemporáneas, dominadas
por pantallas individuales y consumos audiovisuales, configuran condiciones muy
distintas para la oralidad que aquellas prevalentes cuando la conversación cara
a cara era prácticamente el único entretenimiento disponible. La cuestión no es
si los jóvenes han "perdido" interés en la oralidad, sino cómo sus
prácticas orales se configuran en contextos mediáticos radicalmente distintos.
Transformaciones, Amenazas y Resistencias: La
Oralidad en Contextos de Cambio Acelerado
Los
narradores no son guardianes pasivos de un patrimonio estático sino agentes que
negocian constantemente su práctica en contextos de cambio social, económico,
cultural y tecnológico acelerado. El análisis de sus testimonios revela
múltiples dimensiones de transformación que afectan la viabilidad de la
tradición oral.
Urbanización y Transformación del Espacio
Como se
ha analizado extensamente en secciones previas, las transformaciones del
espacio urbano cartagüeño (desaparición de espacios de encuentro comunitario,
privatización de sociabilidades, cambios arquitectónicos) erosionan los marcos
espaciales que sostenían la práctica narrativa. Los andenes donde se contaban
historias, los bailaderos populares que funcionaban como espacios de encuentro
intercultural, la galería como punto de convergencia social, han desaparecido o
se han transformado radicalmente.
Esta transformación no es solo cartagüeña
sino que replica dinámicas globales de modernización urbana. David Harvey
(1989, 2012) ha analizado cómo el capitalismo contemporáneo produce
constantemente "destrucción creativa" del espacio urbano, subordinando
la ciudad a lógicas de rentabilidad inmobiliaria que frecuentemente entran en
conflicto con necesidades de sociabilidad comunitaria y preservación
patrimonial.
Betty Valencia articula esta transformación desde su experiencia como madre,
contrastando infancias radicalmente distintas:
"El vecindario, la cuadra, es la
que la calle cobra vida a nivel del uso de esos espacios. Ahora la calle es un
peligro, puede ser considerado un riesgo, a no ser que se viva en condominios.
De resto, uno no deja un niño que salga a la calle a jugar con sus vecinos.
Entonces en eso sí he notado unos cambios bastante distintos, y lo digo por mis
hijos... Uno no necesitaba como tanta cosa, éramos felices." (Betty
Valencia, 2025)
La frase "éramos felices" condensa
una evaluación que no es mera nostalgia sino crítica implícita: la
multiplicación de opciones de consumo y entretenimiento contemporáneas no
necesariamente ha incrementado la calidad de vida. La calle, que era
"espacio de vida", se ha convertido en "riesgo", obligando
a replegar la socialización infantil hacia espacios privatizados (condominios)
o virtuales (pantallas).
La
perspectiva de Jaiver sobre las transformaciones urbanas es particularmente
valiosa porque combina memoria de tránsito entre lo rural y lo urbano con una
posición generacional intermedia (40 años) que le permite recordar tanto
"el Cartago de antes" como experimentar activamente "el Cartago
de ahora." Su primera percepción de Cartago, llegando desde la ruralidad
de Alcalá, condensa una mirada externa que capta dimensiones que para
residentes permanentes podrían resultar invisibles:
"Cada
que me traían a Cartago yo veía algo muy macondiano con los ojos del turista...
ver casas como donde estamos, pero no es una sino muchas... calles que eran
como medio empedradas y ver la estación del tren que no estaba tan destruida en
ese momento."
La
referencia a lo "macondiano" es reveladora: Jaiver lee Cartago a
través del filtro de Cien años de soledad, encontrando en la ciudad
colonial vallecaucana resonancias del pueblo mítico de García Márquez. Esta
lectura literaria de la ciudad no es superficial sino que capta algo
fundamental: Cartago conservaba (y parcialmente conserva) una temporalidad
distinta, un ritmo que la modernización acelerada no había uniformado
completamente. Los "ojos del turista" son ojos que todavía pueden ver
lo extraordinario donde la familiaridad ha producido ceguera.
Sin
embargo, Jaiver también documenta pérdidas específicas. Menciona la estación
del tren, espacio emblemático de transformación: "No me tocó el tren, pero
no me tocó la destrucción de las estaciones tan bravas. O sea, digamos que
desaparecieron los trenes, no los alcancé a ir, pero alcancé a ver [las
estaciones] porque primero desapareció el tren y luego desaparecieron las estaciones."
Esta
secuencia (primero desaparece función, luego desaparece infraestructura)
ilustra proceso característico de transformaciones urbanas: el abandono gradual
que precede a demolición o reconversión. Las estaciones ferroviarias, que
fueron nudos cruciales de intercambio económico y social cuando Cartago era
centro de acopio cafetero, quedaron como cáscaras vacías al desmantelarse el
ferrocarril colombiano. Su posterior desaparición física borra incluso la
posibilidad de que funcionen como lugares de memoria, como ruinas que
atestigüen pasados productivos.
Desaparición
de espacios culturales institucionales: Jaiver narra con evidente frustración la
desaparición del centro cultural de Confandi donde trabajó:
"Yo
tuve la oportunidad de trabajar en Confandi, tristemente espacios que han
desaparecido en la ciudad... Cartago había un centro cultural y se terminó de
la noche a la mañana terminó, pero... Dios mío, una ciudad que tiene tan pocos
espacios culturales... me tocó los mejores momentos de ese centro cultural.
Entonces ahí hacíamos muchos temas de oralidad, de poesía."
Este
testimonio documenta una dimensión frecuentemente invisible en estudios sobre
transformaciones urbanas: la desaparición no solo de espacios públicos
informales (andenes, plazas) sino también de infraestructuras culturales
institucionales. Confandi, caja de compensación que operaba centros culturales
en ciudades intermedias, cerró estos espacios en lógica de
"racionalización" económica que subordina cultura a rentabilidad.
Para narradores como Jaiver, que encontraron en estos espacios
institucionalizados ámbitos de formación, experimentación y encuentro con
públicos, su desaparición significa contracción dramática de posibilidades de
ejercer su práctica.
Betty
Valencia, encargada del Archivo Histórico de Cartago, complementa este panorama
de espacios culturales desaparecidos desde la perspectiva de la memoria
institucional:
"No
solo recuerdo la famosa retreta en el parque de Bolívar, que eran los domingos
y agrupaba muchísima gente alrededor de esa audición musical. Los músicos
dependían del municipio... era muy lindo y los músicos eran con los
instrumentos musicales gigantescos, era bien interesante la movida cultural. Y
las idas a cine por el colegio también, las actividades culturales desde el
mismo colegio nos llevaban a los teatros tradicionales que en el momento no
están: uno era el Virrey, donde ahora hay una bodega en la carrera cuarta, y
otro teatro era el Teatro Cervantes, donde hoy por la quinta es una de las oficinas
de Comfamiliar. Ahí teníamos el cine, y audiciones musicales aquí en el
conservatorio." (Betty
Valencia, 2025)
Este
testimonio documenta una infraestructura cultural que Cartago poseía y ha
perdido: retretas municipales con orquesta, teatros (Virrey y Cervantes) que
hoy son bodegas u oficinas, y un circuito de formación artística que articulaba
colegios, conservatorio y espacios de exhibición. La transformación de estos
espacios en usos comerciales o administrativos ilustra el desplazamiento de la
función cultural por la rentabilidad económica.
La
exclamación "una ciudad que tiene tan pocos espacios culturales" es
acusación implícita: Cartago, ciudad que se auto-representa como "cuna del
talento" y capital cultural del norte vallecaucano, en realidad cuenta con
infraestructura cultural precaria. Esta contradicción entre discurso
identitario y realidad material afecta directamente viabilidad de prácticas
culturales como la narración oral.
Generación
de espacios alternativos autogestionados: Frente a esta escasez, Jaiver y otros artistas
generaron espacios alternativos:
"Hace
buen rato con un grupo de amigos gestionamos un espacio que se llamaba
Puentearte en el lineal, en el parque lineal."
El parque
lineal, infraestructura de espacio público relativamente reciente en Cartago,
fue apropiado por colectivos artísticos para crear el "Santuario de los
Amanes" y otros espacios de performance. Esta apropiación ilustra tácticas
(en sentido de De Certeau, 1980) mediante las cuales agentes culturales subordinados
intervienen espacios que no controlan, activándolos temporalmente para usos no
previstos por planificación oficial.
Sin
embargo, estos espacios autogestionados enfrentan precariedad estructural:
dependen de voluntarismo de organizadores, carecen de financiamiento estable,
están sujetos a desalojos o restricciones por parte de autoridades. Jaiver
menciona que estos espacios "fueron unos espacios que de forma
independiente los artistas se jugaban," utilizando verbo que connota
riesgo, apuesta, incertidumbre.
Tecnologías de Comunicación: De la Televisión a las
Redes Sociales
Múltiples
narradores identifican las tecnologías de comunicación como factor central de
transformación de las prácticas orales. Gloria Murillo establece una
contraposición clara entre épocas:
"La
televisión en los dos estratos no existía, no, y entonces la televisión de ese
entonces era la imaginación y era la palabra."
La
televisión, al concentrar la atención familiar en contenidos producidos
externamente, compite con y frecuentemente desplaza prácticas de conversación y
narración intrafamiliar. Sin embargo, investigaciones sobre recepción
televisiva en América Latina (Martín-Barbero & Rey, 1999; Orozco Gómez,
1996) han mostrado que la televisión no simplemente anula la oralidad sino que
genera nuevas formas de conversación: se conversa sobre lo visto en televisión,
se negocia qué ver, se comentan programas.
Las
tecnologías digitales e internet plantean desafíos y oportunidades adicionales.
Omar Díaz es crítico:
"La
tecnología está afectando la capacidad de los jóvenes para escuchar y hablar...
está reemplazando la interacción humana... esto puede llevar a generaciones
sordas y mudas."
Esta
retórica apocalíptica debe matizarse. Walter Ong (1982) acuñó el concepto de
"oralidad secundaria" para referirse a formas de oralidad que emergen
en contextos de alta tecnología (radio, teléfono, y posteriormente internet).
Estas oralidades no son idénticas a la oralidad primaria de sociedades sin
escritura, pero tampoco representan su negación absoluta.
Las redes
sociales, YouTube, podcasts y otras plataformas digitales están generando
nuevas formas de narración oral que combinan elementos de la oralidad
tradicional con posibilidades tecnológicas (edición, difusión masiva,
multimodalidad). Varios narradores reconocen estas plataformas como espacios
potenciales para la difusión de sus repertorios, aunque expresan también
preocupaciones sobre pérdida de la dimensión presencial y comunitaria.
Globalización Cultural y Homogeneización
César
Montoya menciona explícitamente los desafíos de la globalización:
"Los
desafíos de competir con la globalización y la influencia de redes sociales...
la importancia de mantener viva la memoria y la historia local en un mundo cada
vez más globalizado... la necesidad de defender la cultura local y la
importancia de la palabra en este proceso."
La
globalización cultural, entendida como intensificación de flujos
transnacionales de bienes simbólicos, información y formas culturales, genera
tensiones con culturas locales. Arjun Appadurai (1996) ha propuesto que estos
flujos son multidireccionales y generan tanto homogeneización como
heterogeneización, tanto convergencia como divergencia cultural. Sin embargo,
existe consenso en que culturas subalternas, minoritarias o locales enfrentan
presiones asimétricas en contextos globalizados.
Para los
narradores cartagüeños, "defender la cultura local" no significa
encerrarse en particularismos esencialistas sino reivindicar el valor de
memorias, saberes y formas expresivas específicas frente a la estandarización
cultural promovida por industrias culturales globalizadas. Esta defensa opera
tanto en planos discursivos (afirmación del valor de lo local) como en
prácticas concretas (continuar narrando, transmitir a nuevas generaciones,
crear espacios institucionales de preservación).
Pérdida Generacional de Portadores
Varios
narradores expresan preocupación por la edad avanzada de muchos portadores de
tradición oral y la falta de relevo generacional. Gustavo Gutiérrez señala:
"Quedan
pocas personas que cuentan historias de tradición en Cartago... es necesario
que las maestras y educadores continúen transmitiendo estas historias."
Esta
dimensión demográfica es crucial: si la transmisión intergeneracional se ha
debilitado y los portadores actuales son mayoritariamente adultos mayores,
existe riesgo de pérdida acelerada de repertorios narrativos cuando esta
generación fallezca. Jan Vansina (1985) señaló que en tradiciones orales, cada
muerte de un anciano portador de memoria representa pérdida de información
equivalente a la destrucción de una biblioteca.
Sin
embargo, esta metáfora de la biblioteca debe usarse con cautela: los portadores
de tradición oral no son repositorios pasivos sino agentes activos que
constantemente recrean y adaptan sus narrativas. Su valor no es solo el
contenido específico que custodian sino las competencias, técnicas y
sensibilidades narrativas que encarnan.
Estrategias de Resistencia y Adaptación
Frente a
estas amenazas, los narradores no adoptan posiciones de resignación pasiva sino
que desarrollan múltiples estrategias de resistencia y adaptación:
Institucionalización
educativa: Creación
de escuelas, talleres y programas de formación en narración oral y trova.
Documentación
audiovisual:
Participación en proyectos como el presente, reconociendo el valor de registrar
repertorios en formatos que permitan su preservación y difusión.
Vinculación
con espacios culturales: Participación en casas de cultura, bibliotecas, eventos culturales
donde la narración oral encuentra nuevos espacios de legitimación.
Apropiación
de tecnologías digitales: Algunos narradores exploran plataformas como YouTube o redes sociales
para difundir sus repertorios, aunque con ambivalencia sobre estos medios.
Incidencia
en políticas culturales: Demanda de reconocimiento y apoyo estatal a portadores de tradición
oral como patrimonio cultural inmaterial.
Estas
estrategias ilustran lo que Michel de Certeau (1980) llamó
"tácticas": formas de resistencia y reconfiguración que agentes subordinados
desarrollan dentro de sistemas que no controlan, apropiándose creativamente de
espacios, recursos y oportunidades.
Reflexividad de los Narradores: Meta-narrativas
sobre la Oralidad
Un
hallazgo significativo es el alto nivel de reflexividad que los narradores
demuestran sobre su propia práctica. No son simplemente portadores irreflexivos
de tradiciones heredadas, sino agentes conscientes que piensan su rol,
justifican su práctica, elaboran teorías implícitas sobre la oralidad y su
importancia.
Auto-comprensión del Rol Social
Los
narradores articulan comprensiones sofisticadas sobre su función social. Gloria
Murillo afirma:
"Es
que la oralidad más allá de la palabra sola... la oralidad permite encontrar
puntos de convergencia y conocer los orígenes de uno mismo... la importancia de
la palabra en Colombia y cómo la oralidad ha sido fundamental en la historia
del país."
Esta
meta-reflexión posiciona la oralidad no como mera práctica de entretenimiento
sino como dimensión constitutiva de identidad personal y colectiva. Gloria
conecta explícitamente oralidad con "orígenes", sugiriendo función
genealógica: narrar es inscribirse en cadenas de transmisión que vinculan con
ancestros y territorios de origen.
César
Montoya se auto-define no como alguien que "vive del cuento" sino
como alguien que "es el cuento", "lo vive", estableciendo
distinción ética entre explotación comercial de narrativas y vivencia auténtica
de la vocación narrativa. Esta distinción entre autenticidad y comercialización
replica debates más amplios en estudios patrimoniales sobre mercantilización de
la cultura.
Gustavo
Gutiérrez asume explícitamente "responsabilidad de mantener viva la
modalidad oral de la trova", conceptualizándose como salvaguarda activo,
no solo portador pasivo. Esta auto-comprensión como agente de preservación
cultural dotaría potencialmente a su práctica de sentido trascendente que va
más allá del placer individual de trovar.
Teorías Nativas sobre Funciones de la Oralidad
Los
narradores elaboran lo que la antropología llama "teorías folk" o
"teorías nativas": explicaciones que los actores sociales construyen
sobre fenómenos que experimentan. Estas teorías, aunque no emplean lenguaje
académico, frecuentemente capturan dimensiones importantes de los fenómenos.
Gloria Murillo
propone múltiples funciones de la oralidad:
"La
oralidad en la gastronomía... se transmite de generación en generación...
incluye máximas y versos, además de instrucciones prácticas... permite incluir
ingredientes espirituales y culturales."
Esta comprensión
de la oralidad culinaria es extraordinariamente sofisticada: reconoce que las
recetas no se transmiten solo como listas de ingredientes y procedimientos sino
como prácticas culturalmente densas que involucran dimensiones simbólicas
("ingredientes espirituales"), estéticas (máximas y versos) y
relacionales (transmisión intergeneracional).
Omar Díaz
teoriza sobre dimensiones afectivas y políticas de la narración:
"La
importancia de la palabra... puede ser un poderoso instrumento para construir o
destruir... La memoria oral es un patrimonio valioso que debe ser salvaguardado
y transmitido a las futuras generaciones."
Esta
comprensión de la palabra como fuerza performativa (que hace cosas, no solo las
describe) conecta con teorías de actos de habla (Austin, 1962; Searle, 1969)
desarrolladas en filosofía del lenguaje. La palabra que "construye o
destruye" es palabra que actúa sobre el mundo, que transforma realidades.
Críticas al Presente desde la Memoria
Múltiples
narradores utilizan sus narrativas del pasado como plataforma para críticas al
presente. Gloria Murillo contrasta:
"Yo
verla Cartago de ahora yo siento que hemos perdido en la parte del humanismo,
yo creo que hemos perdido esa parte de comunicación solidaria que tuvimos...
Cartago fue una ciudad respetuosa."
Esta
construcción narrativa del pasado como superior moralmente al presente es
recurrente en muchas culturas y ha sido analizada extensamente. Raymond
Williams (1973) identificó la "estructura de sentimiento" de
sociedades industriales modernas que constantemente desplazan la
"comunidad auténtica" al pasado, construyendo el presente como
degradación.
Sin
embargo, reducir estas narrativas a mera nostalgia sería empobrecedor.
Contienen dimensiones de crítica social legítima: la pérdida de espacios
públicos de encuentro, el debilitamiento de solidaridades comunitarias, la
mercantilización de relaciones sociales son procesos reales documentados en
estudios urbanos y sociológicos. La nostalgia puede ser no solo añoranza
melancólica sino posición crítica que utiliza el pasado (real o imaginado) como
punto de vista desde el cual juzgar el presente.
Propuestas Propositivas: Qué Hacer
Los
narradores no solo diagnostican problemas sino que proponen acciones. Gloria
Murillo es explícita:
"Invito
a las familias a recuperar la oralidad en la comunicación familiar... la
oralidad puede ser utilizada en la educación y en la creación de espacios de
encuentro... proyectos que busquen rescatar la oralidad."
Estas
propuestas incluyen dimensiones familiares (recuperar prácticas
conversacionales intrafamiliares), educativas (incorporar narración oral en
escuelas), institucionales (proyectos culturales de salvaguarda) y comunitarias
(crear espacios públicos de narración).
Gustavo
Gutiérrez propone:
"Se
deben hacer más investigaciones y se deben incentivar a los educadores a
enseñar la oralidad... realizar encuentros de oralidad en diferentes lugares...
organizar un encuentro de oralidad en Argelia, Anserma, El Cairo."
Estas
propuestas reconocen múltiples frentes de acción: investigación (producción de
conocimiento sobre la oralidad), educación (formación de nuevos narradores y
audiencias), y encuentros (creación de espacios de performance y
visibilización).
Síntesis Interpretativa de los Hallazgos
El
análisis de las seis dimensiones desarrolladas permite construir una síntesis
interpretativa sobre la oralidad en Cartago. Emerge un sistema cultural
complejo donde:
- La oralidad está profundamente
territorializada: Los relatos no son contenidos abstractos sino
prácticas inscritas en lugares específicos (río, galería, bailaderos,
andenes, espacios domésticos) que funcionan como marcos materiales y
simbólicos de la memoria.
- Existen múltiples géneros
narrativos con funciones diferenciadas: Mitos pedagógicos, anécdotas biográficas,
relatos históricos, trova competitiva, humor y exageración cumplen roles
sociales diversos (control social, construcción identitaria,
entretenimiento, resistencia simbólica).
- La transmisión
intergeneracional enfrenta tensiones: Aunque la familia sigue siendo espacio
primordial de transmisión, transformaciones en estructuras familiares,
dinámicas laborales y ecologías mediáticas han debilitado esta cadena.
- Los narradores son agentes
reflexivos y estratégicos: No custodios pasivos sino actores que
negocian su práctica en contextos cambiantes, desarrollando estrategias de
adaptación, resistencia e innovación.
- La oralidad cartagüeña es
híbrida y dinámica: No tradición prístina aislada de modernidad
sino campo donde confluyen influencias diversas (matrices indígenas,
afrodescendientes, campesinas, urbanas) que se reconfiguran
constantemente.
Esta
comprensión matizada evita tanto el folclorismo ingenuo (que idealiza la
tradición oral como vestigio del pasado a preservar en formol) como el
pesimismo apocalíptico (que predice su desaparición inminente). La oralidad
cartagüeña está en transformación, no en extinción; enfrenta amenazas reales,
pero también genera respuestas creativas. Su futuro dependerá de políticas
culturales, dinámicas sociales más amplias, y especialmente del protagonismo de
los propios portadores y comunidades en definir qué y cómo preservar, adaptar e
innovar.
DISCUSIÓN:
DIÁLOGOS ENTRE HALLAZGOS Y TEORÍA
Introducción a la Discusión
La
sección de resultados ha presentado una descripción densa y analíticamente rica
de las prácticas narrativas orales en Cartago, organizadas en seis dimensiones
fundamentales. Esta sección de discusión busca establecer un diálogo explícito
entre estos hallazgos empíricos y los marcos teóricos que orientaron la
investigación, así como con debates más amplios en los campos de estudios de
memoria, patrimonio cultural inmaterial, epistemologías del sur y antropología
de la comunicación.
La
discusión no pretende simplemente "aplicar" teorías a datos o
"verificar" hipótesis preconcebidas, sino construir comprensiones que
emergen del encuentro entre conceptualizaciones académicas y realidades
culturales específicas. En algunos casos, los hallazgos confirman, ilustran o
ejemplifican planteamientos teóricos; en otros, los complejizan, matizan o
incluso cuestionan. Esta tensión productiva entre teoría y empiria constituye
el motor del conocimiento científico social.
La
discusión se organiza en torno a cinco ejes temáticos que atraviesan
transversalmente los hallazgos: (1) la espacialización de la memoria y sus
implicaciones para la comprensión del patrimonio inmaterial, (2) las
transformaciones de la oralidad en contextos de modernización acelerada y sus
conexiones con debates sobre tradición y cambio, (3) las funciones sociales de
la narrativa oral más allá del entretenimiento, (4) las tensiones entre
patrimonialización institucional y vitalidad cultural comunitaria, y (5) las
epistemologías implícitas en las prácticas narrativas orales y su relevancia
para debates sobre producción de conocimiento.
Espacio, Memoria y Oralidad: Más Allá de Halbwachs
Uno de
los hallazgos más consistentes y teóricamente significativos de esta
investigación es la profunda inscripción territorial de las narrativas orales
cartagüeñas. Como se documentó extensamente en los resultados, los relatos de
los narradores están anclados a lugares específicos: el río La Vieja, la
galería, los bailaderos populares, los andenes, las cuevas míticas. Estos
lugares no son simplemente escenarios donde ocurren narrativas, sino
componentes constitutivos de las narrativas mismas.
Este
hallazgo resuena fuertemente con la propuesta de Maurice Halbwachs (2004b)
sobre el espacio como uno de los marcos sociales fundamentales de la memoria
colectiva. Halbwachs argumentó que los grupos sociales inscriben sus memorias
en el espacio, y que las transformaciones espaciales afectan profundamente la
capacidad de mantener vivas determinadas memorias. Los testimonios cartagüeños
confirman dramáticamente esta proposición: la desaparición de espacios como los
andenes donde se desarrollaban tertulias, o la transformación de bailaderos
populares en establecimientos comerciales estandarizados, no solo modifica el
paisaje urbano sino que erosiona los soportes materiales que sostenían
prácticas narrativas específicas.
Sin
embargo, los hallazgos también permiten complejizar y extender la teoría de
Halbwachs en varias direcciones:
Primero,
la dimensión sensorial-afectiva del espacio: Los narradores cartagüeños no solo refieren
lugares en términos visuales o arquitectónicos, sino que construyen geografías
olfativas (los olores de Cartago descritos por César Montoya), sonoras (el río,
el tren, la música de los bailaderos), y kinestésicas (la experiencia corporal
de recorrer la ciudad a pie). Esta multisensorialidad del espacio recordado
conecta con perspectivas fenomenológicas sobre el espacio vivido
(Merleau-Ponty, 1945) y con trabajos recientes sobre geografías sensoriales
(Rodaway, 1994; Pink, 2009) que cuestionan el predominio de lo visual en la
comprensión occidental del espacio.
La
cartografía olfativa de Cartago construida por César (carambolo, cacao, tabaco,
jazmín de la noche) no es mero ornamento poético sino dimensión epistémica
fundamental: el olor como modo de conocer, recordar y pertenecer al territorio.
Constance Classen et al. (1994) han argumentado que en muchas culturas no
occidentales, el olfato tiene primacía sobre la vista como sentido de
orientación y memoria. Aunque Cartago no es sociedad "no occidental"
en sentido estricto, la persistencia de memorias olfativas sugiere que las
modernizaciones urbanas que privilegian lo visual-arquitectónico pueden estar
erosionando dimensiones sensoriales significativas de la experiencia
territorial.
Segundo,
lugares míticos y heterotopías: Junto a espacios materialmente verificables, los
narradores pueblan la geografía cartagüeña de lugares míticos: las cuevas del
Padre Martínez, casas embrujadas, puentes donde aparecen fantasmas. Estos
lugares operan en registros simultáneos: son referencias a espacios reales
(probablemente existen cuevas geológicas, edificios antiguos que alimentan
narrativas sobrenaturales) pero también son construcciones imaginarias cargadas
de significados simbólicos.
Michel
Foucault (1984) introdujo el concepto de "heterotopía" para referirse
a espacios otros, contra-sitios donde las relaciones sociales normales se
suspenden o invierten. Las cuevas, las casas embrujadas, los espacios liminales
donde aparecen seres sobrenaturales constituyen heterotopías que coexisten con
la ciudad racional, proporcionando dimensiones de alteridad, misterio y
transgresión. Estos espacios míticos no son meras fantasías individuales sino
construcciones colectivas que cumplen funciones sociales específicas: pedagogía
mediante el miedo, negociación simbólica de peligros reales, preservación de
narrativas históricas en formas legendarias.
La
coexistencia de geografías racionales y míticas sugiere que la modernización
urbana no elimina completamente dimensiones mágicas o sobrenaturales de la
experiencia espacial, sino que las reconfigura. Los espacios míticos se
desplazan a zonas marginales, a edificios antiguos que resisten demolición, a
lugares naturales menos urbanizados, manteniendo así una dimensión de
encantamiento en la ciudad aparentemente desencantada.
Tercero,
la producción activa de territorio mediante la narración: Los marcos de Halbwachs pueden
dar la impresión de que el espacio es soporte pasivo de memorias que se
inscriben en él. Los hallazgos cartagüeños sugieren una relación más
dialéctica: las narrativas no solo se anclan en lugares existentes sino que
activamente construyen esos lugares como significativos. Michel de Certeau
(1984) distinguió entre "lugar" (orden espacial dado) y
"espacio" (lugar practicado, activado mediante uso). Narrar lugares
es una forma de practicarlos, de transformarlos de coordenadas abstractas en
territorios vividos.
Cuando
los narradores evocan la galería, los bailaderos desaparecidos o el río, no
solo documentan espacios del pasado sino que los recrean discursivamente, los
mantienen presentes en el espacio simbólico comunitario. Esta recreación
narrativa constituye una forma de resistencia simbólica frente a
transformaciones materiales del espacio urbano que las comunidades no
controlaron. Si físicamente la galería se transformó o los bailaderos cerraron,
narrativamente estos espacios persisten en la memoria oral, constituyendo lo
que Pierre Nora (1984) llamó "lugares de memoria": sitios donde se
cristaliza y refugia la memoria cuando los ambientes de memoria (contextos
vividos de práctica cultural) se erosionan.
Cuarto,
diferenciación territorial y estratificación de memorias: Los hallazgos revelaron que
diferentes sectores del municipio (rural vs. urbano, diferentes comunas) están
asociados con prácticas narrativas específicas, géneros distintivos y funciones
sociales diferenciadas de la oralidad. La trova de Gustavo Gutiérrez está
profundamente arraigada en el mundo rural arriero del norte vallecaucano; las
narrativas urbanas de Gloria Murillo están marcadas por experiencias de
migración, multiculturalidad afrodescendiente y transformaciones urbanas
aceleradas.
Esta
diferenciación territorial de memorias y narrativas conecta con trabajos
recientes en geografía cultural y antropología urbana que cuestionan
concepciones homogeneizantes del espacio urbano. Doreen Massey (2005) ha
argumentado por una "política progresista de lugar" que reconozca que
los lugares no son contenedores cerrados de identidades esenciales sino nodos
en redes de relaciones sociales, atravesados por múltiples trayectorias.
Cartago no es un espacio homogéneo con una memoria única sino territorio
heterogéneo donde coexisten múltiples memorias, frecuentemente estratificadas
por clase, raza, género y posición territorial.
Esta
heterogeneidad plantea desafíos para políticas de salvaguarda del patrimonio
oral: ¿qué memorias se preservan? ¿Quién decide qué narrativas representan
"lo cartagüeño"? ¿Cómo evitar que procesos de patrimonialización
reproduzcan jerarquías sociales privilegiando memorias de sectores dominantes
sobre memorias subalternas?
Mitologización
del territorio urbano: cuentos para una ciudad sin memoria
La
práctica narrativa de Alexander Moriones ("Guardián de la Palabra")
revela una operación singular: la construcción deliberada de mitología urbana
en una ciudad que ha perdido sus relatos fundacionales. A diferencia de
narradores rurales que transmiten mitos heredados, Moriones investiga,
reconstruye y narra historias urbanas olvidadas, re-sacralizando espacios
desacralizados por la modernización:
"Cartago,
al igual que muchas otras partes, digamos como que tiene sitios muy
representativos que han sido muy icónicos. Cartago por su centro histórico
tiene el arraigo muy católico, cierto, están todas las iglesias, pero hay una
particularidad: es que alrededor de las iglesias de Cartago siempre hay unas
historias muy, muy místicas. Digamos, está la historia del Cristo quemado, está
lo que sucedía en la puerta del perdón, ahí en lo que es ahora San Francisco.
Cada espacio en Cartago tiene esa conexión directa con la historia y con la
palabra."
Esta
afirmación —"cada espacio en Cartago tiene un cuento particular"— no
es descriptiva sino programática. Moriones no encuentra estos cuentos
espontáneamente; los busca, los investiga, los reconstruye a partir de
fragmentos de memoria colectiva. Su labor es arqueológica: excava en el
imaginario urbano para recuperar relatos sepultados por la homogeneización
modernizadora.
Su cuento
sobre el río La Vieja (tatayama en lengua indígena) ejemplifica esta
mitologización contemporánea:
"Yo
creo que ese es como el que más ha sido pensado y sentido directamente para
Cartago, para su historia (...) Las historias de los samanes del parque lineal
o santuario de los samanes, como se llamó en algún día, en algún momento de la
historia, era un nombre hermoso, y luego la junta de acción comunal lo cambia.
Ahí hay una serie de samanes en línea, pero también hay una serie de cuentos
que se conectan directamente con el territorio. Es un territorio que va hasta
el puente Anacaro, donde está pues como el mito urbano de los taxistas que
recogían a una monja, que la dejaban en el convento, y cuando entraban al
convento a reclamar encontraban que había un velorio. Y cuando iban a ver quién
estaba en el velorio era precisamente la monja que estaban velando."
Este
relato condensa múltiples operaciones de territorialización narrativa. Primero,
recupera la toponimia indígena (tatayama) frente al nombre colonial (La Vieja).
Segundo, registra la pérdida de una nomenclatura poética ("Santuario de
los Samanes") reemplazada por designaciones burocráticas. Tercero,
re-territorializa un "mito urbano universal" (la auto-stop fantasma)
anclándolo en geografías específicas: el convento, el puente Anacaro, el
corredor de samanes. El mito no es inventado por Moriones, pero él lo localiza,
lo densifica, lo convierte en relato identitario cartagüeño.
Esta
práctica responde a lo que De Certeau (1984) analiza como la necesidad de
"relatos de espacios" para que los lugares no se conviertan en meros
"no-lugares" (Augé, 1992). La ciudad moderna —funcional, planificada,
despojada de memoria— produce espacios sin historia: avenidas sin nombre
propio, barrios sin relatos fundacionales, edificios intercambiables. Moriones
resiste esta banalización narrativa:
"Conexión
directa, conexión directa con el territorio siempre es como la raíz primaria
para empezar a contar. Entonces, como que cada espacio en Cartago para mí tiene
un cuento particular."
Su
insistencia en la "conexión directa" territorio-relato no es
regionalismo nostálgico sino estrategia de arraigo. Los cuentos permiten que
los habitantes reconozcan su ciudad, conviertan el espacio abstracto en lugar
cargado de sentido. Moriones comprende que narrar la ciudad es una forma de
disputar su significado frente a las narrativas desarrollistas que la reducen a
mercado inmobiliario o infraestructura funcional.
Su
testimonio sobre la niñez revela el origen de esta sensibilidad topofílica:
"Recuerdo
mucho este parque, Parque de la Isleta. De niño, como que los fines de semana
era el punto de encuentro familiar (...) Yo de niño vivía aquí por la carrera
cuarta, antiguamente históricamente reconocida como la calle real. Digamos,
como que esas estructuras de Cartago viejo, esas puertas gruesas de madera de
tocar con aldabón, las ventanas con postigos. Eso recuerdo mucho de mi
niñez."
La
"calle real", las "puertas con aldabón", los "postigos"
—elementos de la arquitectura colonial— funcionan como mnemotecnia: son objetos
que cargan memoria, que permiten la transmisión intergeneracional del relato
urbano. La desaparición de esta arquitectura implica la desaparición de los
soportes materiales del recuerdo. Moriones, al narrar estos espacios, los
preserva simbólicamente incluso cuando su materialidad desaparece.
Su
práctica evidencia lo que Ricoeur (2000) denomina "trabajo de
memoria": un esfuerzo consciente, casi terapéutico, por impedir que el
pasado sea completamente borrado. En una ciudad que demolió su estación de
tren, pavimentó sus caminos, canalizó sus quebradas, los cuentos de Moriones
operan como contra-archivo: registran lo que la modernización destruyó,
conservan lo que la planificación urbana desecha. Su oralidad no es arcaica
sino urgente: responde a la urgencia de una ciudad amnésica que se transforma
tan rápido que olvida lo que fue.
Oralidad, Modernidad y Transformación: Negociando
Continuidad y Cambio
Un
segundo eje de discusión crucial refiere a las transformaciones de la oralidad
en contextos de modernización, urbanización y cambio tecnológico acelerado. Los
narradores expresaron consistentemente preocupaciones sobre amenazas a la
tradición oral: desaparición de espacios de sociabilidad, competencia de
tecnologías mediáticas, desinterés de jóvenes, pérdida generacional de
portadores.
Estas
preocupaciones resuenan con narrativas recurrentes en estudios sobre cultura
oral que identifican la modernidad como amenaza terminal. Walter Benjamin
(1936/2008), en su influyente ensayo sobre el narrador, diagnosticó una crisis
de la narratividad en la modernidad europea, vinculada a transformaciones
económicas (industrialización), sociales (urbanización, atomización) y comunicativas
(predominio de la información periodística sobre el relato tradicional). Walter
Ong (1982) documentó cómo la escritura y posteriormente las tecnologías
electrónicas transformaron profundamente estructuras cognitivas, modos de
pensar y formas de comunicación asociadas con la oralidad primaria.
Sin
embargo, los hallazgos cartagüeños sugieren que la relación entre oralidad y
modernidad es más compleja que simples narrativas de declinio o desaparición:
Primero,
persistencia y adaptación: A pesar de transformaciones profundas en Cartago (urbanización
acelerada, llegada de televisión e internet, cambios en estructuras
familiares), la tradición oral no ha desaparecido sino que persiste en formas
reconfiguradas. Los narradores entrevistados, mayoritariamente adultos mayores
pero también algunos más jóvenes, continúan activamente narrando,
transmitiendo, adaptando sus repertorios. Esta persistencia sugiere que la
oralidad posee resiliencia y capacidad de adaptación mayores que las predichas
por teorías apocalípticas.
Jesús
Martín-Barbero (1987, 2002) ha argumentado persuasivamente que en América
Latina la modernidad no significó necesariamente la superación lineal de
tradiciones orales por escritura y medios masivos, sino la configuración de
culturas híbridas donde coexisten y se entrelazan múltiples matrices
culturales. La telenovela latinoamericana, por ejemplo, puede analizarse como
género que actualiza en formato televisivo estructuras narrativas y funciones
sociales de la tradición oral. Similarmente, los narradores cartagüeños no son
reliquias de un pasado premoderno sino agentes contemporáneos que negocian
constantemente entre referencias tradicionales y contextos actuales.
Segundo,
"oralidad secundaria" y nuevas ecologías mediáticas: Walter Ong (1982) distinguió
entre "oralidad primaria" (cultura de sociedades sin conocimiento de
escritura) y "oralidad secundaria" (formas de oralidad que emergen en
sociedades con alta tecnología, especialmente a través de medios electrónicos).
Los narradores cartagüeños operan claramente en contextos de oralidad
secundaria: están alfabetizados, consumen medios masivos, algunos exploran
plataformas digitales.
Esta
oralidad secundaria no es idéntica a la oralidad primaria (tiene
características específicas derivadas de su coexistencia con escritura y
tecnologías) pero tampoco representa su negación absoluta. Conserva dimensiones
de la oralidad primaria: énfasis en la co-presencia física, dimensión
performativa y corporal, adaptabilidad a audiencias, función comunitaria. Pero
las incorpora en contextos mediáticos radicalmente distintos.
Las
tensiones que los narradores expresan frente a tecnologías digitales
(preocupaciones sobre "generaciones sordas y mudas", sobre pérdida de
interacción humana) son comprensibles y refieren a transformaciones reales. Sin
embargo, pueden también interpretarse como parte de un patrón recurrente de
"pánico moral" que acompaña a nuevas tecnologías de comunicación.
Cada nueva tecnología (escritura según Platón, imprenta según escribas medievales,
fotografía según pintores, cine según teatreros, televisión según
intelectuales, internet según todos) ha generado discursos apocalípticos sobre
pérdida de capacidades, degradación cultural y amenaza a formas previas de
comunicación.
Sin negar
transformaciones reales, investigaciones recientes sobre prácticas culturales
juveniles en contextos digitales (Buckingham, 2008; Ito et al., 2010; boyd,
2014) sugieren que los jóvenes no simplemente han "perdido"
capacidades orales sino que desarrollan nuevas formas de oralidad mediadas
tecnológicamente: videollamadas, mensajes de voz, podcasts, videos en redes
sociales que combinan palabra hablada con imágenes. Estas prácticas son
distintas de tertulias de andén, pero no necesariamente inferiores o menos "orales".
La
generación intermedia: entre la oralidad campesina y la urbanidad letrada
Jaiver
Valencia encarna una posición generacional estratégica para comprender las
transformaciones de la oralidad en el tránsito campo-ciudad. Nacido en Alcalá
(San Sebastián de la Balsa), llegó a Cartago a los 18 años, trayendo consigo la
memoria oral campesina pero confrontándola con los códigos urbanos de
profesionalización artística:
"Yo
recuerdo, yo soy de Alcalá, es de Alcalá Valle (...) yo vivía en una finquita
que era la finca mi abuelita y no teníamos luz eléctrica, no teníamos energía
eléctrica. Y entonces pues allá se desalumbraba con velitas (...) mi abuelita
hacía fogatas y mi abuelita nos contaba historias (...) me contaba, por
ejemplo, que en esa finca que un día subió un caballo y el caballo era con el
jinete, que era el caballo del diablo y que se escuchaban las cadenas
arrastrar, y yo era así con miedo, la fogata y mi abuelita narrando."
La fogata
nocturna en la finca sin electricidad representa el espacio pedagógico clásico
de la oralidad campesina: oscuridad, fuego, terror, comunidad familiar. Pero
Jaiver no romantiza este origen; lo analiza con distancia reflexiva,
incorporando incluso vocabulario contemporáneo ("dopamina") para
describir la seducción narrativa. Su llegada a Cartago marca un quiebre
perceptivo:
"Cada
que me traían a Cartago yo oí algo muy macondiano (...) ver una casa, por
ejemplo, como donde estamos, pero no es una sino muchas, y en ese momento
habían más, y ver como unas calles que eran como medio empedradas y ver la
estación del tren que no estaba tan destruida en ese momento. No me tocó el
tren, pero no me tocó la destrucción de las estaciones tan bravas (...) y yo vi
eso como muy Macondo y veía a la gente distinta, diferente."
La referencia
a García Márquez no es casual: Jaiver lee Cartago desde un código literario,
mediado por la escolarización. Esta "mirada de turista" (como él
mismo la nombra) evidencia la doble conciencia del migrante interno: pertenece
y no pertenece, entiende los códigos rurales pero los interpreta desde
categorías urbano-letradas.
Su
tránsito hacia la narración profesional revela las tensiones de esta posición
intermedia:
"Cuando
yo llegué pues yo ya venía, yo ya había hecho teatro, hacía cuentería, entonces
venía con el impulso artístico, llegué a una institución (...) había una línea
de formación de narración oral (...) empecé a investigar alrededor de eso,
empecé a leer, y hoy día estoy en eso."
A
diferencia de Gloria Murillo o Gustavo Gutiérrez —cuya oralidad es
"dada", heredada sin mediación institucional—, Jaiver "aprende a
narrar" en talleres, lee teoría, se profesionaliza. Pero a diferencia de
narradores completamente urbanos, conserva la conexión con la matriz campesina.
Este hibridismo genera una reflexividad crítica sobre la función social de la
oralidad:
"¿Cuál
cree usted que es la función [del narrador]? Para mí (...) es enamorar a la
gente de la palabra, de la escucha y de la lectura. No me considero un
salvaguarda de la oralidad, no (...) En mi caso yo quiero que la gente se
enamore de esas tres cosas: de hablar, de escuchar y de leer, porque van las
tres cosas de la mano."
Esta
negativa a autodenominarse "salvaguarda" es significativa. Mientras
los narradores mayores asumen naturalmente ese rol, Jaiver se posiciona como
mediador pedagógico entre oralidad y escritura. Su horizonte no es preservar la
tradición sino "enamorar" —seducir— a las nuevas generaciones hacia
prácticas comunicativas amenazadas. Reconoce la fragilidad pero se niega al
lamento:
"Yo
creo y tengo la plena fe de que aún no estamos en Cartago y en esta región,
incluso en Colombia, como están en muchos otros lugares. Yo creo que aún esto
no nos ha robado el 100 por 100 de nuestra atención. Yo aún veo en Cartago en
las tardes gente afuera charlando, conversando (...) ahora, no sé qué tantos
narradores... eso sí no veo mucho. Yo los puedo contar en los dedos."
Su
análisis distingue claramente entre "conversación cotidiana" (que
persiste) y "narración especializada" (que declina). Esta lucidez
analítica lo diferencia de posiciones tanto apocalípticas como ingenuamente
optimistas. Comprende que la transformación tecnológica es estructural, pero
niega el determinismo:
"Nos
han metido el cuento que biológicamente las nuevas generaciones vienen con el
chip, pero realmente no es así. Biológicamente venimos a escuchar, venimos a
ver, pero como no lo hacemos los papás, no lo hacemos los profes, por eso los
niños están perdiendo la capacidad de la palabra y la capacidad de
escucha."
Jaiver
representa, así, la "generación bisagra": suficientemente joven para
habitar los códigos urbanos y tecnológicos, suficientemente arraigado en la
oralidad campesina para valorarla. Su posición intermedia no es de pérdida sino
de traducción: busca códigos que permitan la transmisión en condiciones
transformadas. Encarna lo que Néstor García Canclini (1989) describe como las
"estrategias de reconversión cultural" de los migrantes internos: no
abandonan la herencia tradicional ni la preservan intacta, sino que la
reinterpretan en los nuevos escenarios urbanos.
Tercero,
institucionalización y escolarización de la oralidad: Algunos narradores (como Gustavo
Gutiérrez con su escuela de trova, u Omar Díaz con talleres de narración) han
desarrollado estrategias de institucionalización pedagógica de prácticas
tradicionalmente transmitidas informalmente. Esta institucionalización
representa transformación significativa: de aprendizaje situado en contextos
familiares y comunitarios a aprendizaje formal en espacios educativos
estructurados.
Esta
transformación tiene ventajas evidentes: democratiza acceso (personas sin
vínculos familiares con portadores pueden aprender), sistematiza conocimientos,
crea espacios de legitimación institucional. Pero también implica riesgos: la
pedagogización puede descontextualizar prácticas de sus marcos sociales
originales, transformar lo que era dimensión vivencial de la cultura en
"asignatura" escolar, subordinar lógicas culturales comunitarias a
lógicas institucionales burocráticas.
Barbara
Rogoff (2003) y otros antropólogos de la educación han documentado tensiones
entre modos de aprendizaje "tradicionales" (caracterizados por
observación, participación guiada, inserción en comunidades de práctica) y
modos escolares (caracterizados por instrucción explícita, separación entre
aprender y hacer, evaluación formal). La escolarización de la tradición oral
puede inadvertidamente transformar su naturaleza.
Cuarto,
nostalgia reflexiva vs. nostalgia restauradora: Las narrativas de los narradores
sobre pérdidas, transformaciones y amenazas podrían interpretarse
superficialmente como mera nostalgia: añoranza melancólica de un pasado
idealizado. Sin embargo, análisis más cuidadoso sugiere que se trata
principalmente de lo que Svetlana Boym (2001) llamó "nostalgia
reflexiva": uso del pasado como punto de vista crítico sobre el presente,
no intento de restauración literal de lo perdido.
Cuando
Gloria Murillo contrasta la Cartago solidaria del pasado con la Cartago
individualizada del presente, o cuando los narradores lamentan pérdida de
espacios de encuentro comunitario, no están simplemente fantaseando con un
paraíso perdido sino articulando críticas sociales legítimas: el debilitamiento
de solidaridades comunitarias, la mercantilización de espacios urbanos, la
privatización de sociabilidades son procesos reales documentados en sociología
urbana y antropología de la ciudad.
Raymond
Williams (1973) señaló que sociedades industriales modernas recurrentemente
desplazan la "comunidad auténtica" al pasado, construyendo el
presente como degradación. Este desplazamiento puede ser ideológico
(mistificando el pasado, negando sus conflictos y desigualdades). Pero puede
también contener núcleos de verdad: dimensiones de la vida social que
efectivamente se han erosionado y cuya pérdida merece ser lamentada y, en lo
posible, recuperada en formas adaptadas al presente.
Quinto, crítica tecnológica fundamentada:
Omar Díaz y la pedagogía de la presencia
La posición de Omar Díaz (Juan Sin Miedo) frente a
las tecnologías digitales representa un caso particularmente sofisticado de
crítica cultural que trasciende el pánico moral simplista para articular
preocupaciones fundamentadas sobre transformaciones antropológicas derivadas
del uso excesivo de dispositivos tecnológicos. A diferencia de discursos
apocalípticos vagos, Omar construye su crítica sobre bases empíricas y
pedagógicas específicas, referenciando incluso políticas públicas
internacionales sobre el tema.
Generaciones "Sordas y Mudas":
Diagnóstico de una Crisis Comunicativa
Omar articula con claridad una preocupación central
sobre el impacto de la tecnología en capacidades comunicativas básicas:
"La tecnología está afectando la capacidad de
los jóvenes para escuchar y hablar... generaciones sordas y mudas... en la
antigüedad se contaban cuentos en todas las casas."
Esta caracterización de "generaciones sordas y
mudas" no debe interpretarse como mera hipérbole retórica sino como
diagnóstico sobre atrofia de competencias orales-auditivas específicas. Omar no
afirma que los jóvenes sean literalmente sordos o mudos, sino que el uso
intensivo de interfaces digitales (pantallas, texto escrito, comunicación
asincrónica) está erosionando habilidades desarrolladas históricamente mediante
interacción oral cara a cara: escucha activa, modulación vocal expresiva,
lectura de señales paraverbales, sincronización conversacional.
Esta preocupación encuentra respaldo en
investigaciones recientes sobre efectos cognitivos y sociales del uso intensivo
de dispositivos digitales. Nicholas Carr (2010) en "The Shallows: What the
Internet Is Doing to Our Brains" documentó cómo el uso prolongado de
internet está transformando procesos atencionales, favoreciendo procesamiento
superficial sobre lectura profunda. Sherry Turkle (2015) en "Reclaiming
Conversation" ha demostrado cómo la omnipresencia de smartphones está
debilitando capacidades de conversación empática y reduciendo tolerancia al
silencio y la soledad reflexiva.
Referencias a Políticas Públicas
Internacionales: Suiza y Finlandia
Lo que distingue la crítica de Omar de meras
lamentaciones nostálgicas es su referencia a políticas públicas concretas
implementadas en otros países:
"Políticas de países como Suiza y Finlandia sobre
uso de tecnología en niños... importancia de interacción humana real vs.
digital."
Aunque Omar no desarrolla exhaustivamente estas
referencias, están fundamentadas en debates reales sobre regulación tecnológica
en la infancia. Diversos países europeos han implementado o debatido
restricciones al uso de dispositivos en escuelas:
·
Francia prohibió en 2018 el uso
de teléfonos móviles en escuelas primarias y secundarias.
·
Suecia ha generado debates
sobre reducción del tiempo de pantalla en educación inicial tras identificar
declives en lectura.
·
Finlandia, frecuentemente
idealizada por su sistema educativo, efectivamente enfatiza interacción social
y juego físico sobre digitalización temprana.
La mención de Omar a estos contextos internacionales
no es ornamental sino estrategia retórica sofisticada: legitima su crítica
mediante referencia a autoridades institucionales (gobiernos de países con
sistemas educativos prestigiosos), desplazando su argumento del registro de
opinión personal al de evidencia empírica y decisión política informada.
La Palabra como Instrumento de Construcción
o Destrucción: Dimensión Ético-Política
Omar articula una comprensión de la palabra que
trasciende su función meramente comunicativa para posicionarla como fuerza
performativa con consecuencias éticas y políticas:
"La palabra puede ser un poderoso instrumento
para construir o destruir."
Esta comprensión conecta con teorías de actos de
habla (Austin, 1962; Searle, 1969) que identificaron cómo el lenguaje no solo
describe el mundo sino que actúa sobre él: palabras que prometen, ordenan,
bendicen, maldicen, insultan, perdonan no solo representan acciones sino que
son acciones. La palabra que "construye o destruye" es palabra
performativa que transforma realidades sociales, psicológicas y políticas.
En contextos colombianos marcados por violencia
política y conflicto armado, esta comprensión adquiere resonancias específicas.
Como han documentado múltiples autores (GMH, 2013; Uribe, 2004), la violencia
en Colombia no ha sido solo física sino también simbólica: estigmatizaciones,
señalamientos, propaganda, discursos de odio han "destruido"
reputaciones, comunidades, proyectos colectivos. Inversamente, la palabra como
instrumento de "construcción" refiere a su potencial de crear
comunidad, tejer solidaridades, preservar memoria, resistir olvido.
Oralidad, Violencia y Memoria: María Isabel
Espinoza y la Documentación del Horror
En el contexto del conflicto armado colombiano, la
oralidad ha cumplido funciones cruciales de documentación, denuncia y
elaboración simbólica del trauma colectivo. María Isabel Espinoza Hincapié,
conocida como "La Novia del Río Cauca", ejemplifica esta dimensión
con particular intensidad. Durante más de dos décadas, María Isabel trabajó en
un restaurante con vista al río Cauca en Guayabito, zona rural de Cartago.
Desde esa posición privilegiada de observación, fue testigo del paso incesante
de cadáveres que el río arrastraba durante los años más crudos del conflicto
armado en Colombia.
Ante la normalización institucional de esta
violencia —autoridades que no documentaban sistemáticamente los hallazgos,
medios de comunicación que invisibilizaban la magnitud del horror— María Isabel
asumió individualmente una función que debiera haber sido estatal: registrar,
documentar, nombrar. Su método era urgente y precario: cada vez que veía
aproximarse un cuerpo, interrumpía su jornada laboral, tomaba una servilleta
del restaurante y anotaba en 5 minutos la información observable:
"Yo veía venir el cadáver, no veía venir, y yo
decía: ahí viene. Y yo cogía la servilleta de la mesa, y cogía porque yo
mantenía en un delantal un lapicero, me iba y ahí mismo anotaba la fecha y le
hacía el levantamiento ahí, porque era un remolino que lo detenía 5 minutos. En
5 minutos yo le hacía el registro." (María Isabel, 2025)
Este archivo en servilletas —que María Isabel
conserva como testimonio material— constituye un contra-archivo popular que
desafía el olvido institucional. Como ha teorizado Diana Taylor (2003) en su
trabajo sobre archivos y repertorios en contextos de violencia latinoamericana,
ante la destrucción sistemática de archivos oficiales o su manipulación por
perpetradores de violencia, emergen prácticas archivísticas populares,
precarias pero resistentes: fotografías domésticas, cartas, testimonios orales
que operan como contra-memorias.
El trabajo de María Isabel no se limitó al registro
escrito urgente. Estas anotaciones devinieron posteriormente materia prima para
elaboración poética. María Isabel transformó trauma observado en poesía oral
que recita públicamente, convirtiendo lo indecible en palabra compartible,
transformando dolor individual en duelo colectivo. Su poema más reconocido, "Los
lamentos del río", con el cual ganó un Lauro de Oro en la Real Academia de
la Lengua, sintetiza esta operación de transmutación del horror en belleza
dolorosa:
"Todas las aguas son sagradas, eso no lo voy a
discutir, pero de la fuente que les hablo el alma me fue a partir. La corriente
de mi inspiración es oscura y silenciosa, ahora tiene apariencia de una
constante carroza, carroza fúnebre que carga los muertos todos los días, esos
que dejan la violencia sin compasión ni medida. (...) Aumentaron sus cauces con
sangre culpable e inocente, todavía lleva en sus entrañas el eco de la muerte.
(...) Por eso todos los ríos con voz fuerte quieren expresar que ellos también
fueron víctimas de esta cruda realidad. Por eso yo traigo el río Cauca, lo
traigo en esta botellita, y aunque muchos no quieran creer, también es agua
bendita." (María Isabel, 2025)
Este poema realiza múltiples operaciones simbólicas
simultáneas:
Primero, humanización de las víctimas: Aunque María
Isabel no pudo conocer identidades específicas de los cuerpos que documentó,
mediante su poesía les devuelve estatuto de humanidad que violencia les había
arrebatado. No son "N.N." anónimos sino seres cuya muerte merece ser
llorada, recordada, dignificada.
Segundo, re-sacralización del río: El río Cauca, convertido
por la violencia en vertedero de cadáveres, es simbólicamente transformado por
María Isabel en espacio sagrado. Lleva consigo una botella con agua del río que
muestra en sus presentaciones públicas, afirmando: "también es agua
bendita". Este gesto performático invierte la profanación: si la violencia
desacralizó el río, la palabra poética lo re-sacraliza.
Tercero, visibilización de río como víctima: El
poema no solo lamenta a las víctimas humanas sino al río mismo: "ellos
también fueron víctimas". Esta comprensión ecológica del conflicto —que
reconoce que territorios, no solo humanos, sufren daños irreparables— conecta
con perspectivas de ecología política (Escobar, 2014) y con cosmovisiones
indígenas y campesinas donde naturaleza no es objeto pasivo sino sujeto con
agencia propia.
Cuarto, creación de comunidad de duelo: Las
presentaciones públicas de María Isabel, donde recita su poesía ante audiencias
diversas, operan como rituales colectivos de elaboración del trauma. Como ha
teorizado Veena Das (2008) en su antropología del sufrimiento, sociedades
afectadas por violencia masiva necesitan espacios y tiempos ritualizados donde
el dolor pueda ser expresado, escuchado, compartido. Los actos poéticos de
María Isabel cumplen esta función: convocan comunidades temporales de testigos
que, mediante escucha empática, participan en trabajo colectivo de duelo.
El caso de María Isabel ilustra cómo oralidad, en
contextos de violencia extrema, trasciende funciones de entretenimiento o
preservación cultural para devenir tecnología de resistencia, archivo
alternativo, espacio de sanación y herramienta de construcción de memoria
histórica. Su práctica conecta con trabajos de antropología de la violencia en
América Latina que han documentado cómo, ante fallos o complicidades estatales,
comunidades desarrollan sus propios mecanismos de documentación, denuncia y
reparación simbólica.
María Isabel también reflexiona explícitamente sobre
el costo personal de esta labor:
"La gente pensará: ´ah bueno, ella está ahí,
bueno´. Pero nadie sabe qué me ha tocado hacer y eso también lo he tenido
escrito, lo he escrito porque no quiero que se me olvide cómo me tocó hacer ese
legado del río. Detrás de cámaras mi vida es todavía más nutrida. Detrás de
cámara nadie sabe cómo me la he tenido que sortear para llevar este
legado." (María Isabel, 2025)
Esta reflexión evidencia que el trabajo de memoria
en contextos de violencia no es gratuito ni abstracto sino que implica riesgos,
costos emocionales, y frecuentemente, soledad. María Isabel sostiene su archivo
y su práctica poética sin respaldo institucional robusto, motivada por
imperativo ético personal antes que por reconocimientos externos.
Su práctica también ilustra lo que el Grupo de
Memoria Histórica (GMH, 2013) ha identificado como "iniciativas de memoria
desde abajo": proyectos no institucionales liderados por víctimas,
familiares o testigos que, ante ausencia o insuficiencia de políticas estatales
de memoria, asumen individualmente o colectivamente la responsabilidad de
preservar testimonios, construir relatos alternativos, y resistir olvidos
impuestos.
Finalmente, María Isabel articula explícitamente la
distinción entre herencia material y herencia intelectual/memorial que sustenta
su práctica:
"Yo en ellos [mis padres] no busco una herencia
económica. Yo en ellos siempre busco la herencia intelectual, porque para mí
esos apuntes de ellos son intelectual. (...) [Mis hermanos] me dicen: ´¿Isabel,
y usted qué no reclamó nada [de la herencia]?´ Y yo les digo: ´Yo no reclamé
nada, pero me quedé con todo.´ Me quedé con toda esa capacidad que papá tenía,
y eso me ha servido para seguir esta vida con las historias." (María
Isabel, 2025)
Esta ética de la herencia que prioriza lo intangible
sobre lo tangible, las historias sobre las propiedades, el conocimiento sobre
el capital, representa visión alternativa de riqueza y legado que cuestiona
lógicas capitalistas dominantes. Para María Isabel, "quedarse con
todo" significa heredar la capacidad narrativa, la memoria, los saberes de
los mayores —patrimonio que ninguna escritura notarial registra pero que
constituye riqueza cultural más valiosa y duradera que bienes materiales.
Omar, aunque no desarrolla explícitamente estas
conexiones políticas, las intuye cuando afirma:
"La memoria oral es un patrimonio valioso que
debe ser salvaguardado y transmitido a las futuras generaciones."
El uso del término "salvaguardado"
(término técnico de política cultural patrimonial) posiciona la memoria oral no
como objeto folclórico sino como derecho cultural que requiere protección
institucional activa. Esta es una visión politizada del patrimonio que entiende
la preservación cultural como responsabilidad del Estado y la sociedad, no solo
de portadores individuales.
Pedagogía Institucional: Talleres de
Narración en Cartago
Omar no se limita a diagnosticar problemas sino que
ha implementado respuestas pedagógicas concretas:
"Talleres de narración que ha impartido en
Cartago... falta de recursos y continuidad institucional para procesos
culturales."
Esta dimensión pedagógica institucional de su
práctica es crucial. Omar transita de ser simplemente narrador a ser formador
de narradores, desarrollando lo que podría llamarse "pedagogía de la
oralidad": transmisión sistemática de técnicas, repertorios y sensibilidades
narrativas a personas que no las heredaron familiarmente.
Sin embargo, señala limitaciones estructurales:
"Falta de recursos y continuidad
institucional."
Este diagnóstico identifica el problema crónico de
políticas culturales en Colombia y América Latina: proyectos que arrancan con
entusiasmo pero carecen de financiamiento sostenido, generando discontinuidad
que frustra procesos formativos que, como la apropiación de la narración oral,
requieren tiempo prolongado. La crítica implícita es hacia modelos de
"proyectitis": intervenciones culturales fragmentadas, dependientes
de convocatorias anuales, sin visión de largo plazo.
Autores como García Canclini (1987) y Yúdice (2002)
han analizado cómo en América Latina las políticas culturales frecuentemente
operan mediante lógicas de "proyecto" en lugar de
"programa": iniciativas temporales sin institucionalización robusta.
Omar, desde su experiencia como formador, identifica esta lógica como obstáculo
para salvaguarda efectiva de tradición oral.
Talleres como Espacio de Democratización y
Profesionalización
Los talleres de narración que Omar imparte cumplen
funciones múltiples más allá de transmisión técnica:
Primero, democratización de acceso:
Personas sin vínculos familiares con portadores tradicionales pueden acceder a
aprendizaje de narración oral. Esto rompe reproducción endogámica de la
práctica (donde solo descendientes de narradores pueden convertirse en
narradores).
Segundo, profesionalización:
Formación sistemática permite a participantes desarrollar competencias
suficientes para eventualmente trabajar como narradores profesionales,
insertándose en circuitos culturales remunerados (festivales, bibliotecas,
escuelas).
Tercero, creación de redes:
Talleres congregan personas con intereses compartidos, generando comunidades de
práctica (Lave & Wenger, 1991) donde narración oral se actualiza no como
herencia familiar sino como proyecto cultural compartido.
Sin embargo, esta institucionalización también
implica transformaciones en la naturaleza de la práctica. La narración oral
aprendida en talleres formales difiere de la aprendida por inmersión familiar:
puede ser más técnica, más auto-consciente, más orientada a performance pública
que a conversación comunitaria. Como señala Barbara Kirshenblatt-Gimblett (1998),
la folklorización y pedagogización de prácticas culturales las transforma
inevitablemente, extrayéndolas de sus contextos orgánicos para insertarlas en
marcos institucionales que operan bajo lógicas distintas.
Interacción Humana Real vs. Digital: Reivindicación
de la Co-presencia
Un aspecto central de la crítica de Omar es la
distinción entre "interacción humana real" e "interacción
digital":
"Importancia de interacción humana real vs.
digital."
Esta distinción puede parecer obvvia pero es
teóricamente densa. ¿Qué hace que una interacción sea "real"? Omar
sugiere que la co-presencia física, la simultaneidad temporal, la
multisensorialidad (ver rostro, escuchar voz con sus matices, percibir lenguaje
corporal, compartir espacio) constituyen dimensiones de "realidad"
que mediaciones digitales (textos, videollamadas, mensajes de voz) no pueden
replicar completamente.
Perspectivas fenomenológicas sobre embodiment
(Merleau-Ponty, 1945; Csordas, 1990) han enfatizado que experiencia humana es
fundamentalmente corporal: conocemos el mundo mediante cuerpos situados en
espacios concretos, no mediante conciencias descarnadas. La narración oral, en
su forma tradicional, es práctica radicalmente embodied: narrador y audiencia
comparten espacio, respiran el mismo aire, experimentan temperatura y sonidos
ambientales similares, se ven mutuamente. Esta co-presencia corporal genera
sincronías sutiles (ajustes mutuos de postura, ritmos respiratorios que se
acompasan, contagio emocional mediado por neuronas espejo) que constituyen
dimensiones fundamentales de la experiencia narrativa.
Interacciones digitales, aunque valiosas en sus
propios términos, operan bajo lógicas diferentes: asincronía (mensajes que se
responden horas después), fragmentación atencional (chat mientras se hace otra
cosa), reducción sensorial (solo audio o solo video). No son simplemente
versiones "inferiores" de interacción presencial sino modalidades
comunicativas con características propias que favorecen ciertos tipos de
intercambio (información rápida, conexión a distancia) pero dificultan otros
(empatía profunda, atención sostenida, inmersión narrativa).
Responsabilidad Pedagógica: Padres y
Docentes como Agentes Clave
Un aspecto notable del discurso de Omar es que no
culpabiliza a niños y jóvenes por supuesta pérdida de capacidades orales, sino
que identifica responsabilidad en adultos:
"Como no lo hacemos los papás, no lo hacemos
los profes, por eso los niños están perdiendo la capacidad de la palabra y la
capacidad de escucha."
Esta posición rechaza determinismo tecnológico (idea
de que tecnologías automáticamente producen efectos inevitables) para enfatizar
mediación pedagógica: no es la tecnología per se sino el uso que adultos
permiten o fomentan lo que determina consecuencias. Si padres y docentes
priorizaran conversación, lectura en voz alta, narración oral, estas prácticas
podrían coexistir con tecnología digital.
Esta perspectiva conecta con propuestas de educación
mediática crítica (Buckingham, 2003) que rechazan tanto tecnofobia (prohibición
total de tecnologías) como tecnofilia ingenua (adopción acrítica), apostando en
cambio por alfabetización digital crítica que enseñe a niños y jóvenes a usar
tecnologías consciente y selectivamente.
Crítica Constructiva como Forma de
Salvaguarda
La posición de Omar frente a modernidad tecnológica
no es rechazo absoluto sino crítica informada que busca abrir espacios para
formas de comunicación amenazadas. Su práctica como formador de narradores,
aunque enfrenta obstáculos institucionales, representa apuesta activa por
transmisión de oralidad en condiciones contemporáneas.
A diferencia de posiciones meramente nostálgicas que
idealizan pasado sin proponer alternativas viables, o de posiciones
ingenuamente optimistas que niegan problemas reales, Omar articula posición
intermedia: reconoce transformaciones profundas derivadas de tecnologías
digitales, identifica riesgos específicos para capacidades comunicativas
orales, pero simultáneamente trabaja activamente en crear espacios
institucionales (talleres, formaciones) donde tradición oral pueda transmitirse
y renovarse.
Esta combinación de crítica cultural y acción
pedagógica representa forma madura de relación con modernidad: ni rechazo
reactivo ni aceptación pasiva, sino negociación activa que busca preservar
dimensiones valiosas de tradiciones amenazadas mientras se adapta creativamente
a condiciones ineludibles del presente.
Ritualidad
urbana: el fuego como anacronismo productivo
La
insistencia de Alexander Moriones en el fuego como elemento central de su
práctica narrativa revela la persistencia de matrices ceremoniales en contextos
plenamente urbanos. Más que nostalgia, esta ritualidad opera como resistencia
simbólica a la desmaterialización de la experiencia contemporánea:
"Creo
mucho en convocar la palabra de una forma muy necesaria alrededor del fuego, y
precisamente ese elemento, el taita fuego, siempre lo hago presente de alguna u
otra forma: con velas, de incienso, algún tabaco, cierto, dependiendo de los
cuentos que voy a narrar (...) pero el fuego siempre va a tener para mí una
relación especial con la palabra y siempre hago como ese ritual. Algunas veces
lo hago en privado, otras veces público."
En una
ciudad electrificada, donde el fuego ha sido desterrado de la vida cotidiana
(reemplazado por cocinas eléctricas, calefacción central, iluminación LED), la
convocatoria del fuego es un gesto deliberadamente arcaico. Moriones no ignora
que vive en el siglo XXI; por el contrario, re-ritualiza el fuego precisamente
porque su sociedad lo ha olvidado. El "taita fuego" —nomenclatura que
remite a cosmovisiones indígenas andinas— no es aquí un elemento decorativo
sino un agente: el fuego "convoca" la palabra, crea las condiciones
materiales y simbólicas para que la narración acontezca.
Esta ritualidad
contrasta con la fugacidad de las interacciones digitales. Moriones describe la
transformación de la escucha como crisis de la presencia:
"Las
nuevas generaciones, a mi parecer, ya no están teniendo ese contacto directo
con la palabra. Digamos, ya el chat se conectan con el mundo de forma virtual,
pero de una forma particular, incluso al interior de la familia no hay esa
conexión. Entonces, ¿hasta qué momento nos estamos conectando y hasta qué
momento nos estamos desconectando realmente de esas historias que nos marcan de
una u otra forma a través de los cuentos?"
El fuego,
en este contexto, funciona como tecnología de la presencia: obliga a la reunión
corporal, a la permanencia, a la atención sostenida. No se puede
"scrollear" una fogata. La ritualidad del fuego impone una
temporalidad lenta, opuesta a la aceleración digital. Moriones comprende que el
desafío no es preservar el contenido de los relatos sino las condiciones
materiales que hacen posible la transmisión oral: tiempo, proximidad, oscuridad,
calor.
Su
reflexión sobre los espacios urbanos perdidos articula esta ritualidad con la
transformación del tejido comunitario:
"Recuerdo
mucho que en las casas se reunían fines de semana, que llegaban familiares o
los vecinos se reunían y en el patio, bajo generalmente de un palo de
carambolo, se empezaban a contar historias (...) Esos espacios se han perdido
(...) No hay unas apuestas culturales ni unas propuestas políticas reales de
inversión hacia este tipo de espacios de la palabra."
El
"patio bajo el palo de carambolo" —espacio doméstico, sombreado,
informal— ha sido reemplazado por la privatización de la vivienda (apartamentos
sin patios) y la digitalización del ocio (cada quien en su pantalla). La
pérdida no es solo espacial sino relacional: los vecinos ya no se reúnen, las
familias extendidas ya no convergen los fines de semana. Moriones no propone
restaurar nostálgicamente estos espacios sino crear equivalentes urbanos
contemporáneos: teatros, parques, casas de cultura donde el fuego —literal o metafórico—
vuelva a convocar la comunidad.
Su
autodenominación como "Guardián de la Palabra" adquiere, en este
marco, una dimensión casi militante. No custodia archivos ni documentos sino la
materialidad de la transmisión: el fuego, el círculo, la oscuridad, el tiempo
lento. Su "marca" —lejos de ser una concesión al mercado— es una
estrategia de supervivencia: hacer visible y reconocible una práctica que la
ciudad moderna tiende a invisibilizar.
Esta
ritualidad urbana contemporánea no es idéntica a la ritualidad campesina
tradicional, pero establece con ella una continuidad simbólica. Como señala
Turner (1969), los rituales no son meras repeticiones del pasado sino
performances que actualizan el pasado en el presente, creando
"communitas" —experiencia de comunidad no jerarquizada— en medio de
la fragmentación social. El fuego de Moriones, encendido en un teatro o en un
parque urbano, no reproduce la fogata del cafetal sino que la re-significa:
convierte el anacronismo en potencia crítica, opone la lentitud del fuego a la
velocidad del algoritmo, afirma la corporalidad de la palabra frente a la
desmaterialización digital.
Funciones Sociales de la Narrativa Oral: Más Allá
del Entretenimiento
El
análisis de repertorios narrativos reveló que los relatos orales cartagüeños
cumplen múltiples funciones sociales que trascienden ampliamente el
entretenimiento. Esta multifuncionalidad conecta con tradiciones teóricas en
antropología lingüística, folclor y estudios narrativos que han cuestionado
concepciones reduccionistas de la narrativa como mero pasatiempo o decoración
estética.
Dell
Hymes (1974), en su modelo de la etnografía del habla, propuso atender no solo
al contenido de actos comunicativos sino a sus funciones pragmáticas: ¿para qué
se habla? ¿Qué se busca lograr mediante el habla? Aplicado a la narrativa oral,
este enfoque permite identificar múltiples funciones:
Función
pedagógica y socialización: Los mitos sobre seres sobrenaturales que castigan transgresiones (Mula
Cuaresma, brujas, duendes) operan como dispositivos de control social,
especialmente sobre niños. Gloria Murillo narró explícitamente cómo su madre
utilizaba estos relatos para limitar movilidad nocturna y reforzar obediencia.
Esta función pedagógica mediante el miedo ha sido documentada extensamente en
estudios sobre socialización infantil en sociedades tradicionales (Briggs,
1998).
Sin
embargo, reducir estos relatos a meros instrumentos de control sería
empobrecedor. También transmiten cosmologías (visiones del mundo, concepciones
sobre lo sobrenatural), enseñan cautela ante peligros reales que se metaforizan
en figuras míticas, y proporcionan vocabulario simbólico para procesar
experiencias de miedo, transgresión y límite.
Función
identitaria y construcción de pertenencia: Dominar repertorios narrativos locales, conocer
las historias de lugares específicos, saber narrarlas apropiadamente constituye
performance de identidad cartagüeña o vallecaucana. Como señaló Fredrik Barth
(1969), las identidades étnicas y regionales no se fundamentan en esencias
culturales objetivas sino en fronteras simbólicas que los propios grupos
construyen y mantienen. El repertorio narrativo compartido opera como uno de
estos marcadores de frontera: distingue insiders (quienes conocen las
historias) de outsiders (quienes las desconocen).
Gloria
Murillo, al narrar su llegada a Cartago desde el Chocó y su gradual
incorporación a narrativas locales, ilustra procesos de construcción
identitaria mediante apropiación de memorias territoriales. Aunque no nació en
Cartago, se "reclama cartagüeña" porque "aquí se ha desarrollado
mi vida... aquí he sentido los amores y los desamores... aquí he sentido la
acogida y el rechazo". La identidad territorial se construye
narrativamente, inscribiendo biografías personales en geografías y memorias
colectivas.
Función
de cohesión social y construcción de comunidad: Los espacios de narración
(tertulias de andén, reuniones familiares, bailaderos) operaban como instancias
de construcción de comunidad, fortalecimiento de lazos vecinales o familiares,
negociación de conflictos. Gloria enfatizó que las tertulias de andén tejían lo
"social y afectivo", más allá del contenido específico de relatos.
Esta
función cohesiva de la narrativa conecta con trabajos de antropología sobre
ritual y performance. Victor Turner (1969) propuso que rituales sociales
cumplen función de "communitas": generación temporal de sentido de
comunidad que trasciende diferencias estructurales cotidianas. Aunque las
tertulias narrativas no son rituales en sentido estricto, comparten con ellos
dimensión de producción de solidaridad mediante prácticas colectivas.
Función
crítica y subversión simbólica: El humor, la exageración, la ironía presentes en
muchas narrativas operan como recursos de crítica social y subversión simbólica
de poderes establecidos. James C. Scott (1990) documentó cómo grupos
subordinados desarrollan "discursos ocultos" (hidden transcripts):
formas de expresión que circulan en espacios protegidos y que cuestionan,
subvierten o ridiculizan narrativas hegemónicas y poderes dominantes.
El humor
negro de personajes como Sin Estilo Cortés, las exageraciones deliberadas de
Gustavo Gutiérrez presentándose como "gobernador, ministro,
terrateniente", las narrativas que preservan versiones populares de
acontecimientos que difieren de historias oficiales, pueden interpretarse como
ejercicios de esta función crítica. En contextos donde confrontación directa
con poderes es riesgosa, la narrativa oral (especialmente en sus registros
humorísticos, fantásticos o exagerados) proporciona espacios de expresión de
disidencias, cuestionamientos y resistencias simbólicas.
Función estético-poética: César Montoya y la
reivindicación de la belleza como fin en sí mismo
Junto a las funciones sociales, pedagógicas,
identitarias y críticas identificadas, es crucial reconocer la dimensión
estético-poética de la narrativa oral: su capacidad de generar experiencias de
belleza, placer, asombro y emoción que pueden ser valiosas en sí mismas,
independientemente de utilidades instrumentales. César Alberto Montoya articula
esta dimensión con particular elocuencia, defendiendo la narración como arte
que merece apreciación por sus cualidades estéticas intrínsecas.
"Ser el Cuento, No Vivir del
Cuento": Ética Vocacional vs. Instrumentalización
César establece distinción fundamental sobre las
motivaciones del narrador oral profesional:
"No es alguien que 'vive del cuento' sino
alguien que 'es el cuento', 'lo vive'."
Esta diferenciación, aunque pueda sonar como juego
de palabras, condensa posicionamiento ético y estético profundo. "Vivir
del cuento" en lenguaje coloquial colombiano tiene connotaciones
negativas: refiere a quien engaña, estafa o explota situaciones mediante
narrativas fraudulentas. Pero César lo usa en sentido más amplio para criticar
instrumentalización mercantil de la narración: quienes narran exclusivamente
como estrategia económica, sin compromiso vocacional genuino.
Inversamente, "ser el cuento" sugiere
identificación ontológica: el narrador no es individuo que posee competencia
narrativa como skill externa, sino alguien cuya identidad misma está
constituida por y en la narración. Esta es comprensión casi existencialista: se
es narrador no por lo que se hace sino por lo que se es.
La distinción conecta con debates sobre
profesionalización de prácticas culturales tradicionalmente no mercantilizadas.
La UNESCO y políticas culturales contemporáneas promueven que portadores de
patrimonio inmaterial puedan vivir económicamente de sus prácticas (recibir
salarios como maestros, cobrar por performances, vender productos culturales).
Esto es legítimo y necesario: portadores no deben ser condenados a pobreza en
nombre de autenticidad.
Sin embargo, César señala riesgo real: cuando
narración se vuelve exclusivamente fuente de ingreso, puede subordinarse a
lógicas de mercado que distorsionan la práctica. Se narra lo que vende, no lo
que merece ser narrado; se adapta a gustos de clientela pagadora en lugar de
seguir criterios estéticos o éticos propios; se multiplican performances
superficiales sacrificando profundidad.
"Ser el cuento" es llamado a mantener
integridad vocacional incluso en contextos de profesionalización: narrar porque
se necesita narrar, porque es expresión de identidad, porque se tiene algo
importante que comunicar, y solo secundariamente porque genera ingresos.
Esta posición no es ingenuidad romántica. César es
profesional que vive parcialmente de narración, teatro y gestión cultural. No
aboga por amateurismo perpetuo. Pero sí insiste en que dimensión mercantil no
subordine completamente dimensión vocacional-artística.
Placer Estético de la Palabra Bien Dicha:
Poética Oral
César reivindica explícitamente placer estético que
genera narrativa oral bien ejecutada:
"La belleza de la palabra, el ritmo, la
musicalidad de la narración."
Esta triple caracterización (belleza, ritmo,
musicalidad) identifica dimensiones específicamente estéticas de oralidad que
trascienden contenido referencial:
Belleza: Aunque concepto
notoriamente difícil de definir, César alude a experiencia de satisfacción
sensorial-intelectual que genera lenguaje cuidado, imágenes potentes,
construcciones verbales elegantes. No se trata de lenguaje rebuscado o
artificial sino de palabra que "suena bien", que tiene cualidad
placentera en su materialidad sonora y en su precisión semántica.
Ritmo: La narrativa oral exitosa
posee tempo: alternancia de aceleraciones y pausas, de tensión y distensión, de
intensidad y calma. Este ritmo no es arbitrario sino que sigue lógica dramática
del relato (acelerar en momentos de acción, ralentizar en descripciones, pausar
antes de revelaciones) y atiende a respiración del narrador y capacidad
atencional de audiencia. Paul Zumthor (1983) identificó el ritmo como dimensión
fundamental de la "oralidad primaria": el relato oral no se despliega
linealmente sobre página sino que pulsa, respira, ondula.
Musicalidad: Aunque la narración
oral no es canto, comparte con música dimensión melódica: variaciones tonales,
modulaciones de volumen, patrones entonativos. Narradores hábiles
"cantan" su palabra, generando melodías verbales que hacen el relato
memorable y placentero.
Estas dimensiones estéticas no son ornamentos
agregados a contenido sino que son constitutivas de experiencia narrativa oral.
Un mismo relato narrado sin atención a belleza, ritmo y musicalidad pierde gran
parte de su poder. Como enfatizó Walter Benjamin (1936/2008), el narrador
tradicional no transmite mera información sino que comunica experiencia, y esa
experiencia está mediada por cómo se narra, no solo por qué se narra.
Contra el Utilitarismo Didáctico: El Arte
como Fin en Sí Mismo
La reivindicación de César de dimensiones estéticas
puede leerse como resistencia frente a tendencias utilitaristas que subordinan
arte a funciones pedagógicas, políticas o terapéuticas. En contextos de
políticas culturales latinoamericanas, frecuentemente se demanda que prácticas
artísticas justifiquen su valor mediante impactos sociales medibles: ¿cuántos
niños alfabetiza? ¿Cómo contribuye a paz? ¿Qué problemas comunitarios resuelve?
Estas preguntas son legítimas pero pueden generar
instrumentalización: el arte vale solo si sirve para otra cosa. César, al
enfatizar "belleza de la palabra", reivindica autonomía estética: la
narración oral puede valer por la experiencia estética que genera,
independientemente de utilidades externas.
Esta posición conecta con tradiciones filosóficas
que defienden arte como esfera autónoma. Kant (1790/2007) argumentó que juicio
estético ("esto es bello") es desinteresado: no busca utilidad ni
gratificación sensorial directa sino que aprecia forma por sí misma. Schiller
(1795/2005) propuso que experiencia estética genera modalidad específica de
libertad: liberación temporal de necesidades prácticas, acceso a dimensión
lúdica de existencia.
En contextos latinoamericanos atravesados por
pobreza, violencia, desigualdad, defender arte como fin en sí mismo puede
parecer privilegio. Pero también puede interpretarse como resistencia frente a
lógicas instrumentales que invaden todos los ámbitos de vida: si todo debe ser
útil, productivo, funcional, se pierde dimensión de gratuidad que es esencial
para humanidad plena.
El Cuento como Experiencia Transformadora:
Más Allá del Entretenimiento
Aunque César defiende autonomía estética, no reduce
narración a entretenimiento superficial. En su práctica, distingue
implícitamente entre dos modalidades de placer:
Entretenimiento: Distracción
momentánea, diversión que no deja huella profunda. Es válido pero limitado.
Experiencia estética transformadora:
Encuentro con relato que modifica percepción, genera insight emocional o
intelectual, deja marca duradera en subjetividad.
César busca segunda modalidad. Sus referencias a
"conectar con el público", a generar "empatía", a
"buscar estados de ánimo" sugieren aspiración a producir experiencias
intensas que trasciendan mero pasar el rato. Esto conecta con teorías sobre
catarsis (Aristóteles), sobre "experiencia estética" como
transformación subjetiva (Dewey, 1934), sobre arte como "revelación de
verdad" (Heidegger, 1936/2010).
Técnica al Servicio de la Emoción: Oficio
del Narrador
César enfatiza que lograr efectos estéticos requiere
dominio técnico:
"Construcción de personaje, búsqueda de
atmósfera, búsqueda de estados de ánimo."
Estas no son competencias "naturales" que
se poseen espontáneamente sino resultado de formación sistemática, práctica
deliberada, refinamiento constante. La reivindicación de dimensión estética de
narración implica, entonces, reivindicación del oficio: el narrador no es
simplemente "alguien que cuenta historias" sino artesano de la
palabra que desarrolla técnicas específicas a lo largo de años.
Esta comprensión se opone a idealizaciones
románticas del narrador "natural" que, sin formación, simplemente
deja fluir relatos. César, formado teatralmente, sabe que excelencia artística
requiere trabajo: análisis de textos, experimentación con recursos vocales y
corporales, observación de audiencias, ajustes constantes.
La metáfora del artesano es pertinente: así como
carpintero desarrolla sensibilidad para maderas, conocimiento de herramientas,
dominio de técnicas de ensamblaje, el narrador desarrolla sensibilidad para
palabras, conocimiento de recursos retóricos, dominio de técnicas
performativas. Richard Sennett (2008), en su análisis sobre artesanía,
argumenta que hacer algo bien, por sí mismo, es fuente de satisfacción y
significado humano profundo. César encarna esta ética artesanal aplicada a
narración oral.
Memoria Afectiva: Dimensión Emocional de lo
Estético
César vincula estética con emoción de manera que
trasciende esteticismo formal:
"Los cuentos generan memoria afectiva,
conexiones emocionales con territorio y comunidad."
La "memoria afectiva" (término que César
toma probablemente de tradición teatral stanislavskiana) refiere a cómo
experiencias pasadas están inscritas corporalmente con cargas emocionales.
Narrador que accede a estas memorias puede transmitir emociones auténticas que
resuenan en audiencia.
Pero además, relatos bien narrados crean memorias
afectivas en quienes escuchan: el cuento memorable no se recuerda solo por su
argumento sino por las emociones que generó. Años después, quien escuchó puede
no recordar detalles de trama pero sí la sensación de miedo, risa, tristeza o
asombro que experimentó.
Esta dimensión afectiva de lo estético conecta con
neurobiología de memoria: recuerdos con alta carga emocional se consolidan más
fuertemente (Cahill & McGaugh, 1998). Relatos que conmueven, que generan
emociones intensas, tienen mayor probabilidad de ser recordados y re-narrados.
La función estética, entonces, no es ornamental sino que tiene consecuencias
memoriales concretas.
Conclusión: Estética y Ética como
Dimensiones Inseparables
La posición de César sobre función estético-poética
de narrativa oral no implica arte por el arte desvinculado de dimensiones
sociales y éticas. Al contrario, su distinción entre "ser el cuento"
vs. "vivir del cuento" es simultáneamente estética (búsqueda de belleza)
y ética (integridad vocacional).
Desde esta perspectiva, narrador éticamente
responsable es aquel que:
1.
Honra fuentes de sus relatos (línea ética de citar
orígenes)
2.
Busca excelencia estética (dominio técnico, atención a
belleza/ritmo/musicalidad)
3.
Conecta genuinamente con audiencias (empatía,
adaptación)
4.
Mantiene vocación sobre instrumentalización mercantil
Estas dimensiones no son opuestas sino
complementarias. La belleza sin ética puede ser manipulación seductora. La
ética sin belleza puede ser sermón aburrido. César propone síntesis donde
narración oral excelente articula verdad (autenticidad de experiencia), bondad
(intenciones éticas) y belleza (calidad estética), recuperando tríada clásica
de valores que modernidad tendió a fragmentar.
Para políticas de salvaguarda de patrimonio oral,
reconocer esta dimensión estético-poética es crucial: no basta documentar
contenidos narrativos; es necesario también reconocer, valorar y transmitir
competencias estéticas que distinguen narración oral excelente de mera
recitación de tramas. Esto implica que formación de nuevos narradores no puede
ser solo transmisión de repertorios sino también cultivo de sensibilidad
estética, desarrollo de oficio, apreciación de belleza verbal.
Función
memorial y construcción de historias alternativas: Las narrativas orales preservan
versiones de acontecimientos, personajes y procesos históricos que
frecuentemente difieren de historias oficiales documentadas. Los relatos sobre
transformaciones urbanas, sobre personajes locales legendarios, sobre prácticas
sociales del pasado constituyen lo que Pierre Nora (1984) llamó "historias
de segunda categoría": no la gran historia de batallas y próceres sino la
pequeña historia de la vida cotidiana, de gente común, de experiencias locales.
Estas
historias orales cumplen función de contra-memoria: proporcionan perspectivas
subalternas sobre el pasado que complementan, matizan o cuestionan narrativas
dominantes. En contextos colombianos marcados por conflicto armado y violencia
estructural, las memorias orales de comunidades locales han sido cruciales para
reconstruir acontecimientos invisibilizados por narrativas oficiales (Centro
Nacional de Memoria Histórica, 2013).
Historias de Género Desde el
Archivo: María Josefa y el Maltrato Colonial
Betty Valencia aporta una narrativa singular
que articula historia de género, oralidad y archivo documental. El caso de
María Josefa Sáenz, esposa del constructor de la Casa del Virrey, ilustra cómo
documentos coloniales pueden leerse desde perspectivas contemporáneas:
"María Josefa es un personaje que
para todos estos estudios de género tan actuales ahora, yo diría que es una
dama que prácticamente muestra otra figura distinta. ¿Por qué? Porque estamos
hablando del siglo XIX y ella después de haber estado en matrimonio con
Sebastián, es decir, con el que construyó esta casa, ella se va de la casa. Y
cuando nos damos cuenta es que en la tradición oral de Cartago, se ha repetido
que María Josefa regresa solo en el momento de la muerte. Cuando Sebastián
estaba moribundo, por solicitud del cura, ella llega a la casa y dicen que ella
entró de espaldas y le dijo: 'perdono, pero no olvido'." (Betty
Valencia, 2025)
Lo notable es que esta tradición oral tiene
respaldo documental:
"Eso está en los libros de historia
local, en los archivos oficiales. Nosotros tenemos aquí el testamento y la
sucesión de Sebastián, pero también de ella. Estamos hablando de 1839, en el
testamento de ella, en una cláusula, deja sentado que ella se fue de la casa
por el cruel maltrato que le dio. Entonces estamos hablando de unos términos
tan actuales. Podemos hablar del maltrato femenino, podemos hablar de una
separación de cuerpos. Ella regresa a casa de los padres. O sea, tuvo el apoyo
de los padres en ese momento." (Betty Valencia, 2025)
Betty señala además que María Josefa
presentó una demanda por alimentos contra su esposo, utilizando mecanismos
judiciales de conciliación que resultan sorprendentemente "modernos".
Este caso revela varias dimensiones: (1) la agencia femenina existía incluso en
contextos patriarcales coloniales, (2) los archivos contienen
"lucecitas" que permiten reconstruir historia desde abajo, desde la
cotidianidad, no desde el poder, y (3) la tradición oral ("perdono pero no
olvido") se valida y enriquece con el registro documental.
Como señala Betty: "Esos personajes
hay que irlos armando mucho más en el sentido humano, no en el sentido idílico
que todavía se tiene de ellos o desde el poder, sino desde abajo, hacerles una
mirada desde su misma cotidianidad." (Betty Valencia, 2025)
Esta
multifuncionalidad de la narrativa oral sugiere que su valor no puede reducirse
a dimensiones estéticas o de entretenimiento. Los relatos son tecnologías
sociales sofisticadas que cumplen roles fundamentales en socialización,
construcción identitaria, cohesión comunitaria, crítica social y preservación
memorial. Políticas de salvaguarda que no comprendan esta multifuncionalidad
corren riesgo de folklorizar la oralidad, reduciéndola a espectáculo cultural
vaciado de sus funciones sociales constitutivas.
Oralidad
y ecosistema: la función ético-ambiental del relato
Jaiver
Valencia aporta una dimensión que otros narradores apenas sugieren: la función
ético-ambiental de la oralidad tradicional. Su reflexión articula mito,
territorio y conservación de manera explícita:
"Si
nos vamos a los cuentos más tradicionales como la Madre Monte y no sé, la
Llorona y todos los que todo mundo conoce, todos los mitos, todos los mitos y
leyendas que rodean al río: si nosotros respetáramos esa palabra, el río, la
vida no estaría como está, habría temor de contar y nuestros ríos no estarían
como están. Entonces la palabra tiene que ver con escucharnos y con conexión
con el territorio, y conexión con el territorio es conservación."
Esta
reflexión es de una lucidez excepcional. Jaiver no lee los mitos como
superstición pintoresca sino como pedagogía ambiental: los relatos de la Madre
Monte, la Llorona, los espantos del río, funcionaron históricamente como
dispositivos de regulación del comportamiento frente a los ecosistemas. El
"miedo" no era irracional sino preventivo; el "respeto" a
los seres míticos se traducía en conservación material de las fuentes de agua.
Para
fundamentar su argumento, recurre a una comparación transnacional sorprendente:
"Países
tan tecnológicos y tan desarrollados como China o como los países nórdicos
(...) China es un país de tecnología y sin embargo, la base de ellos es la
oralidad, son sus tradiciones, son sus palabras, son sus historias (...) Aquí
nos han metido el cuento que las tradiciones son inversamente proporcional o
son contradictorias al desarrollo, y nada más lejos. Lo contrario: aquí por no
conservar nuestras tradiciones, por no saber de nuestras palabras, no tenemos
un desarrollo óptimo (...) Vámonos a los nórdicos (...) van a construir un
puente, aquí no pueden construir el puente. ¿Por qué? Porque es que aquí
habitan los gnomos. Y les tocó hacer el puente elevado (...) tumbar el bosque,
porque en el bosque habitan los gnomos. Gente con mucha plata, con mucho
desarrollo, con mucho nivel de vida teniendo las casitas en su jardín porque
están los duendes. ¿Y nosotros? (...) Las tradiciones orales de nuestros
indígenas, de nuestros negros, de nuestros campesinos que no son indígenas ni
negros, de nosotros, ¿por qué no las respetamos?"
Esta
comparación desmonta frontalmente el prejuicio modernizador que opone tradición
oral y desarrollo. Jaiver invierte la ecuación: la crisis ambiental colombiana
—ríos contaminados, deforestación, pérdida de biodiversidad— no es producto del
"atraso" sino de la ruptura con las epistemologías territoriales que
la oralidad custodió. Los países "desarrollados" que conservan sus
mitos (aunque sean los gnomos islandeses o los espíritus forestales chinos) no
lo hacen por folclor sino por pragmatismo: reconocen el valor regulatorio de
las cosmovisiones que sacralizan la naturaleza.
Su
reflexión conecta con lo que Arturo Escobar (2014) denomina "diseños
relacionales": formas de habitar el territorio que no separan
naturaleza/cultura, donde los relatos no son "representaciones" del
río sino parte de la ecología del río. La Madre Monte no es una metáfora: es un
agente que regula el acceso al monte, que castiga la depredación, que enseña
los límites. Desacralizar el río —convertirlo en "recurso"
explotable— equivale a destruir el marco normativo que lo protegía.
Jaiver
cierra su reflexión con una ecuación contundente:
"Entonces
vuelvo donde mi abuelita. El sentido de que mi abuelita me narrara que allí
bajaba con las cadenas y que el coco y el de mi papá que se encontró un bulto
(...) el sentido es educativo, el sentido es filosófico y es ético."
Los
cuentos de espantos que su abuela narraba junto a la fogata no eran
entretenimiento gratuito sino paideia: formación del ethos,
construcción de subjetividades territorializadas, transmisión de límites. El
caballo del diablo que arrastra cadenas por la finca no es menos
"real" que las normas ambientales contemporáneas; de hecho,
probablemente era más efectivo para regular conductas en ausencia de un Estado
fiscalizador.
Esta
comprensión sitúa a Jaiver entre los narradores más reflexivos del corpus: no
solo preserva relatos sino que teoriza su función ecosistémica. Su apelación a
la "conexión con el territorio" como sinónimo de
"conservación" anticipa los debates contemporáneos sobre
"derechos de la naturaleza" y "justicia ambiental" desde
una epistemología arraigada en la oralidad campesina. La crisis ambiental,
sugiere, es también una crisis de la palabra: hemos perdido los relatos que nos
enseñaban a habitar el mundo con cuidado.
Patrimonio Inmaterial Vivo vs. Patrimonio
Museificado: Tensiones de la Salvaguarda
La
investigación se enmarca explícitamente en discursos y políticas sobre
patrimonio cultural inmaterial, siguiendo lineamientos de la Convención UNESCO
2003. Sin embargo, los hallazgos permiten problematizar algunos supuestos y
tensiones inherentes a estos marcos patrimoniales.
Tensión
entre documentación y vitalidad: Proyectos de salvaguarda como el presente
privilegian documentación audiovisual, transcripción, archivo de repertorios
narrativos. Estas prácticas son valiosas: crean registros que pueden
consultarse cuando portadores originales fallezcan, democratizan acceso a
repertorios, proporcionan materiales para investigación y educación.
Sin
embargo, varios autores han advertido sobre riesgos de que la documentación se
convierta en sustituto de la vitalidad. Jean-Louis Tornatore (2007) argumenta
que la noción misma de "patrimonio inmaterial" es contradictoria: el
patrimonio se define históricamente por su materialidad y perdurabilidad;
aplicar la categoría a expresiones efímeras, performativas y en constante
cambio implica tensión no resuelta. La documentación inevitablemente fija,
congela lo que por naturaleza es fluido y dinámico.
Paul
Zumthor (1983, 1990) señaló que lo oral no se reduce al contenido lingüístico
sino que involucra voz, cuerpo, presencia, dimensiones que se pierden
parcialmente en transcripción o incluso en registro audiovisual. La voz grabada
no es la voz viva en co-presencia con audiencia. Documentar la tradición oral
es traducirla a otro medio, y toda traducción implica transformación.
Esto no
invalida esfuerzos documentales pero sugiere que la salvaguarda no puede
reducirse a archivo. Debe complementarse con estrategias que fortalezcan
vitalidad de prácticas: creación de espacios de performance, formación de
nuevos narradores, fortalecimiento de condiciones sociales que hacen posible la
oralidad.
Tensión
entre patrimonialización institucional y protagonismo comunitario: Las políticas de patrimonio
inmaterial enfatizan retóricamente protagonismo de comunidades portadoras. Sin
embargo, en la práctica, procesos de patrimonialización frecuentemente son
conducidos por instituciones estatales, expertos académicos y gestores
culturales profesionales, con participación comunitaria limitada o subordinada.
Llorenç
Prats (2004, 2005) ha advertido sobre "activación patrimonial":
proceso mediante el cual ciertos elementos culturales son seleccionados
(mientras otros se invisibilizan), descontextualizados de sus marcos sociales
originales, y resignificados como patrimonio, frecuentemente respondiendo a
lógicas de mercado turístico, construcción de identidades nacionales o
legitimación de poderes políticos antes que a necesidades de comunidades
portadoras.
En esta
investigación, el protagonismo de los narradores fue central: ellos definen qué
relatar, cómo, con qué énfasis. El proyecto buscó horizontalidad entre
investigadores y portadores. Sin embargo, decisiones fundamentales (qué se
investiga, con qué metodología, cómo se analizan datos, qué se publica)
permanecen en manos del equipo investigador. Esta asimetría es inherente a
investigación académica pero debe reconocerse críticamente.
Estrategias
de patrimonialización verdaderamente participativas requerirían:
- Que comunidades definan qué
consideran valioso preservar (no que esto sea definido externamente)
- Que comunidades controlen
usos de documentación producida
- Que beneficios del
patrimonio (simbólicos, económicos, políticos) reviertan a comunidades
portadoras
- Que procesos fortalezcan
autonomía cultural comunitaria, no dependencia de instituciones externas
Tensión
entre autenticidad y transformación: Discursos patrimoniales frecuentemente privilegian
"autenticidad": preservar expresiones culturales en formas
"originales", "tradicionales", "no contaminadas".
Sin embargo, esta búsqueda de autenticidad puede ser problemática por varias
razones:
Primero,
culturas siempre han sido híbridas, dinámicas, en transformación. La idea de
tradiciones "puras" es frecuentemente construcción retrospectiva.
Como señaló Eric Hobsbawm (1983), muchas "tradiciones ancestrales"
son en realidad invenciones relativamente recientes.
Segundo,
congelar prácticas culturales en formas consideradas auténticas niega a
comunidades portadoras el derecho de transformar sus propias expresiones
culturales. Néstor García Canclini (1999, 2001) ha argumentado por reconocer
legitimidad de hibridaciones, apropiaciones y reelaboraciones constantes que
comunidades hacen de sus patrimonios.
Tercero,
la búsqueda de autenticidad puede conducir a folklorización: transformar
prácticas vivas en espectáculos estáticos para consumo de turistas o audiencias
externas, vaciándolas de funciones sociales originales (Kirshenblatt-Gimblett,
1998).
Los
narradores cartagüeños no son custodios de tradiciones inmutables sino agentes
que constantemente adaptan, innovan, incorporan nuevas referencias. César
Montoya adapta cuentos de otros autores, Gustavo Gutiérrez crea nuevas
historias sobre temas contemporáneos (donación de órganos), los narradores
incorporan referencias a tecnologías, eventos recientes, preocupaciones
actuales. Esta capacidad de transformación no amenaza autenticidad sino que
constituye vitalidad misma de la tradición.
La
soledad del portador indígena: desigualdades en el reconocimiento patrimonial
El caso
de Vintabara (Juan Carlos Posada) ilustra con particular crudeza las
desigualdades en el reconocimiento patrimonial de distintas matrices
culturales. A diferencia de la fuerte presencia institucional de la comunidad
afrodescendiente en Cartago, la dimensión indígena de la memoria local
permanece invisibilizada:
"Me
parece muy bien, muy lindo y muy poderoso que la comunidad afro tenga su gran
nicho, que los quiero y los amo y soy amigo de todos (...) tenemos las
cantadoras, tenemos la chirimía, tenemos 7/8, tenemos un gran conglomerado de
artistas y movimientos étnicos afrodescendientes. Pero entonces ahí es cuando
Vintabara se siente muy solo porque prácticamente se podría decir que yo soy
como que el único en Cartago (...) en Cartago no se habla de lo indígena y
muchas veces cuando propongo algún movimiento o alguna ceremonia no aparece
nadie, sí, siendo los Quimbaya tardío los últimos que vivimos acá. Vintabara
ahora se siente muy solo en ese aspecto."
Esta
soledad no es meramente personal, sino estructural. Refleja lo que Catherine
Walsh (2007) denomina la "interculturalidad funcional": un
multiculturalismo que reconoce selectivamente ciertas diferencias culturales
mientras mantiene intactas las jerarquías coloniales. La patrimonialización
institucional favorece expresiones culturales que encajan en los códigos del
espectáculo folclórico (danza, música, vestimenta), mientras que las
epistemologías y ritualidades indígenas —más difíciles de
"espectacularizar"— permanecen en los márgenes.
Vinta
relata un episodio revelador cuando intentó convocar a migrantes ecuatorianos y
peruanos para recibir a los corredores Chasquis de las Carreras Continentales
de Paz y Dignidad:
"Arrimé
donde los hermanos y hermanas ecuatorianos y peruanos que viven en Cartago, que
son los comerciantes de la 12, a extenderles la invitación a decirles que
venían hermanos de Suramérica para que ellos estuvieran presente, y me sentí...
la expresión despectiva de 'ah no, nosotros no, no pertenecemos a ello' (...)
aquí el más, yo iba a invitar aquí el más invicto. Si ellos son los más
cercanos nuestros, hermanos ecuatorianos y peruanos dentro del linaje indígena
ancestral, me siento muy solo."
Este
rechazo evidencia lo que Rivera Cusicanqui (2010) analiza como la
"colonialidad interiorizada": la negación de la propia indigeneidad
como estrategia de movilidad social en contextos urbanos mestizos. La ausencia
de políticas que visibilicen y valoren la matriz indígena de Cartago
—territorio Quimbaya, Pijao y Chamí— perpetúa esta invisibilización.
Vinta
insiste en recuperar la memoria territorial indígena:
"Cartago
tiene diferentes calificativos: el territorio de las siete colinas, el Fortín
de las siete colinas, el bastión de las siete colinas, los miradores de las
siete colinas (...) desde esas siete colinas que habían en Cartago, desde las
que vemos hoy que aún podemos estar en ellas: loma Mamá y la Virgen, Loma de
Bellavista, la convertida hoy en Limonar que era la loma del volcán, la loma de
las vacas (...) desde estos picos los indígenas podían ver, alcanzaban un radio
más o menos de 4 km, quién venía para acá y estar listos."
Su
narrativa no es nostálgica sino estratégica: busca re-sacralizar el territorio,
nombrar los lugares desde su función defensiva y ceremonial ancestral. Sin
embargo, esta labor encuentra escaso eco institucional:
"En
esa parte social de construcción expansiva no hemos sido consecuentes con ir
avanzando socialmente y arquitectónicamente pero llevando la historia y
nuestras tradiciones de la mano. Superviven muy pocos. Dentro de ellas el
bordado, y sabemos que el bordado pues no es de nosotros, eso desde Asia,
después desde Asia entonces Europa, de Asia España y de España ya a Suramérica,
pero nuestras tradiciones como tales aborígenes ancestrales, ¿dónde están? Se
habla muy poco de ello."
Esta ausencia
de políticas de revitalización indígena contrasta con el reconocimiento
selectivo de otras expresiones patrimoniales (bordado, arquitectura colonial).
El testimonio de Vinta desnuda las jerarquías culturales que operan en las
políticas patrimoniales: lo "cartagüeño" se construye desde lo
colonial-mestizo y afro, borrando sistemáticamente la ancestralidad indígena
del territorio. Una política patrimonial verdaderamente pluralista debería
reconocer no solo la diversidad de portadores, sino también la desigualdad
estructural en las condiciones de transmisión y visibilización de distintas
matrices culturales.
Propuesta:
patrimonio como proceso, no como objeto: Frente a estas tensiones, algunos autores proponen
concebir el patrimonio inmaterial no como conjunto de objetos culturales a
preservar sino como proceso vivo de recreación cultural (Bortolotto, 2011;
Hafstein, 2018). Desde esta perspectiva, salvaguardar tradición oral no
significa congelar repertorios sino fortalecer condiciones sociales, espaciales,
económicas y políticas que permitan a comunidades continuar narrando,
adaptando, transmitiendo.
Esto
implica:
- Crear y defender espacios
públicos de encuentro comunitario
- Fortalecer transmisión
intergeneracional mediante políticas educativas que valoren oralidad
- Proporcionar reconocimiento
social y apoyo económico a portadores
- Resistir transformaciones
urbanas que erosionan marcos espaciales de memoria
- Promover apropiaciones
creativas de tecnologías que amplíen alcance de oralidad sin desnaturalizarla
Profesionalización
del narrador: entre legitimación y mercantilización
Alexander
Moriones ("Guardián de la Palabra") representa un perfil emergente en
el campo de la oralidad cartagüeña: el narrador profesionalizado, formado en
talleres, que construye una "marca" artística y se inserta en
circuitos institucionales de la cultura. Su trayectoria ilumina tanto las
oportunidades como las tensiones de esta profesionalización:
"Como
narrador, 2018, 2019, digamos ahí viene como todo un cúmulo. Yo digo que antes
había a lo largo de mi vida hecho escuela porque mi papá también toda la vida
ha tenido su cuento (...) Siempre me gustó escuchar historias, pero, digamos,
en ese tramo de mi vida me dediqué fue a escuchar, pero como narrador era el
2018, 2019 (...) Me encontraba en festivales de teatro con la palabra. Entonces
yo veía esos cuenteros, los escuchaba. Yo decía: me gusta eso, me tengo
confianza, yo soy capaz de hacer eso (...) hasta que en uno de tantos
encuentros empecé a contar, pero muy esporádicamente, pero que ya cogí la
línea, empecé a hacer investigación, empecé a encontrarme con los maestros de
la palabra (...) 2018, 2019, que me encuentro con una serie de talleres
precisamente con el maestro Omar Díaz, conocido como Juan Sin Miedo."
Este
relato de formación contrasta radicalmente con el de narradores como Gloria
Murillo o Gustavo Gutiérrez, para quienes la oralidad es una herencia
"dada" sin mediación pedagógica formal. Moriones transita
conscientemente de "escucha" a "narrador", mediado por
instituciones culturales (festivales de teatro, talleres especializados,
maestros reconocidos). Esta profesionalización incluye la construcción de una
identidad artística:
"Yo
tuve un trabajo muy hermoso cerca de Pueblo Rico, Risaralda, tuve la fortuna de
compartir un tiempo con un proyecto que llamó 'La Legión del Afecto' (...) Ahí
empezó a rondar mi sentir: querer hacer como una legión de la palabra (...)
empecé como a buscar así como nombres, pero no, no me daba, hasta que en una de
estas me dio y llegó a mí como 'Guardián de la Palabra', y desde ahí (...) vi
como que se combinaba perfectamente y a raíz de eso pues como que salió la
marca de Guardián de la Palabra."
La
construcción de una "marca" —término que Moriones usa sin ambigüedad—
revela la inserción de la oralidad en las lógicas del mercado cultural. No se
trata de una comercialización espuria sino de una estrategia de supervivencia
profesional en un campo donde la cultura opera como industria. Sin embargo,
esta profesionalización no implica ruptura con las matrices tradicionales;
Moriones las reinterpreta desde códigos contemporáneos:
"Hay
dos momentos: está como el de la parte técnica, cierto, muy estructurada:
respiración, vocales, un poco de calentamiento de la voz, algunas veces
acompañadas de una bebida caliente. Y (...) creo mucho en convocar la palabra
de una forma muy necesaria alrededor del fuego, y precisamente ese elemento, el
taita fuego, siempre lo hago presente (...) con velas, de incienso, algún
tabaco, cierto, dependiendo de los cuentos que voy a narrar (...) pero el fuego
siempre va a tener para mí una relación especial con la palabra y siempre hago
como ese ritual."
La
coexistencia de "técnica" (respiración, vocales, calentamiento) y
"ritual" (fuego, incienso, tabaco) evidencia un sincretismo
metodológico: Moriones incorpora herramientas del teatro occidental (formación
vocal, técnica corporal) sin abandonar la dimensión ceremonial de la oralidad
ancestral. Este hibridismo es estratégico: le permite circular por espacios institucionales
(teatros, festivales, escuelas) manteniendo un horizonte simbólico que excede
la lógica del espectáculo.
Su
reflexión sobre la pérdida de espacios comunitarios para la narración es
especialmente aguda:
"Esos
espacios se han perdido (...) ¿Por qué? Porque no te interesa ahora ir a
escuchar, sino que te interesa ver ahora otro tipo de espectáculos donde te
bombardean sensibilizarmente con otro tipo de sensaciones, cierto, que son un
poco artificiales, que cumplen su función de entretenimiento pero que no te
ponen a sentir, no te ponen a pensar, no te dejan una moraleja (...) Yo creo
que a raíz de la pérdida de los espacios de comunidad donde se narre, donde se
cuente, hay muy pocos. Digamos, en Cali históricamente se han mantenido unos
espacios de narración, en Bogotá obviamente (...) pero aquí en estas ciudades
intermedias, en los pueblos donde nace, donde está la mata de la palabra,
precisamente estos espacios ya no se están viendo. No hay unas apuestas
culturales ni unas propuestas políticas reales de inversión hacia este tipo de
espacios de la palabra."
Moriones
señala la paradoja de las políticas culturales: las grandes ciudades
institucionalizan espacios para la oralidad (festivales, encuentros,
programas), mientras que en los territorios donde la tradición oral permanece
viva —pueblos, ciudades intermedias— no existen políticas sostenidas de apoyo.
La profesionalización del narrador, entonces, enfrenta una encrucijada: o migra
hacia los centros urbanos donde existe infraestructura cultural, o permanece en
territorios donde la demanda es alta pero la institucionalidad débil.
Su
apelación final condensa esta tensión:
"Yo
creo que me sentí muy identificado con este tipo de historias, con este tipo de
procesos y con este tipo de proyectos que cada vez hacen más falta, no solo en
Cartago sino a nivel nacional (...) Hace falta que más proyectos como este se
empiecen a desarrollar para que precisamente esas futuras generaciones tengan
un punto, tengan un anclaje de donde coger para encontrarse con su verdadera
identidad."
Moriones
reivindica la profesionalización no como elitización sino como condición de supervivencia
de la oralidad en escenarios transformados. Su "Guardián de la
Palabra" no es nostálgico: asume los códigos institucionales, construye
redes, gestiona proyectos, produce archivos. Pero tampoco es un emprendedor
cultural desvinculado: su trabajo busca "anclajes identitarios" para
las nuevas generaciones. Encarna así una de las tensiones centrales de las
políticas patrimoniales contemporáneas: ¿cómo profesionalizar sin
mercantilizar? ¿Cómo institucionalizar sin burocratizar? ¿Cómo hacer sostenible
económicamente la transmisión cultural sin vaciar su sentido comunitario?
Epistemologías Orales: La Oralidad como Modo de
Conocimiento
Un último
eje de discusión, quizás el más profundo teóricamente, refiere a las
epistemologías implícitas en las prácticas narrativas orales. La tradición oral
no es solo contenido (qué se dice) sino forma de conocimiento, modo específico
de producir, validar, transmitir y actualizar saberes.
Walter
Ong (1982) identificó características del "pensamiento oral" que lo
distinguen del "pensamiento letrado": agregación vs. subordinación
analítica, redundancia como estrategia mnemotécnica, conservadurismo, cercanía
al mundo vital humano, carácter agonístico, estructura participativa,
homeostasis (ajuste del pasado a necesidades del presente). Estas
características no son limitaciones cognitivas sino adaptaciones sofisticadas a
condiciones de cultura sin escritura.
Los
hallazgos cartagüeños ilustran varias de estas dimensiones:
Conocimiento
situado y experiencial: Los narradores fundamentan su autoridad en experiencia vivida. No citan
libros o estudios sino que relatan lo que vivieron, lo que les contaron
personas de confianza, lo que observaron directamente. Esta forma de autoridad
epistémica difiere radicalmente de autoridad académica (basada en credenciales
formales, dominio de literatura especializada, método científico).
Donna
Haraway (1988) y otras teóricas feministas han cuestionado pretensiones de
conocimiento universal, objetivo y desincorporado característicos de epistemologías
positivistas, proponiendo en cambio reconocer todo conocimiento como situado:
producido desde posiciones específicas, parcial, incorporado. Las narrativas
orales son explícitamente conocimientos situados: Gloria narra desde su
posición de mujer afrodescendiente migrante, Gustavo desde su ubicación como
trovador rural campesino, César desde su trayectoria teatral urbana. Estas
posicionalidades no invalidan sus conocimientos sino que los especifican.
Validación
comunitaria vs. verificación individual: En tradiciones orales, la validez de relatos no se
establece mediante verificación individual contra evidencias documentales sino
mediante aceptación comunitaria. Un relato es "verdadero" si la
comunidad lo reconoce como tal, si múltiples personas lo refrendan, si se
transmite de generación en generación. Esta forma de validación es colectiva y
social, no individual y documental.
Jan
Vansina (1985) documentó mecanismos sofisticados de control de calidad en
tradiciones orales: confrontación de versiones, corrección colectiva de
desviaciones, desacreditación de narradores poco fiables. Aunque estos
mecanismos difieren de procedimientos científicos, no son menos rigurosos en
sus propios términos.
Conocimiento
performativo y contextual: El conocimiento oral se actualiza en performance, en actos concretos de
narración. No existe independientemente de estos actos. Esto implica que el
"mismo" relato se recrea diferentemente según contextos, audiencias,
propósitos. Esta variabilidad no es defecto sino característica constitutiva:
el conocimiento oral es contextual, adaptable, sensible a situaciones.
Richard
Bauman (1977, 1986) analizó la narrativa oral como performance, enfatizando que
lo que importa no es solo el texto (contenido lingüístico) sino el evento
comunicativo total: cómo se narra, ante quién, con qué efectos. Los narradores
son artistas performativos que despliegan competencias técnicas sofisticadas:
manejo de voz, timing, suspense, adaptación a reacciones de audiencia.
Epistemologías
del Sur y descolonización del conocimiento: Boaventura de Sousa Santos (2009, 2010) ha
desarrollado el concepto de "epistemologías del Sur": conocimientos
producidos en contextos de subordinación colonial y capitalista, frecuentemente
invisibilizados o deslegitimados por epistemologías hegemónicas eurocéntricas.
Santos propone reconocer pluralidad epistemológica: existen múltiples formas
válidas de conocer, no solo el método científico occidental.
La
entrevista con Vintabara proporciona un caso particularmente rico para
comprender epistemologías alternativas en su dimensión ritual y espiritual.
Vintabara no solo narra historias sino que se posiciona explícitamente como
mediador entre mundos, como canal de conocimientos ancestrales que trascienden
el yo individual. Su práctica incorpora elementos que desafían radicalmente
epistemologías occidentales modernas:
Conocimiento
transmitido por ancestros: Vintabara afirma que cuando narra bajo mediación del bastón ceremonial,
no es él quien habla sino sus ancestros quienes hablan a través de él:
"Mi
lengua la mueven son los ancestros y la parte espiritual, no soy yo, son ellos
que actúan a través de mí."
Esta
comprensión del conocimiento como algo que no se posee individualmente sino que
se canaliza desde instancias colectivas y transgeneracionales contrasta
radicalmente con epistemologías modernas que sitúan al sujeto individual
autónomo como fuente de conocimiento. En tradiciones andinas, esta modalidad de
conocimiento por channeling o mediación espiritual tiene larga data y conecta
con concepciones sobre la relacionalidad entre vivos y muertos, entre humanos y
más-que-humanos (De la Cadena, 2015).
Objetos
como mediadores epistémicos: El bastón con cóndor, águila y serpiente no es
objeto inerte sino "varita mágica" que opera en "plano
espiritual." Este objeto ceremonial funciona como tecnología epistémica
que habilita formas de conocimiento inaccesibles sin su mediación. La
epistemología occidental moderna ha privilegiado históricamente la palabra y el
texto como vehículos de conocimiento, deslegitimando objetos, rituales y
prácticas corporales como formas válidas de cognición. Sin embargo, antropologías
recientes del conocimiento (Ingold, 2000; Henare et al., 2007) han documentado
cómo en múltiples tradiciones no occidentales, objetos, sustancias y prácticas
materiales son constitutivos de procesos cognitivos, no meramente auxiliares.
Transformación
corporal y vocal en la narración: Vintabara describe transformaciones somáticas
específicas que ocurren durante la narración ritualizada:
"La
voz se vuelve de un tono místico, también adquiere algunas tonalidades como de
más bajos... movimientos corporales comienzan como a enriquecer esa parte
mística."
Estas
transformaciones no son performances estéticas externas sino indicadores de
estados alterados de conciencia donde se accede a conocimientos que no están
disponibles en estados ordinarios. Michael Taussig (1987) y otros antropólogos
han documentado cómo en muchas tradiciones chamánicas y rituales, el
conocimiento no se transmite discursivamente sino que se experimenta
somáticamente, se encarna, se vive en el cuerpo transformado.
Conocimiento
del territorio como geografía sagrada: El conocimiento que Vintabara posee sobre las
siete colinas de Cartago y los miradores Quimbaya no proviene de fuentes
arqueológicas académicas sino de transmisión familiar y, según su comprensión,
de conexión espiritual con el territorio:
"Herencia
ancestral por parte de mi abuela Rosa... la bisabuela de ella era pequeñita, no
hablaba español... era Vera Chamí de la cordillera central."
Este
conocimiento territorial genealógico, transmitido oralmente a través de
generaciones, constituye lo que algunos autores han llamado "topografía
cultural indígena" (Basso, 1996): comprensión del paisaje no como espacio
neutral sino como texto cargado de significados históricos, espirituales y
éticos que se activan mediante narrativas.
Crítica a
la modernidad y reivindicación de lo ceremonial: Vintabara articula una crítica
explícita a la modernidad que "nos ha llevado inmersos a contemplar, a
disfrutar y a abrazar el ruido" haciendo que se abandone "esa parte
ceremonial de nuestros antepasados." Esta crítica no es rechazo romántico
de la modernidad sino defensa de formas de conocimiento y relación con lo real
que la racionalidad instrumental moderna erosiona: capacidad de escucha
profunda, conexión espiritual, ritualidad como tecnología de producción de
sentido.
La
inclusión de esta perspectiva en el análisis de epistemologías orales
cartagüeñas es fundamental por varias razones:
Primero, visibiliza
persistencia de epistemologías indígenas en contextos urbanos mestizos
donde frecuentemente se asume su completa desaparición. Aunque Vintabara
reconoce su soledad ("me siento solitario en mi búsqueda de la raíz
indígena"), su sola existencia y práctica contradice narrativas de
extinción total.
Segundo, introduce
dimensión espiritual/ritual que estaba completamente ausente en narrativas
de otros entrevistados. Mientras Gloria, César y Gustavo refieren a dimensiones
comunitarias, identitarias y estéticas de la oralidad, Vintabara sitúa la
narración como práctica espiritual que mantiene vínculos con ancestros y con
dimensiones sagradas del territorio.
Tercero, cuestiona
hegemonía de epistemologías seculares que dominan tanto el sentido común
moderno como gran parte de la investigación académica sobre oralidad. La
comprensión de Vintabara sobre conocimiento transmitido por ancestros mediante
objetos ceremoniales en estados alterados de conciencia desafía profundamente
epistemologías racionalistas que solo reconocen como válido el conocimiento
producido por sujetos individuales conscientes mediante observación empírica o
razonamiento lógico.
Cuarto, documenta
procesos de revitalización cultural indígena en curso. Vintabara no solo
preserva conocimientos heredados sino que activamente los reactiva, los enseña,
busca transmitirlos a nuevas generaciones. Esta dimensión performativa y
prospectiva de su práctica contradice narrativas museísticas que sitúan lo
indígena exclusivamente en el pasado.
La
perspectiva de Vintabara conecta con trabajos recientes en antropología y
estudios indígenas latinoamericanos que han cuestionado la colonialidad
epistémica (Walsh, 2007; Mignolo, 2010) y reivindicado la pluralidad de formas
válidas de conocer. Su práctica ilustra lo que Boaventura de Sousa Santos
(2009) llamó "ecología de saberes": reconocimiento de que existen
múltiples epistemologías, cada una con fortalezas y limitaciones, y que el
diálogo entre ellas (no la imposición de una sobre otras) es condición para
justicia cognitiva.
La
tradición oral constituye una de estas epistemologías del Sur. Durante siglos,
fue descalificada por élites letradas como conocimiento inferior, primitivo,
poco fiable. Reivindicar valor epistémico de la oralidad es ejercicio de
descolonización epistemológica: reconocer que pueblos sin escritura o con
escritura limitada desarrollaron formas sofisticadas de producir, preservar y
transmitir conocimientos, formas que merecen ser valoradas en sus propios
términos, no solo como deficientes aproximaciones a estándares escriturales.
Silvia
Rivera Cusicanqui (2010, 2015) y otros intelectuales indígenas latinoamericanos
han argumentado que la hegemonía de la escritura alfabética como única forma
válida de conocimiento constituye violencia epistémica que invisibiliza y
deslegitima modos de saber andinos, amazónicos, afrodescendientes. Los
narradores orales cartagüeños, aunque no explícitamente posicionados en
movimientos indígenas, son portadores de epistemologías alternativas que
merecen reconocimiento.
Implicaciones
para la investigación: Reconocer epistemologías orales como válidas en sus propios términos
tiene implicaciones metodológicas. La investigación académica, fundamentada en
epistemologías escriturales y científicas, corre riesgo de subordinar, traducir
o traicionar epistemologías orales al someterlas a análisis académicos. ¿Cómo
hacer justicia epistémica a conocimientos orales sin colonizarlos
académicamente?
No hay
respuesta simple, pero algunas estrategias pueden mitigar esta tensión:
- Privilegiar voces directas
de narradores (citas extensas) sobre paráfrasis académicas
- Reconocer reflexividad y
sofisticación teórica de narradores, no solo tratarlos como
"informantes" que proporcionan datos
- Construir interpretaciones
en diálogo con portadores, no solo sobre ellos
- Devolver resultados a
comunidades en formas accesibles, no solo en publicaciones académicas
especializadas
- Reconocer límites de lo que
investigación académica puede capturar de prácticas orales vivas
Procesos y Mecanismos de
Transmisión Intergeneracional: Entre Continuidades y Rupturas
Uno de los objetivos específicos
de esta investigación fue comprender los procesos, mecanismos y espacios de
transmisión intergeneracional de la tradición oral, así como los factores que
amenazan su continuidad en el contexto contemporáneo. Los hallazgos revelan un
panorama complejo donde coexisten múltiples modalidades de transmisión —desde
las más tradicionales hasta formas innovadoras mediadas por nuevas tecnologías
y circuitos profesionales— así como amenazas estructurales que ponen en riesgo
la continuidad de estas prácticas.
La forma más antigua y persistente de transmisión oral es la que ocurre en el seno familiar, particularmente en la relación entre abuelos y nietos. Varios narradores identifican a sus abuelos como fuentes primordiales de sus repertorios narrativos. Como ya se documentó en testimonios de Gloria Murillo, César Montoya y Gustavo Gutiérrez, el espacio doméstico —particularmente las reuniones nocturnas alrededor del fogón o la mesa— constituyó históricamente el escenario privilegiado de iniciación en la oralidad.
María Isabel Espinoza Hincapié,
poeta y documentalista del río Cauca en Guayabito, articula una
conceptualización particularmente potente sobre esta transmisión familiar
cuando distingue entre dos tipos de herencia que los padres pueden dejar a sus
hijos:
"Yo en ellos [mis padres] no
busco una herencia económica. Yo en ellos siempre busco la herencia
intelectual, porque para mí esos apuntes de ellos son intelectual y ellos me
aportan a mí mucha, mucha sabiduría, muchas soluciones para una vida práctica.
Me llevan a valorarlos tanto por lo que vivieron, como lucharon su vida, como
nunca tuvieron las oportunidades que uno tiene en este momento y
sobrevivieron." (María Isabel, 2025)
Esta distinción entre
"herencia económica" y "herencia intelectual" desafía
lógicas capitalistas que solo reconocen como legado valioso los bienes
materiales transmisibles. María Isabel reivindica explícitamente el valor de
los "apuntes" (relatos, saberes, memorias) de sus padres y abuelos
como patrimonio más valioso que cualquier propiedad. Esta perspectiva conecta
con trabajos de antropología económica que han mostrado cómo en muchas culturas
no occidentales, el conocimiento y las narrativas constituyen formas de riqueza
simbólica más preciadas que la riqueza material (Bourdieu, 1986; Appadurai,
1986).
Sin embargo, María Isabel también
reconoce que esta transmisión no ocurre automáticamente, sino que requiere
esfuerzo activo de las generaciones jóvenes para "activar" la memoria
de los mayores:
"Yo me acuerdo mi padre, yo
me acuerdo un sábado [que] llegaban varios primos, nos sentábamos y ella [la
abuela] nos contaba historias de miedo. Nosotros le pedíamos: ´abuela,
cuéntenos historias´. Éramos niños inocentes, pero amantes al misterio del
terror." (María Isabel, 2025)
Esta escena donde los nietos
explícitamente solicitan historias a la abuela evidencia que la transmisión
oral intergeneracional no es imposición unidireccional de mayores a jóvenes,
sino proceso dialógico donde los aprendices deben manifestar interés activo. La
abuela narra porque los nietos desean escuchar. Esta dimensión de demanda
activa resulta crucial para comprender amenazas contemporáneas: cuando nuevas
generaciones dejan de solicitar historias (porque sus intereses se reorientan
hacia entretenimientos digitales), la transmisión se interrumpe aunque los
portadores aún estén vivos y dispuestos a narrar.
María Isabel insiste en la
necesidad de "activar" deliberadamente la memoria de los mayores
antes de que se pierda:
"Entonces yo soy experta en
eso con mi padre. Mi padre hace tres años murió, él murió a los 95 años. Nos
sentábamos a la cama, yo iba y lo visitaba y él recitaba. (…) Y yo le decía:
´padre, usted tiene mucho éxito vendiendo la mostaza, la mafafa, el comino, los
chachafrutos´ (…) Entonces yo coloco un ejemplo: mi madre tiene 90 años. Y mis
hermanos me dicen: ´¿Isabel, y usted qué no reclamó nada [de la herencia]?´ Y
yo les digo: ´Yo no reclamé nada, pero me quedé con todo.´ Me quedé con toda
esa capacidad que papá tenía, y eso me ha servido para seguir esta vida con las
historias." (María Isabel, 2025)
Esta estrategia deliberada de
"quedarse con todo" (el conocimiento, las historias, las memorias) en
lugar de reclamar bienes materiales representa una ética de la transmisión
cultural que prioriza lo intangible sobre lo tangible. María Isabel se
posiciona conscientemente como heredera y continuadora del legado narrativo
paterno, asumiendo responsabilidad de mantener vivas esas memorias que, de otro
modo, morirían con su padre.
Turismo Comunitario como Nuevo
Espacio de Transmisión
Una modalidad innovadora de
transmisión que articula oralidad con sostenibilidad económica es el turismo
comunitario. Luis Fernando Navarro, narrador de la zona rural de El Privilegio,
representa este modelo donde recorridos territoriales devienen performances
narrativas dirigidas a turistas nacionales e internacionales.
Fernando custodian archivos
familiares de 150 años sobre la construcción del Camino del Privilegio (1855),
documentos que él convierte en narrativas orales durante cabalgatas turísticas.
Su práctica fusiona investigación histórica documental, transmisión oral recibida
de abuelos y tíos, y adaptación performática para audiencias contemporáneas:
"Yo de muy niño, mis papás
se separan y me tengo que ir a vivir donde los abuelos. Mis abuelos vivían en
el centro de Cartago. (…) Era el centro. Entonces yo estaba actualizado de lo
que pasaba en Colombia y en el mundo, porque era el centro. Todo el que iba al
centro pasaba por allá. Entonces convertí eso: viví mucho tiempo con mis
abuelos en el centro y pude aprender de esa oralidad, de todo el mundo que
pasaba." (Fernando, 2025)
Esta biografía muestra cómo su
iniciación en la oralidad ocurrió en contexto urbano (casa de los abuelos en el
centro de Cartago), donde el constante flujo de visitantes generaba un espacio
natural de narración. Ya adulto, Fernando traslada este aprendizaje al contexto
rural de su finca familiar, pero transformándolo: la oralidad ya no es práctica
comunitaria espontánea sino servicio turístico profesionalizado.
El turismo narrativo presenta
ventajas y tensiones para la transmisión oral. Entre las ventajas:
1. Sostenibilidad económica:
Permite al narrador dedicarse de manera sostenida a su práctica, generando
ingresos que en contextos puramente comunitarios no existen. Fernando logra
vivir de su trabajo como guía-narrador, lo que sería imposible si solo narrara
informalmente a vecinos.
2. Audiencias renovadas: Turistas
llegan con curiosidad genuina, sin el cansancio que audiencias locales pueden
experimentar ante relatos ya conocidos. Esto motiva al narrador a profundizar
investigación y refinar performances.
3. Valorización cultural: El
interés de visitantes externos refuerza autoestima cultural de comunidades
locales, demostrando que sus saberes y territorios tienen valor más allá de lo
puramente local.
4. Investigación motivada: Para
satisfacer curiosidad de turistas, Fernando ha profundizado en archivos
familiares, conectado relatos orales con documentación escrita, elaborado
narrativas históricas más complejas.
Entre las tensiones:
1. Espectacularización: Riesgo de
adaptar narrativas excesivamente a gustos de turistas, perdiendo autenticidad
en favor de pintoresquismo consumible.
2. Privatización de saberes:
Conocimientos que originalmente eran patrimonios comunitarios pueden
convertirse en productos individuales apropiados privadamente por el guía-narrador.
3. Dependencia del mercado: Si
flujo turístico declina (por razones económicas, de seguridad, sanitarias), la
práctica deviene insostenible.
Sin embargo, Fernando navega
estas tensiones manteniendo arraigo comunitario y territorial. Su práctica no
es mera mercantilización de folclor genérico sino transmisión situada de
memorias familiares y territoriales específicas. Además, incorpora dimensión
ritual-espiritual que excede lógica puramente mercantil:
"Lo que hacemos es una
interpretación del territorio, lo que el mismo territorio va contando, nosotros
lo traducimos en palabras. Siempre dejamos apertura y que el territorio vaya
hablando para nosotros ir pasando esa información. (…) Siempre nos invocamos a
ese territorio porque creemos que la fuerza viene de la tierra, 100%. (…)
Cuando lo hacemos, la naturaleza responde. Entonces muchas veces nos ha pasado
que vemos que va a llover y llegamos al sitio donde vamos, podemos escampar y
sale el agua. El territorio nos quiere." (Fernando, 2025)
Esta "invocación al
territorio" antes de cada recorrido narrativo introduce dimensión sagrada
que impide reducir la práctica a mero espectáculo turístico. Fernando comprende
su rol no solo como guía profesional sino como mediador entre turistas y
fuerzas territoriales. Esta concepción conecta con epistemologías indígenas y
campesinas donde territorio no es escenario inerte sino agente con voluntad
propia que puede favorecer o dificultar empresas humanas.
Patrimonio Material como Soporte
de Memoria Oral: El Caso del Museo de Bicicletas
Leonardo (Leo), adulto mayor de
zona rural cartagüeña, representa otra modalidad de transmisión que articula
patrimonio material con narrativas orales. Leo ha construido el "Museo
Rural de las Bicicletas", colección de más de 100 bicicletas antiguas
(algunas de finales del siglo XIX) que él ha recolectado durante décadas.
Aunque Leo no se autoidentifica
primariamente como narrador oral, su museo funciona como espacio de narración:
cada bicicleta porta historias sobre sus fabricantes, propietarios previos,
contextos de uso, transformaciones urbanas y rurales de Cartago. Visitantes
(locales, nacionales, extranjeros) llegan al museo no solo a ver objetos sino a
escuchar las narrativas que Leo ha construido alrededor de ellos.
Esta práctica ilustra lo que
Arjun Appadurai (1986) llamó la "vida social de las cosas": los
objetos materiales no son inertes sino que portan biografías, circulan entre
personas y contextos, acumulan significados. Leo es guardián no solo de
bicicletas sino de las memorias que esos objetos vehiculizan.
Su iniciación en la narración
oral fue tradicional, vinculada a espacios de sociabilidad urbana que ya han
desaparecido:
"Me acuerdo yo en el parque
Bolívar que habían retretas, y el fútbol de Cartago dándole vueltas al parque
Bolívar, comenzando y charlando, enamorando. (…) Y otro punto que a mí me
gustaba estar con amigos: en el lago, lo que es ahora carreras cuarta con calle
10, esquina. (…) Ahí había un lago de los abuelos, papá, amigos, para ir a
jugar fútbol." (Leo, 2025)
Esta evocación de las retretas
dominicales y del "lago de los abuelos" documenta espacios públicos
de encuentro intergeneracional que operaban como escuelas informales de
oralidad. Niños y jóvenes absorbían narrativas simplemente estando presentes en
esos espacios, escuchando conversaciones de mayores.
Leo identifica la tecnología como
amenaza principal para transmisión oral: "La gente pegada del celular,
como que no hubiera más vida. Ya no disfrutan de este paisaje tan hermoso, de
esta madre naturaleza que tenemos." (Leo, 2025)
Su mensaje a nuevas generaciones
condensa una ética de vida que conecta directamente con transmisión oral:
"Que se porten bien, que piensen bien, que piensen lo que tienen por
delante, la vida por delante. Que la vida no es cosas de vicios ni de nada, que
la vida es muy hermosa y muy bonita, que la sepan vivir a lo bien." (Leo,
2025)
Aunque aparentemente simple, este
mensaje vehiculiza valores fundamentales: conducta ética ("portarse bien"),
reflexividad ("pensar"), apreciación estética de la vida ("la
vida es muy hermosa"), y rechazo de consumos destructivos
("vicios"). Estos son precisamente los valores que tradicionalmente
se transmitían mediante relatos ejemplares, fábulas morales y consejas de
mayores. Leo no narra fábulas complejas, pero su museo y su presencia misma
operan como tecnologías de transmisión de estos valores.
La momia de la Casa del Virrey
Betty Valencia narra una historia que
articula patrimonio material, tradición oral y misterio religioso: la momia de
María Margarita Luisa de la Cruz, descendiente de los constructores de la Casa
del Virrey:
"Ella fue hija menor de ese
matrimonio, tuvo ocho hijos. La sorpresa es que se muere en una edad muy
avanzada, más de 80 años, y a principios del siglo XX, cuando hubo el famoso
terremoto y la tumba de ella se abre, ella está intacta. O sea que es un
cadáver de los que la iglesia llama incorrupto, no se descompuso."
(Betty Valencia, 2025)
Betty reconstruye la tradición oral sobre
este personaje a partir de testimonios que ella misma recogió:
"No la alcancé a conocer, pero sí
escuché de doña Lucy Morgueiti esa historia, y de otro señor ya mayor que
conocieron la famosa momia de la Casa del Virrey. Y el maestro Moriones, que es
uno de los descendientes y que vivió aquí en esta casa, él dice que hay que
hacer la momia en seda. Y otros dicen: '¿para qué la enterraron? Cartago sería
famosísimo.'" (Betty Valencia, 2025)
Esta narrativa ilustra cómo un fenómeno
material (cadáver incorrupto) genera tradición oral que se transmite a través
de generaciones, y cómo esa tradición se cruza con debates contemporáneos sobre
patrimonio y turismo. La tensión entre quienes lamentan el entierro
("Cartago sería famosísimo") y quienes respetan la decisión
eclesiástica revela negociaciones entre sacralidad y mercantilización del
patrimonio.
Preocupación Generacional: La
Urgencia del Relevo
Jaime Rivera, narrador joven del
barrio La Esperanza (Comuna 1), pertenece a una generación intermedia: suficientemente
joven para haber crecido con tecnologías digitales, pero suficientemente mayor
para haber experimentado formas tradicionales de sociabilidad narrativa. Su
testimonio articula con particular claridad la preocupación por pérdida de
transmisión intergeneracional:
"Se ha perdido esa mística.
La gente ya no quiere escuchar, la gente ya quiere vivir solamente buscando
resúmenes. (…) Tenemos que entender el contexto de la oralidad: tiene que tener
un principio, un final, una conclusión a los temas. No solamente contarlos por
contarlos, sino narrar para que quede en la persona. Había alguien que una vez
me dijo: si usted le cuenta la historia a 10 personas, a uno se le queda
grabada. Entonces a 100 son 10, a 1000 son 100. Pero se ha perdido esa mística."
(Jaime, 2025)
Esta reflexión muestra conciencia
aguda sobre transformaciones en ecologías atencionales contemporáneas. La
observación sobre "búsqueda de resúmenes" refiere directamente a
modos de consumo de información promovidos por plataformas digitales: videos
cortos, textos fragmentados, información comprimida. Estos formatos erosionan
tolerancia a narrativas largas, densas, complejas que la oralidad tradicional
requiere.
Jaime diagnostica pérdida de
"mística" no como juicio moral sino como transformación estructural:
"La tecnología hace mucho salió, y esa tecnología arrolló a las personas,
las arrolló totalmente y las ha dejado prácticamente sin identidad."
(Jaime, 2025)
Su preocupación por recambio
generacional es explícita: "Los narradores entrevistados son
mayoritariamente adultos mayores. Su fallecimiento implicará pérdida
irreparable de repertorios, estilos, saberes. Aunque hay narradores jóvenes
emergentes, no son suficientes para garantizar continuidad. (…) Yo creo que las
mejores historias usted las va a escuchar de una persona de más de 55 años,
porque ha vivido en carne propia muchas de las anécdotas que cuentan, o sus
padres las vivieron de primera instancia y se las contaron de muy niño."
(Jaime, 2025)
Esta observación sobre los 55
años como umbral no es arbitraria: personas nacidas antes de 1970
aproximadamente crecieron en Cartago pre-televisivo o con televisión
incipiente, experimentaron formas de sociabilidad vecinal que ya
desaparecieron, y conservan memorias de una ciudad radicalmente distinta. Su
muerte biológica implicará extinción de capas completas de memoria urbana.
Sin embargo, Jaime no es
pesimista. Propone una frase-síntesis que condensa su comprensión sobre
transmisión: "El recuerdo no se olvida siempre y cuando se cuente."
(Jaime, 2025)
Esta formulación es teóricamente
sofisticada. Reconoce que memoria no es automática ni biológica: los recuerdos
mueren si no se actualizan narrativamente. Pero también afirma agencia humana:
podemos evitar olvido mediante práctica sostenida de narración. La transmisión
intergeneracional, desde esta perspectiva, no es proceso natural que ocurre
espontáneamente, sino trabajo cultural deliberado que cada generación debe
asumir conscientemente.
Alexander Moriones ("Guardián de la Palabra"), representa modelo de transmisión radicalmente distinto al familiar-comunitario: la formación mediante talleres especializados y la profesionalización artística. Su trayectoria ilustra emergencia de nuevas pedagogías de la oralidad que no dependen de transmisión intergeneracional familiar sino de instituciones culturales formales.
Alexander transita
conscientemente de "escucha" a "narrador" mediante talleres
con "maestros de la palabra" reconocidos:
"2018, 2019, que me
encuentro con una serie de talleres precisamente con el maestro Omar Díaz,
conocido como Juan Sin Miedo. (…) Empecé a hacer investigación, empecé a
encontrarme con los maestros de la palabra." (Alexander, 2025)
Este modelo pedagógico formal
introduce estandarización técnica (ejercicios de respiración, vocalización,
construcción dramática de relatos) que difiere de aprendizajes espontáneos
tradicionales. Sin embargo, Alexander no rompe completamente con matrices
tradicionales:
"Hay dos momentos: está la
parte técnica, muy estructurada: respiración, vocales, calentamiento de la voz,
algunas veces acompañadas de una bebida caliente. Y creo mucho en convocar la
palabra de una forma muy necesaria alrededor del fuego, y precisamente ese
elemento, el taita fuego, siempre lo hago presente con velas, incienso, algún
tabaco, dependiendo de los cuentos que voy a narrar." (Alexander, 2025)
Esta coexistencia de
"técnica" y "ritual" evidencia sincretismo metodológico:
incorpora herramientas del teatro occidental sin abandonar dimensión ceremonial
de oralidad ancestral. Alexander construye marca artística ("Guardián de
la Palabra") e identidad profesional, pero mantiene horizonte simbólico
que excede lógica del espectáculo.
Su práctica representa
posibilidad de que oralidad sobreviva no (solo) mediante transmisión familiar
intergeneracional sino mediante circuitos profesionales donde jóvenes
interesados pueden formarse con maestros reconocidos. Este modelo tiene ventaja
de no depender de vínculos biológicos familiares y de poder escalar mediante
talleres masivos. Sin embargo, presenta riesgo de uniformización técnica que
puede erosionar diversidad estilística característica de oralidades regionales.
Transmisión familiar tradicional:
Persiste, aunque debilitada, particularmente en zonas rurales y en familias con
fuerte conciencia cultural. María Isabel ejemplifica estrategia deliberada de
"heredar lo intelectual" que requiere esfuerzo activo de generaciones
jóvenes.
Turismo comunitario: Emerge como
forma innovadora que articula oralidad con economía, permitiendo sostenibilidad
de narradores rurales. Fernando Privilegio muestra cómo esta modalidad puede
mantener autenticidad territorial si se practica con ética.
Museificación narrativa:
Patrimonio material (colecciones como la de Leo) opera como soporte de memorias
orales, atrayendo visitantes que activan narrativas del guardián-coleccionista.
Formación profesional: Talleres
especializados y maestros reconocidos generan nuevas generaciones de narradores
que no necesariamente heredaron práctica familiarmente. Alexander Moriones representa
este perfil profesionalizado.
Circuitos institucionales:
Escuelas, bibliotecas, casas de cultura, festivales devienen espacios de
transmisión que complementan (o sustituyen) espacios comunitarios
tradicionales.
Estas modalidades no son
mutuamente excluyentes sino que frecuentemente se hibridizan: un narrador puede
haber aprendido familiarmente, profesionalizarse mediante talleres, insertarse
en circuitos turísticos y participar en programas institucionales simultáneamente.
Sin embargo, todas estas
modalidades enfrentan amenazas estructurales:
Transformaciones tecnológicas:
Como identificó Leo, omnipresencia de smartphones transforma ecologías
atencionales, reduce tolerancia al silencio y fragmenta capacidades de escucha
sostenida que narración oral requiere.
Jaime Rivera, desde su
experiencia generacional intermedia, articula esta crítica con mayor
profundidad teórica:
"La tecnología, aunque nos
aporta muchísimo, también nos aleja de esa cultura, de esa oralidad. Hoy en día
ya no imaginan, solo buscan. Ya no hay 'OK Google, cómo hago tal cosa'. Se
pierde el misterio de investigar uno solo, de preguntarte algo. Hoy en día, la
inteligencia artificial resume todo, y la gente no quiere leer, les da pereza.
Entonces, ¿qué hace la persona inteligente? No se queda ahí tratando de atrapar
lo que ya no es, sino que se niega a coger lo que viene." (Rivera, 2025)
Esta crítica no rechaza la
tecnología per se, sino que señala cómo su uso acrítico erosiona capacidades
cognitivas fundamentales: capacidad de imaginar (construir mentalmente mundos
narrados), capacidad de investigar autónomamente (búsqueda activa versus
receptividad pasiva), y capacidad de tolerar complejidad (versus demanda de
resúmenes). La mención de inteligencia artificial es particularmente
reveladora: Jaime identifica amenaza emergente donde la mediación algorítmica
de conocimiento puede eliminar completamente la transmisión humana directa.
Desaparición de espacios de
sociabilidad: Individualización, privatización, vehicularización eliminan
espacios tradicionales (andenes, tiendas de barrio, plazas) donde oralidad se
actualizaba espontáneamente.
Muerte de portadores sin
reemplazo: Los narradores entrevistados son mayoritariamente adultos mayores.
Como advirtió Jaime Rivera, su fallecimiento implicará pérdida irreparable si
no hay suficientes narradores jóvenes.
Deslegitimación epistémica:
Hegemonía de conocimiento escritural-científico en sistemas educativos
marginaliza epistemologías orales, presentándolas como primitivas o no
científicas.
Políticas culturales
insuficientes: Aunque existen convocatorias y programas, operan mediante lógica
de "proyectos" temporales sin institucionalización robusta ni
financiamiento de largo plazo.
No obstante, junto a amenazas
existen también potencialidades:
Conciencia reflexiva creciente:
Narradores, gestores culturales y comunidades reconocen cada vez más tradición
oral como patrimonio valioso que merece salvaguarda activa.
Hibridaciones creativas: Fusiones
entre oralidad y teatro, narrativas tradicionales y plataformas digitales,
repertorios locales y audiencias globales representan adaptaciones que renuevan
tradición oral en lugar de fosilizarla.
Profesionalización: Emergencia de
narradores que viven (parcialmente) de narración oral crea condiciones de
sostenibilidad económica que oralidad puramente comunitaria no garantizaba.
Proyectos de documentación:
Iniciativas como esta investigación contribuyen a visibilizar, legitimar y
archivar patrimonio oral, aunque con todas las limitaciones y riesgos de
traducción escrita que ello implica.
La pregunta fundamental no es si
la transmisión intergeneracional de oralidad continuará —toda tradición se
transforma—, sino qué formas adoptará esa continuidad transformada, qué se
preservará y qué se perderá en el proceso, y quién decidirá estos rumbos. La
respuesta a esta pregunta no es técnica sino política: depende de voluntades
colectivas, de políticas culturales, de valoraciones sociales y, fundamentalmente,
del protagonismo que portadores y comunidades asuman en definir su propio
patrimonio.
Síntesis de la Discusión
La
discusión ha articulado hallazgos empíricos de la investigación cartagüeña con
cinco conjuntos de debates teóricos sobre espacio y memoria, transformaciones
de la oralidad en contextos de cambio, funciones sociales de la narrativa,
tensiones de la patrimonialización, y epistemologías orales.
En cada
uno de estos ámbitos, los hallazgos confirman, complejizan y extienden
planteamientos teóricos previos. La tradición oral cartagüeña ilustra dinámicas
identificadas por teóricos como Halbwachs, Ong, Martín-Barbero, García
Canclini, pero también presenta especificidades que enriquecen comprensión de
estos fenómenos. Simultáneamente, los marcos teóricos proporcionan herramientas
conceptuales que permiten interpretar hallazgos más allá de lo descriptivo,
insertándolos en debates académicos más amplios.
La
discusión ha enfatizado que la oralidad cartagüeña no es vestigio de pasado
premoderno destinado a desaparecer, sino práctica cultural viva que negocia
constantemente su lugar en contextos contemporáneos. Esta negociación implica
transformaciones, adaptaciones, hibridaciones, pero no necesariamente
extinción. El futuro de la tradición oral dependerá de múltiples factores:
políticas culturales, dinámicas urbanas, transformaciones tecnológicas, y
fundamentalmente, del protagonismo de portadores y comunidades en definir qué y
cómo preservar, adaptar o transformar.
CONCLUSIONES
La presente investigación se propuso comprender el
rol de los narradores orales como portadores de memoria cultural en el
municipio de Cartago, Valle del Cauca, mediante una aproximación etnográfica
cualitativa con enfoque participativo territorial. A través del análisis de
entrevistas en profundidad con siete narradores representativos de diversas
zonas urbanas y rurales, bitácoras de campo y observación participante, se han
identificado hallazgos significativos que permiten caracterizar la tradición
oral cartagüeña, sus transformaciones contemporáneas, sus funciones sociales y
los desafíos que enfrenta en contextos de modernización acelerada.
Sobre la Caracterización de las Prácticas
Narrativas
El primer objetivo específico buscaba caracterizar
las prácticas narrativas de los portadores de tradición oral en Cartago. Los
hallazgos revelan una heterogeneidad notable en estilos,
repertorios y funciones narrativas que desafía concepciones homogeneizantes
sobre "la tradición oral" como entidad monolítica.
Se identificaron al menos cuatro perfiles
diferenciados de narradores:
1.
Narradores comunitarios de transmisión familiar
(como Gloria Murillo y Gustavo Gutiérrez): portadores cuya práctica narrativa
emerge de socialización primaria en contextos familiares donde la oralidad era
modo dominante de comunicación y transmisión cultural. Estos narradores
encarnan lo que Walter Benjamin denominó la figura del narrador tradicional:
transmiten experiencias vividas, conectan territorios con narrativas, y operan como
archivos vivientes de memoria colectiva.
2.
Narradores profesionales con formación
artística (como Alexander Moriones “Guardián de la palabra, César
Montoya y Omar Díaz "Juan Sin Miedo"): portadores que han transitado
por formación teatral o artística sistemática, desarrollando competencias
técnicas específicas (manejo vocal, construcción de personajes, trabajo
corporal) que luego articulan con matrices narrativas tradicionales. Su
práctica representa hibridación entre oralidad "tradicional" y arte
escénico contemporáneo.
3.
Narradores-revitalizadores de matrices
indígenas (como Vintabara): portadores que trabajan activamente por
recuperar y visibilizar dimensiones indígenas del territorio cartagüeño que han
sido sistemáticamente borradas. Su práctica no es solo preservación sino
resistencia epistémica y proyecto político-cultural de descolonización de
memoria territorial.
4.
Narradores de generaciones intermedias
(como Jaiver Valencia): portadores que encarnan tránsitos campo-ciudad,
rural-urbano, oralidad-escritura, configurando posiciones liminales que les
permiten traducir entre mundos culturales distintos. No son plenamente
"tradicionales" ni plenamente "modernos" sino mediadores
que negocian creativamente entre matrices culturales.
Esta diversidad desmitifica nociones románticas
sobre autenticidad única de la tradición oral y revela que la oralidad
cartagüeña contemporánea es campo dinámico donde coexisten múltiples
modalidades de narración que responden a trayectorias biográficas, posiciones
generacionales, capitales culturales y proyectos identitarios diversos.
En términos de repertorios, se
identificó predominancia de:
·
Mitos y leyendas sobre seres sobrenaturales
(Mula Cuaresma, Llorona, duendes, brujas)
·
Narrativas territoriales que inscriben memoria
en lugares específicos (cuevas, humedales, bailaderos)
·
Relatos de transformación urbana que contrastan
pasados comunitarios con presentes individualizados
·
Memorias de prácticas productivas tradicionales
(arriería, agricultura)
·
Anécdotas personales que documentan modos de
vida en desaparición
En términos de estilos performativos,
se observó variación entre narradores que privilegian tono
conversacional-intimista y narradores que desarrollan personajes escénicos
diferenciados. Sin embargo, todos compartían énfasis en dimensión
corporal-gestual, modulación vocal expresiva y capacidad de adaptación a
audiencias específicas.
Sobre la Relación entre Territorio, Memoria
e Identidad
El segundo objetivo específico analizaba la relación
entre territorio, memoria colectiva e identidad local. Los hallazgos revelan
que el territorio no es mero escenario donde ocurren narrativas sino
agente activo en producción de memoria e identidad.
Los narradores construyen lo que Keith Basso
denominó "geografías narrativas": espacios que existen
simultáneamente como lugares físicos y como condensaciones de historias. Cada
esquina, cada árbol emblemático, cada edificio antiguo porta relatos que lo
resignifican. Caminar Cartago, para quienes conocen estas narrativas, es
transitar geografía densamente significada donde lo visible evoca
constantemente lo invisible (memorias, mitos, historias que esos espacios
condensan).
Se identificaron tres dimensiones
fundamentales de esta territorialidad narrativa:
Primera, memoria sensorial inscrita
corporalmente: Especialmente notable en el testimonio de César
Montoya, quien construye cartografía olfativa de Cartago (carambolo, guayaba,
panela) que opera como archivo mnemónico. Los olores, sonidos y sensaciones
kinestésicas del territorio no son meramente contexto sino vehículos
privilegiados de memoria. Esta dimensión sensorial de territorialidad ha sido
sistemáticamente ignorada por enfoques que privilegian memoria visual-verbal,
pero resulta fundamental para comprender cómo territorios se inscriben en
cuerpos y cómo cuerpos portan territorios.
Segunda, geografías míticas como
heterotopías: Las cuevas del Padre Martínez, los humedales donde
"salen huacas", las casas embrujadas operan como lo que Michel
Foucault denominó heterotopías: espacios otros donde lógicas cotidianas se
suspenden. Estas geografías míticas coexisten con geografías racionales
urbanas, proporcionando dimensiones de alteridad, misterio y transgresión que
enriquecen experiencia territorial.
Tercera, palimpsestos territoriales
indígenas invisibilizados: El testimonio de Vintabara sobre "las
siete colinas" y territorios Quimbaya revela que bajo geografía urbana
contemporánea persisten capas de significado indígena que colonización y
modernización intentaron obliterar. Reivindicar estas geografías ancestrales es
proyecto de descolonización de memoria territorial que cuestiona narrativas
dominantes sobre fundación española como único origen legítimo de Cartago.
La relación entre territorio e identidad emerge como
performativa y procesual: no se "tiene" identidad
cartagüeña por haber nacido allí sino que se construye narrativamente mediante
apropiación de memorias territoriales, dominio de repertorios locales,
inserción en redes de sociabilidad narrativa. Gloria Murillo, nacida en Chocó
pero autoidentificada como cartagüeña, ilustra cómo identidad territorial se
produce mediante habitar, narrar y ser narrado por lugares.
Sobre los Procesos de Transmisión
Intergeneracional
El tercer objetivo específico comprendía procesos,
mecanismos y espacios de transmisión intergeneracional. Los hallazgos
documentan transformación profunda de ecologías de transmisión
con consecuencias ambivalentes para continuidad de tradición oral.
Espacios tradicionales de transmisión en
declinio: Las tertulias de andén, reuniones familiares nocturnas
alrededor del fogón, encuentros en zapaterías y tiendas de barrio que
funcionaban como tertulias narrativas han disminuido drásticamente. Factores
múltiples explican este declinio:
·
Urbanización y transformación de arquitecturas
domésticas (desaparición de patios, reducción de espacios compartidos)
·
Llegada de televisión y tecnologías digitales
que reconfiguran ecologías mediáticas familiares
·
Individualización de prácticas de
entretenimiento
·
Inseguridad urbana que restringe movilidad
nocturna y ocupación de espacios públicos
·
Debilitamiento de vínculos vecinales en
contextos de anonimato urbano
Emergencia de espacios institucionalizados:
Simultáneamente, emergen espacios institucionales de transmisión: talleres de
narración (como los impartidos por Omar Díaz), festivales de oralidad,
programas educativos, formaciones artísticas. Esta institucionalización
democratiza acceso (personas sin vínculos familiares con portadores pueden
aprender) pero también transforma naturaleza de la práctica: de aprendizaje
situado en contextos comunitarios a aprendizaje formal en espacios educativos
estructurados, con riesgos de descontextualización y pedagogización.
Ruptura generacional parcial pero no
absoluta: Todos los narradores expresaron preocupación sobre
desinterés de jóvenes por oralidad tradicional. Sin embargo, análisis más
matizado revela que no hay desaparición total sino transformación: jóvenes no
escuchan relatos junto al fogón pero desarrollan nuevas formas de oralidad
mediadas tecnológicamente (podcasts, videos en redes sociales, mensajes de
voz). La cuestión no es si hay oralidad juvenil (la hay) sino si conecta con
repertorios y funciones de oralidad tradicional (frecuentemente no).
Jaiver Valencia, de generación intermedia, encarna
posición estratégica para transmisión: suficientemente joven para habitar
códigos urbano-tecnológicos, suficientemente arraigado en oralidad campesina
para valorarla. Estos "narradores bisagra" resultan cruciales para
continuidad adaptativa de tradición oral.
Pedagogía del miedo en crisis: La
función pedagógica de mitos sobre seres sobrenaturales que castigan
transgresiones (Mula Cuaresma, brujas, duendes) ha perdido eficacia. Niños
contemporáneos, socializados en marcos racionales-científicos y expuestos a
narrativas de terror mediáticas mucho más intensas, no responden con el mismo
miedo reverencial que generaciones previas. Esto no es necesariamente pérdida
absoluta (esas pedagogías también reforzaban obediencia acrítica y limitaban autonomía
infantil) pero sí implica que funciones regulatorias de narrativas
tradicionales requieren reinvención.
Sobre las Funciones Sociales de la Narrativa
Oral
El análisis reveló que narrativas orales cartagüeñas
cumplen múltiples funciones que trascienden ampliamente entretenimiento:
Función identitaria: Dominar
repertorios narrativos locales opera como performance de identidad cartagüeña.
Conocer historias, saber narrarlas apropiadamente, constituye marcador de
pertenencia que distingue insiders de outsiders.
Función cohesiva: Espacios de
narración (tertulias, reuniones) operan como instancias de construcción de
comunidad, fortalecimiento de lazos, negociación de conflictos. La dimensión
social de narración frecuentemente importa más que contenido específico de
relatos.
Función memorial: Narrativas
preservan versiones de acontecimientos que difieren de historias oficiales,
constituyendo "contra-memorias" que proporcionan perspectivas
subalternas sobre pasado.
Función crítica: Humor,
exageración, ironía presentes en narrativas operan como recursos de crítica
social y subversión simbólica de poderes establecidos.
Función ético-ambiental:
Particularmente desarrollada en el testimonio de Jaiver Valencia, quien
articula cómo mitos sobre seres protectores de naturaleza (Madre Monte, Madre
de Agua) funcionaban como pedagogías ambientales que regulaban comportamientos
frente a ecosistemas. La desacralización de territorios (convertirlos en
"recursos" explotables) ha eliminado estos marcos normativos con consecuencias
ecológicas devastadoras.
Función estético-poética: César
Montoya reivindica explícitamente placer estético que genera narrativa oral
bien ejecutada (belleza de palabra, ritmo, musicalidad). Esta dimensión es
valiosa en sí misma, independientemente de utilidades instrumentales.
Esta multifuncionalidad sugiere que valor de
tradición oral no puede reducirse a dimensiones estéticas o folclóricas. Los
relatos son tecnologías sociales sofisticadas que cumplen
roles fundamentales en múltiples dimensiones de vida comunitaria.
Sobre Patrimonio Inmaterial Vivo vs. Patrimonio
Museificado
La investigación se enmarca en discursos y políticas
sobre patrimonio cultural inmaterial, pero los hallazgos permiten problematizar
tensiones inherentes:
Tensión entre documentación y vitalidad:
Proyectos de salvaguarda privilegian documentación audiovisual, transcripción,
archivo. Estas prácticas son valiosas pero comportan riesgos: la documentación
puede convertirse en sustituto de vitalidad. Como señaló Paul Zumthor, lo oral
involucra voz, cuerpo, presencia, dimensiones que se pierden en transcripción.
Documentar tradición oral es traducirla a otro medio, y toda traducción implica
transformación.
Tensión entre autenticidad y adaptación:
Políticas patrimoniales frecuentemente privilegian formas
"tradicionales" puras, deslegitimando hibridaciones. Sin embargo, los
hallazgos revelan que supervivencia de oralidad requiere precisamente
adaptación creativa: narradores como Juan Sin Miedo que fusionan formación
teatral con matrices campesinas, o narradores como Alex Moriones “guardián de la
palabra”que exploran plataformas digitales para alcanzar nuevas audiencias, no
representan degeneración sino renovación necesaria.
Tensión entre patrimonialización
institucional y protagonismo comunitario: Frecuentemente, procesos de
patrimonialización son conducidos por instituciones estatales y expertos
académicos con participación comunitaria limitada. Esta investigación buscó
protagonismo de narradores, pero el mismo hecho de ser proyecto académico
financiado institucionalmente introduce mediaciones que complejizan
horizontalidad declarada.
Desafíos y Amenazas Identificados
Los narradores identificaron consistentemente
amenazas múltiples a continuidad de tradición oral:
1. Transformaciones tecnológicas:
Omnipresencia de dispositivos digitales, particularmente smartphones,
transforma ecologías atencionales: reduce tolerancia al silencio, fragmenta
atención, debilita capacidades de escucha sostenida que narración oral
requiere. Omar Díaz articula crítica fundamentada (no pánico moral simplista)
sobre generaciones "sordas y mudas" cuyas competencias
orales-auditivas se atrofian por uso excesivo de interfaces digitales.
Betty Valencia ofrece una perspectiva
singular sobre las amenazas tecnológicas a la memoria, menos apocalíptica que
otros narradores pero igualmente preocupada:
"Cada generación tiene sus retos y
ha tenido sus vivencias. ¿De qué historia estamos hablando? ¿De qué época? Y
las historias de ahora, ¿dónde van a quedar? A mí me preocupan más las de ahora
hacia el futuro, en razón a que la parte tecnológica que me encanta y ahora
pues hay tanta, que uno no sabe cómo van a cuidar eso. Y en esa nube, eso es lo
que va a pasar." (Betty Valencia, 2025)
Esta reflexión introduce una preocupación
novedosa: no es la tecnología en sí el problema, sino la fragilidad de los
nuevos soportes de memoria. Mientras los documentos coloniales que Betty
custodia han sobrevivido siglos, ¿sobrevivirán los archivos digitales "en
la nube"? La metáfora de la nube —intangible, evanescente— contrasta con
la materialidad del papel que ella conoce. Betty no rechaza la tecnología
("me encanta") pero cuestiona su durabilidad como soporte de memoria
histórica.
Su mensaje final articula la memoria como
compromiso generacional:
"La historia hay que mirarla como
un legado. Entonces yo creo que es un compromiso que cada generación tiene.
¿Qué queremos como dejar? Porque todos estamos de paso. Entonces hay que mirar
qué le podemos aportar a esta ciudad. Cartago recibe siempre quejas: 'Cartago
no tiene, Cartago no tiene'. Pero ¿qué podemos hacer para que Cartago tenga? Y
sobre todo, ¿qué tiene Cartago que Cartago tenga?" (Betty Valencia,
2025)
Esta inversión retórica —del "Cartago
no tiene" al "qué tiene Cartago"— propone un cambio de perspectiva:
dejar de lamentar carencias para reconocer y activar patrimonios existentes.
2. Desaparición de espacios de sociabilidad:
Individualización, privatización, vehicularización han eliminado o reducido
drasticamente espacios tradicionales donde oralidad se actualizaba: tertulias
de andén, reuniones en tiendas de barrio, encuentros comunitarios espontáneos.
3. Muerte de portadores sin reemplazo
generacional: Los narradores entrevistados son mayoritariamente
adultos mayores. Su fallecimiento implicará pérdida irreparable de repertorios,
estilos, saberes. Aunque hay narradores jóvenes emergentes, no son suficientes
para garantizar continuidad.
4. Deslegitimación de saberes orales:
Hegemonía de conocimiento escritural-científico en sistemas educativos formales
marginaliza epistemologías orales, presentándolas como "primitivas" o
"no científicas". Esta jerarquización epistémica desvaloriza
transmisión oral incluso en comunidades donde históricamente fue central.
5. Falta de políticas culturales sostenidas:
Aunque existen convocatorias y programas, frecuentemente operan mediante lógica
de "proyectos" temporales sin institucionalización robusta ni
financiamiento de largo plazo.
Potencialidades y Líneas de Esperanza
Sin embargo, junto a amenazas, se identificaron también
potencialidades:
1. Profesionalización y circuitos
artísticos: Emergencia de narradores profesionales que viven (al menos
parcialmente) de narración oral crea condiciones de sostenibilidad económica
que oralidad puramente comunitaria no garantizaba.
2. Hibridaciones creativas:
Fusiones entre oralidad y teatro, entre narrativas tradicionales y plataformas
digitales, entre repertorios locales y audiencias globales representan
adaptaciones que renuevan tradición oral en lugar de fosilizarla.
3. Conciencia reflexiva sobre valor
patrimonial: Narradores, gestores culturales y comunidades cada vez
más reconocen tradición oral como patrimonio valioso que merece salvaguarda
activa. Esta conciencia, aunque no suficiente por sí sola, es condición necesaria
para políticas efectivas.
4. Función ético-ambiental en contexto de
crisis ecológica: La comprensión de Jaiver Valencia sobre narrativas
tradicionales como pedagogías ambientales cobra urgencia renovada en contexto
de crisis climática. Revitalizar estos relatos no es nostalgia sino necesidad
pragmática.
Aportes Teóricos y Metodológicos de la
Investigación
Más allá de hallazgos empíricos, la investigación
aporta contribuciones teórico-metodológicas:
1. Reivindicación de epistemologías del Sur:
Siguiendo a Boaventura de Sousa Santos, el estudio posiciona tradición oral no
como objeto exótico sino como epistemología legítima que ha sido
sistemáticamente subalternizada por epistemicidio colonial-moderno.
2. Aproximación multisensorial a memoria
territorial: La atención a dimensiones olfativas, sonoras y
kinestésicas (especialmente en testimonio de César Montoya) expande
comprensiones sobre patrimonio territorial más allá de enfoques
visuales-verbales dominantes.
3. Conceptualización de narradores como
agentes culturales activos: En lugar de tratarlos como meros
"informantes" o depositarios pasivos de tradición, el estudio los
reconoce como intelectuales orgánicos, teorizadores de sus propias prácticas,
agentes reflexivos que negocian activamente entre tradición y modernidad.
4. Problematización de autenticidad:
La investigación cuestiona concepciones esencialistas de autenticidad que
buscan tradiciones "puras" no contaminadas por modernidad. En su
lugar, propone comprender autenticidad como proceso de "tradicionalización"
(Bauman): trabajo cultural activo que actualiza tradiciones en cada
performance.
Reflexión Final: Salvaguardia como Proyecto
Ético-Político
La salvaguardia de patrimonio oral no es operación
técnica neutral sino proyecto ético-político que implica toma
de posición sobre:
·
¿Qué sociedades queremos construir? ¿Sociedades
donde único conocimiento legítimo es científico-técnico o sociedades que
reconocen pluralidad epistemológica?
·
¿Qué relaciones queremos con territorios?
¿Territorios como recursos explotables o territorios como entramados vivientes
cargados de significado, historia, sacralidad?
·
¿Qué modos de comunicación valoramos? ¿Solo
eficiencia informativa o también dimensiones estéticas, comunitarias,
corporales de palabra?
·
¿Qué memorias merecen preservarse? ¿Solo
historias oficiales de élites o también memorias subalternas de comunidades
populares?
Salvaguardar oralidad cartagüeña, entonces, no es
preservar folclor pintoresco sino defender formas de conocimiento, modos de
habitar territorios, vínculos comunitarios y memorias históricas que modelo de
desarrollo hegemónico amenaza o invisibiliza.
Los narradores orales de Cartago no son reliquias de
pasado premoderno sino agentes contemporáneos que, mediante su práctica,
mantienen abiertas posibilidades de relacionamiento con mundo que modernidad
instrumental tiende a clausurar. Su palabra no solo recuerda lo que fue sino
que proyecta futuros alternativos donde lentitud, presencia, comunidad, asombro
ante misterio, respeto a territorios tengan lugar.
En contextos colombianos atravesados por violencias
múltiples, conflictos no resueltos y memorias en disputa, la oralidad emerge
como recurso crucial para preservación de memorias amenazadas, construcción de
paz desde abajo, resistencia frente a olvidos impuestos. Cada narrador que
mantiene viva su palabra, cada joven que aprende a escuchar y narrar, cada
comunidad que recupera espacios de tertulia representa acto de resistencia
cultural que, aunque modesto, contribuye a tejer sociabilidades más densas, memorias
más inclusivas, futuros más habitables.
La tradición oral cartagüeña, lejos de estar muerta
o moribunda, se revela como campo dinámico de creatividad cultural, arena de
negociación entre pasados y futuros, recurso para construcción de identidades complejas,
tecnología social para cohesión comunitaria, pedagogía ambiental urgente y,
fundamentalmente, expresión de irreductible necesidad humana de narrar,
escuchar y ser escuchados.
RECOMENDACIONES
A partir de los hallazgos documentados y las
conclusiones derivadas, se formulan las siguientes recomendaciones dirigidas a
diferentes actores involucrados en la salvaguardia del patrimonio oral en
Cartago y el Valle del Cauca. Estas recomendaciones están organizadas según
destinatarios específicos y niveles de intervención, reconociendo que la
salvaguardia efectiva requiere acciones articuladas en múltiples escalas.
Recomendaciones para Instituciones
Gubernamentales
Secretaría de Cultura del Valle del Cauca
Recomendación 1: Creación de un Programa Departamental
de Salvaguardia de la Oralidad
Establecer un programa permanente (no dependiente de
convocatorias anuales) con las siguientes líneas de acción:
a) Línea de documentación sistemática:
Continuar procesos de registro audiovisual de narradores orales priorizando:
·
Portadores adultos mayores cuya desaparición
implica pérdida irreparable
·
Repertorios en mayor riesgo de extinción
·
Diversidad territorial (incluyendo zonas rurales
de difícil acceso)
b) Línea de formación: Crear
escuelas de narración oral con metodología que combine:
·
Formación técnica en competencias performativas
·
Transmisión de repertorios tradicionales por
portadores experimentados
·
Reflexión sobre funciones sociales de oralidad
·
Exploración de hibridaciones creativas
(oralidad-teatro, oralidad-medios digitales)
c) Línea de circulación: Apoyar
circuitos de presentaciones de narradores en:
·
Bibliotecas públicas departamentales
·
Instituciones educativas
·
Centros culturales comunitarios
·
Festivales culturales
Con remuneración digna que reconozca profesionalismo
de narradores.
d) Línea de investigación:
Financiar estudios académicos sobre oralidad en otros municipios del Valle del
Cauca, generando conocimiento comparativo sobre especificidades regionales.
Presupuesto sugerido: Asignación
anual sostenida (mínimo 4 años) que garantice continuidad, evitando lógica de
"proyectitis" que fragmenta procesos formativos que requieren tiempo
prolongado.
Recomendación 2: Crear el "Archivo Vivo
de la Oralidad Vallecaucana"
Establecer repositorio digital de acceso público que
incluya:
·
Grabaciones audiovisuales de entrevistas con
narradores
·
Transcripciones de relatos
·
Fotografías de portadores y espacios narrativos
·
Mapas interactivos de geografías narrativas
·
Materiales pedagógicos para uso educativo
Criterios técnicos:
·
Formatos de archivo de preservación a largo
plazo (no dependientes de software propietario)
·
Metadatos robustos que permitan búsquedas
complejas
·
Respeto a derechos de autor y consentimientos
informados de portadores
·
Interfaz amigable para público no especializado
Articulación con Sistema Nacional de
Patrimonio: El archivo debe integrarse con Sistema Nacional de
Información Cultural (SINIC) y Red Nacional de Archivos para garantizar
interoperabilidad y visibilidad nacional.
Recomendación 3: Incorporar Salvaguardia de
Oralidad en Planes de Desarrollo Territorial
Incluir explícitamente oralidad y patrimonio
inmaterial en:
·
Plan Departamental de Desarrollo (capítulo
cultural)
·
Planes de Ordenamiento Territorial (reconociendo
espacios de sociabilidad narrativa como patrimonio urbanístico)
·
Planes Especiales de Salvaguardia de
manifestaciones culturales específicas
Alcaldía de Cartago
Recomendación 4: Declarar Narradores Orales
como "Maestros de la Palabra"
Crear distinción municipal honorífica que:
·
Reconozca públicamente labor de portadores
destacados
·
Otorgue beneficios específicos (exención de
impuestos prediales, acceso preferencial a servicios de salud, beca de
sostenimiento mensual)
·
Comprometa a beneficiarios a realizar número
mínimo de presentaciones anuales en instituciones educativas y espacios
comunitarios
·
Festival anual de “guardianes de la palabra” por
decreto municipal
Criterios de selección:
·
Trayectoria mínima de 10 años continuos como
narrador
·
Reconocimiento comunitario
·
Disposición a transmitir saberes a nuevas
generaciones
·
Dominio de repertorios locales específicos
Recomendación 5: Incluir Oralidad en
Currículos Escolares Municipales
En coordinación con Secretaría de Educación,
implementar:
a) Cátedra de Oralidad y Memoria Local
en instituciones educativas públicas:
·
1 hora semanal en básica primaria
·
Talleres mensuales en básica secundaria
·
Impartida por narradores orales locales
(remunerados dignamente)
·
Currículo que incluya: escucha de relatos,
práctica narrativa, documentación de memorias familiares, reflexión sobre
funciones sociales de oralidad
b) Proyectos pedagógicos transversales:
·
Estudiantes documentan historias de vida de
abuelos y vecinos
·
Creación de archivos orales escolares
·
Festivales inter-escolares de narración oral
·
Publicación de compilaciones de relatos
recopilados
Recomendación 6: Recuperar Espacios Públicos
como Escenarios de Narración
a) Programa "Tertulias de Andén Siglo
XXI": Revitalizar práctica de tertulias en espacios públicos
mediante:
·
Acondicionamiento de plazas y parques con
mobiliario adecuado
·
Programación regular de sesiones de narración
oral (viernes y sábados nocturnos)
·
Iluminación y medidas de seguridad que hagan
espacios confortables
·
Articulación con comercios locales (gastronómicos,
culturales)
b) Ruta de Geografías Narrativas:
Crear recorrido señalizado por lugares emblemáticos mencionados en relatos
orales:
·
Placas informativas en cada sitio con códigos QR
que remiten a grabaciones de relatos
·
Mapa turístico-cultural de "Cartago narrada"
·
Tours guiados por narradores locales idóneos con
experiencia comprobada en el arte de narrar cuentos de Cartago
Ministerio de las Culturas, las Artes y los
Saberes
Recomendación 7: Fortalecer Línea de
Estímulos para Salvaguardia de PCI Oral
·
Aumentar recursos asignados a convocatorias de
investigación, documentación y formación en oralidad
·
Simplificar requisitos burocráticos que
dificultan participación de gestores culturales comunitarios
·
Crear línea específica para "narradores en
riesgo" (adultos mayores sin descendientes que continúen práctica)
Recomendaciones para Instituciones
Educativas
Universidades
Recomendación 8: Crear Líneas de
Investigación Permanentes sobre Oralidad
En programas de Antropología, Literatura,
Comunicación Social, Licenciaturas:
·
Semilleros de investigación que continúen
documentación de oralidad regional
·
Trabajos de grado que aborden salvaguardia de
patrimonio oral
·
Proyectos de extensión que vinculen estudiantes
con comunidades portadoras
Recomendación 9: Incluir Oralidad en
Formación de Docentes
En Facultades de Educación:
·
Módulo obligatorio sobre pedagogía de la
oralidad
·
Técnicas de narración oral para aula
·
Valoración de saberes orales comunitarios como
recursos pedagógicos
·
Metodologías para documentación de memoria oral
con estudiantes
Colegios y Escuelas
Recomendación 10: Festivales Escolares de
Narración Oral
Organizar anualmente:
·
Festival interno donde estudiantes narran
historias familiares, comunitarias o creaciones propias
·
Encuentros inter-escolares municipales
·
Publicación de memorias con mejores relatos
Recomendación 11: Proyectos de Aula
"Soy Narrador"
Implementar metodología donde estudiantes:
1.
Entrevistan adultos mayores de su familia/barrio
2.
Documentan audiovisualmente relatos
3.
Aprenden a narrarlos oralmente (no leer)
4.
Presentan en público
5.
Reflexionan sobre aprendizajes
Esto cumple múltiples objetivos: fortalece vínculos
intergeneracionales, desarrolla competencias comunicativas, valora saberes
comunitarios, preserva memorias locales.
Recomendaciones para Narradores Orales y
Gestores Culturales
Recomendación 12: Crear Colectivo/Red de
Narradores Orales de Cartago
Conformar organización que:
·
Agrupe narradores de diversas trayectorias y
perfiles
·
Funcione como instancia de formación mutua,
intercambio de repertorios, reflexión sobre práctica
·
Negocie colectivamente con instituciones
(evitando precarización individual)
·
Gestione recursos para proyectos
auto-gestionados
·
Organice encuentros, festivales, publicaciones
Modelo de referencia: Redes de
narradores existentes en Colombia (Red de Narradores del Caribe, Corporación
Escénica de Medellín)
Recomendación 13: Explorar Plataformas
Digitales sin Subordinación a Lógicas Mercantiles
Los narradores pueden usar tecnologías digitales estratégicamente:
·
Crear canal de YouTube "Narradores de
Cartago" con grabaciones profesionales de relatos
·
Podcast semanal de narración oral
·
Presencia en redes sociales (Instagram, TikTok)
con adaptaciones creativas
Advertencias:
·
Mantener propiedad de contenidos (no ceder
derechos a plataformas)
·
Priorizar calidad sobre viralidad
·
No subordinar totalmente práctica presencial a
mediaciones digitales
·
Usar redes como complemento, no como sustituto
Recomendación 14: Sistematizar Repertorios
en Publicaciones Propias
Cada narrador con trayectoria consolidada debería
producir:
·
Libro con selección de sus mejores relatos
(transcripciones adaptadas para lectura)
·
CD o plataforma digital con grabaciones audio de
relatos
·
Material que documente no solo qué narra sino
cómo narra (notas sobre técnicas, reflexiones sobre oficio)
Esto asegura legado tangible y genera materiales
pedagógicos para futuras generaciones.
Recomendaciones para Medios de Comunicación
Locales
Recomendación 15: Crear Espacios Mediáticos
para Oralidad
Radio: (podcast)
·
Programa semanal "Voces de Cartago"
dedicado a narración oral
·
Invitar narradores a contar relatos en vivo
·
Producir series temáticas (leyendas urbanas,
historias de barrios, memoria de oficios)
Televisión local:
·
Micro-programas de 5-10 minutos con narradores
contando historias
·
Documentales sobre portadores destacados
·
Registro de tertulias y presentaciones públicas
Prensa escrita:
·
Columna quincenal "El cuento del
domingo" donde narradores publican relatos
·
Entrevistas a portadores
·
Cobertura de eventos culturales relacionados
Recomendaciones para la Comunidad Académica
Nacional e Internacional
Recomendación 16: Líneas Futuras de
Investigación
Esta investigación abre múltiples preguntas que
merecen estudios posteriores:
a) Estudios comparativos: Replicar
metodología en otros municipios del Valle del Cauca y Colombia, generando
comprensión comparativa de especificidades regionales de oralidad.
b) Estudios longitudinales:
Seguimiento de mediano/largo plazo (5-10 años) sobre transformaciones de
oralidad, permitiendo documentar cambios generacionales, impactos de
intervenciones, trayectorias de narradores.
c) Estudios sobre recepción: Esta
investigación se centró en narradores/producción. Falta investigar audiencias:
¿quiénes escuchan narración oral hoy? ¿Qué buscan? ¿Qué recuerdan? ¿Cómo
impacta en sus vidas?
d) Estudios sobre digitalización:
Investigar experiencias de narradores que usan plataformas digitales: ¿cómo
adaptan práctica? ¿Qué se gana y pierde en traducción a formatos digitales?
e) Estudios sobre función ambiental:
Profundizar vínculos entre oralidad y conservación ambiental identificados en
testimonio de Jaiver Valencia. ¿Cómo revitalizar narrativas ecológicas
tradicionales en contextos de crisis climática?
f) Estudios sobre género: Esta
investigación no desarrolló suficientemente dimensión de género en oralidad.
¿Existen repertorios, estilos, funciones específicamente feminizadas o
masculinizadas? ¿Cómo se relaciona narración oral con construcciones de
masculinidad y feminidad?
Recomendación 17: Socialización y
Publicación de Resultados
Los hallazgos de esta investigación deben circular
más allá de informe técnico:
a) Publicación académica: Artículo
en revista indexada de antropología, estudios culturales o patrimonio
b) Publicación divulgativa: Libro
accesible a público no especializado con: (Antología Literaria)
·
Selección de relatos transcritos
·
Fotografías de narradores
·
Ensayos interpretativos breves
·
Mapas de geografías narrativas
c) Socialización comunitaria:
Eventos en Cartago donde resultados se presenten a:
·
Narradores entrevistados (retribución de
conocimientos)
·
Comunidad educativa
·
Gestores culturales
·
Público general
d) Productos audiovisuales:
Documental corto (20-30 minutos) que sintetice hallazgos y visibilice
narradores.
Recomendaciones Transversales sobre Enfoques
de Salvaguardia
Más allá de recomendaciones específicas por actor,
importa enfatizar principios transversales que deben orientar cualquier
política de salvaguardia:
Principio 1: Protagonismo de Portadores
Evitar que salvaguardia sea proceso conducido
exclusivamente por instituciones o expertos externos. Los narradores orales no
son objetos de estudio ni beneficiarios pasivos sino agentes culturales
activos que deben participar en diseño, implementación y evaluación de
políticas que les conciernen.
Mecanismos concretos:
·
Consejos consultivos con participación de
narradores en toma de decisiones sobre programas culturales
·
Co-investigación donde portadores son
investigadores, no solo informantes
·
Remuneración digna por participación en
proyectos, reconociendo que su tiempo y saberes tienen valor
Principio 2: Evitar Folklorización y
Museificación
Salvaguardia no debe congelar tradición oral en
formas "auténticas" idealizadas. La oralidad es práctica viva que
requiere adaptación para permanecer relevante. Políticas deben apoyar:
·
Hibridaciones creativas
·
Experimentación con nuevos formatos
·
Apropiación por nuevas generaciones que
inevitablemente transformarán práctica
Principio 3: Articulación Multi-Escalar
Salvaguardia efectiva requiere acciones coordinadas
en múltiples niveles:
·
Nivel comunitario (organizaciones de base,
narradores auto-gestionados)
·
Nivel municipal (alcaldías, secretarías locales)
·
Nivel departamental (Gobernación, Secretaría de
Cultura)
·
Nivel nacional (Ministerio de Culturas)
·
Nivel internacional (UNESCO, redes
transnacionales de salvaguardia)
Falta de articulación genera duplicaciones, vacíos,
ineficiencias.
Principio 4: Sostenibilidad Financiera
Voluntarismo y entusiasmo no bastan. Salvaguardia
requiere recursos sostenidos. Políticas de financiamiento deben:
·
Asignar presupuestos plurianuales (mínimo 4
años)
·
Garantizar continuidad independiente de cambios
administrativos
·
Diversificar fuentes (recursos públicos +
cooperación internacional + alianzas con sector privado con responsabilidad
social)
Principio 5: Enfoque Territorial
Diferenciado
No hay recetas únicas. Políticas deben adaptarse a:
·
Especificidades rurales vs. urbanas
·
Características demográficas (municipios con
alta población adulta mayor vs. municipios jóvenes)
·
Infraestructuras culturales existentes
·
Tradiciones organizativas locales
Principio 6: Transversalización de Oralidad
Salvaguardia no debe reducirse a "sector
cultural" sino transversalizarse en:
·
Educación (currículos, pedagogías)
·
Desarrollo territorial (ordenamiento, espacio
público)
·
Salud (programas de envejecimiento activo que
incluyan narración oral)
·
Turismo cultural (rutas narrativas)
·
Medio ambiente (recuperación de pedagogías
ecológicas tradicionales)
Monitoreo y Evaluación
Implementación de recomendaciones requiere sistemas
de seguimiento:
Indicadores sugeridos:
Cuantitativos:
·
Número de narradores activos (desagregado por
edad, género, zona rural/urbana)
·
Número de presentaciones públicas anuales
·
Número de estudiantes que participan en
talleres/cátedras de oralidad
·
Recursos públicos invertidos en salvaguardia de
oralidad
·
Horas de contenido oral documentado y archivado
Cualitativos:
·
Percepciones de narradores sobre condiciones
para ejercer oficio
·
Percepciones comunitarias sobre valoración de
oralidad
·
Calidad de formación de nuevos narradores
·
Innovaciones y adaptaciones creativas en
práctica narrativa
·
Articulación entre actores involucrados en
salvaguardia
Periodicidad: Evaluación anual con
informe público que identifique avances, obstáculos, ajustes necesarios.
Llamado a la Acción
Estas recomendaciones solo tendrán impacto si se
traducen en compromisos concretos y acciones sostenidas. Se
invita a:
Instituciones gubernamentales:
Asumir salvaguardia de oralidad como prioridad en agendas culturales, asignando
recursos y creando marcos institucionales que garanticen continuidad.
Narradores orales: Organizarse
colectivamente, documentar repertorios, explorar creativamente nuevos formatos,
transmitir generosamente saberes a nuevas generaciones.
Comunidad educativa: Valorar
oralidad como recurso pedagógico, invitar narradores a aulas, formar
estudiantes en escucha y narración.
Medios de comunicación: Abrir
espacios para voces narrativas locales, documentar y visibilizar portadores,
contribuir a legitimación social de oralidad.
Ciudadanía en general: Asistir a
presentaciones de narradores, escuchar activamente, transmitir relatos a hijos
y nietos, defender espacios públicos de sociabilidad.
La tradición oral cartagüeña no se salvará con
decretos o proyectos aislados sino mediante esfuerzo colectivo
sostenido que reconozca que la oralidad no es reliquia del pasado sino
recurso vivo para construir futuros más humanos, más comunitarios, más conscientes
de territorios que habitamos y memorias que nos constituyen.
La palabra no debe morir. Depende de todos
nosotros mantenerla viva.
REFERENCIAS
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ANEXOS
Logo
del proyecto
Cartografía
narrativa
Formato
de entrevistas
Proyecto: Salvaguardas de la
oralidad – Cartago entre palabras, investigación y memoria
Convocatoria Departamental de Estímulos “Valle Paraíso
Cultural 2025”
FORMATO DE ENTREVISTA
SEMIESTRUCTURADA A NARRADORES ORALES DE CARTAGO VALLE DEL CAUCA
Objetivo de la
entrevista: Esta entrevista tiene como objetivo
conocer y documentar las vivencias, saberes y experiencias de vida de
narradores orales del municipio de Cartago, tanto en sus zonas rurales como
urbanas. El propósito es visibilizar su papel como salvaguardas de la tradición
oral, entendiendo el contexto social, cultural y simbólico en el que se han
transmitido sus relatos. La información recopilada será utilizada para crear un
archivo patrimonial, una cartografía narrativa y una muestra pública de
narración, en el marco del proyecto.
INTRODUCCIÓN Y CONTEXTUALIZACIÓN (5-10 min)
Apertura y Agradecimiento:"Buenos días/tardes
(Sr./Sra. [Nombre del Narrador]), muchas gracias por recibirnos y por
dedicarnos este tiempo".
"Mi nombre es Alexander Moriones, y junto con mi
equipo, estamos realizando una investigación sobre los narradores orales en
Cartago, un proyecto que busca salvaguardar las voces y relatos que son parte
de nuestra memoria y su voz es muy importante para nosotros"
DATOS GENERALES DEL
ENTREVISTADO:
• Nombre completo:
• Edad:
• Lugar de nacimiento:
• Residencia actual
(vereda o comuna):
• Ocupación actual o pasada:
• Tiempo viviendo en
Cartago:
• Nombre del
entrevistador(a):
• Lugar exacto de la
entrevista:
EJES
DE LA ENTREVISTA
EJE 1: VIVENCIA PERSONAL Y
TERRITORIAL (10-15 min)
1. ¿Qué
recuerda de su niñez?
2. ¿Cómo
era Cartago en esa época?
3. ¿Cuáles
eran los espacios de encuentro con la comunidad donde se contaban historias?
4. ¿Desde
cuándo cuenta historias?
EJE
2: ORALIDAD, RELATOS Y MEMORIA (30-40 min)
5. ¿ Cómo se
prepara para contar una historia? ¿Hay algun ritual, momento o un lugar
especial para hacerlo?
6. ¿ Hay
alguna palabra, frase o forma de hablar característica que usted usa para
narrar?
7. ¿ Usted cambia la historia
dependiendo de a quién se la cuenta o siempre es igual?
8. ¿Qué siente cuando cuenta una
historia y cuando otros la escuchan?
9. ¿ Cuáles son
algunas de las historias o relatos que más le gusta contar, o que la gente más
le pide que cuente? ¿Podría contarnos uno?
10. ¿ De quién aprendió
los cuentos o relatos que narra?
EJE
3: FUNCIÓN CULTURAL DEL NARRADOR (10-15 min)
11. ¿Qué papel cree que
tiene usted como portador de estas historias en su territorio?
12. ¿Por qué cuenta, para
enseñar, para divertir, para recordar eventos importantes?
13. ¿Por qué cree, que es
importante conservar la tradición oral en estos tiempos?
EJE
4: IDENTIDAD Y TERRITORIO (10-15 min)
14. ¿Qué historias representan mejor a su comunidad, barrio o
vereda?
15. ¿ Hay algún lugar en Cartago que para usted tenga
una historia especial (mitos, leyendas, anécdotas históricas, cuentos de
espantos, de caminos, de personajes locales)?
16. ¿Cómo
las historias que usted cuenta están conectadas con los paisajes de Cartago (el
río, las montañas, los barrios, las fincas)?
EJE FINAL: CIERRE (5-10 min)
17. ¿Usted cree que estan
en riesgo de pérdida, los narradores orales y sus cuentos de tradición
ancestral en Cartago Valle?
18. ¿Qué mensaje le gustaría dejarle a las futuras generaciones
sobre la palabra viva y la memoria de Cartago?
"Muchas gracias por
compartir su tiempo, su memoria y sus historias con nosotros. Su aporte es
invaluable para este proyecto y para la memoria de Cartago."
"Nos pondremos en
contacto para compartirle los avances del proyecto y la invitación a la muestra
de narración oral."
Modelo de Bitácoras de
campo
Bitácora
de Campo
Registro
del Encuentro Narrativo
/
/2025
Número de Bitácora: [ ]
Descripción general del contexto territorial
Zonas: (Marcar con X) Urbana [ ] Rural
[ ]
Ubicación (Detallada):
Vías de transporte y
comunicaciones:
Hidrografía:
DATOS DE LA SESIÓN
Nombre del narrador/a:
Nombre del
entrevistador/a:
Otros actores relevantes:
Tiempo del encuentro: Hora de Inicio: [ ] - Hora de
Finalización: [ ]
REGISTRO DE DATOS Y
HALLAZGOS PRELIMINARES
Relatos / Temas Clave
Identificados:
¿Qué temas principales
abordaron los narradores?
Frases / Citas Relevantes:
Nuevos Contactos / Leads:
Materiales Registrados: (Marcar con X)
Grabación de Audio: [ ]
Grabación de Video: [ ]
Fotografías: [ ]
Notas Manuscritas: [ ]
REFLEXIONES Y ANÁLISIS PRELIMINAR
Responsable de la Bitácora:
Impresiones
y ajustes:
ANEXOS DE LA BITÁCORA (Marcar con X)
Copia del Consentimiento Informado firmado [ ]
Lista de asistencia (si aplica) [ ]
Otros documentos de respaldo (mapas, dibujos, etc.) [ ]
Cartago, Valle del Cauca
Consentimiento Informado y Cesión de
Derechos
Yo,_________________________________________
identificado(a) con cédula de ciudadanía N° ______________________, Declaro
que he
sido invitado(a) a participar en una entrevista
conversacional donde compartiré mis historias de vida, mis relatos
tradicionales y mi experiencia como narrador(a) oral, en el marco del proyecto “Salvaguardas de la oralidad –
Cartago entre palabras, investigación y memoria”. Por
medio de la presente autorizo
y cedo los derechos de uso para la grabación, y difusión cultural (sin fines de
lucro) de mi:
Imagen
[ ] Voz
[ ] Testimonios
personales [ ].
Declaro que he leído este
consentimiento informado (o me ha sido leído y explicado
completamente) y he comprendido su contenido plenamente; Entiendo que mi
participación. Es completamente voluntaria y contribuirá a la creación de
productos culturales, los cuales serán de acceso público y servirán como
patrimonio inmaterial para la comunidad cartagueña y que puedo negarme a
responder cualquier pregunta o retirarme de la entrevista en cualquier momento
sin ninguna consecuencia negativa.
![]()
_____________________________
Firma del entrevistado/a
Huella dactilar
En caso de no saber firmar
__________________________________________
Firma del
director del proyecto
Diseño del
Pendón para el proyecto
![]()
![]()
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![]()
Portadas
de los salvaguardas de la oralidad
Video recopilatorio del proceso
Créditos
Documento
elaborado por:
Daniel
Rosas Martínez
Alexander
Moriones Agudelo
Investigadores
Principales
Proyecto
financiado por:
Secretaría
de Cultura del Departamento del Valle del Cauca
Fondo
Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes
Cartago,
Valle del Cauca, Colombia
2025















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